Sabor de Vendimia, Gioconda Belli
Sabor de Vendimia
Gioconda Belli
Recuerdo el terror de las primeras arrugas.
Pensar: Ahora sí. Ya me llegó la hora.
Las líneas de la risa marcadas sobre mi cara
aun en medio de la más absoluta seriedad.
Yo, frente al espejo,
intentando disolverlas con mis manos,
alisándome las mejillas, una y otra vez,
sin resultado.
Luego fue la mirada furtiva de mi reflejo
en los escaparates
preguntarme si la luz del día las haría más evidentes,
si el que me observaba desde la otra acera
estaría censurando mi incapacidad de mantenerme joven,
incólume ante el paso del tiempo.
Viví esas primeras marcas de la edad
con la vergüenza de quien ha fallado.
Como una estudiante que reprueba el examen
y debe caminar por la calle
con las malas notas expuestas ante todos.
Las mujeres nos sentimos culpables
por envejecer,
como si pasada la juventud de la belleza,
apenas nos quedara que ofrecer,
y debiéramos hacer mutis;
salir y dejar espacio a las jóvenes,
a los rostros y cuerpos inocentes
que aún no han cometido el pecado
de vivir más allá de los treinta o los cuarenta–
No sé cuándo dispuse rebelarme.
No aceptar que sólo se me concedieran como válidos
los diez o veinte años con piel de manzana;
sentirme orgullosa de las señales
de mi madurez.
Ahora,
gracias a estos razonamientos
cada vez me detengo menos
frente al espejo.
Paso por alto
la aparición de
inevitables líneas
en el mapa de vida del rostro.
Después de todo,
el alma,
afortunadamente,
es como el vino.
Que me beba quien me ame,
que me saboree.
Gioconda Belli
Gioconda Belli, nacida en Managua (Nicaragua) en el año 1948, en su primer libro, “Sobre la grama” (1974), sorprendió con sus poemas eróticos, en los que el cuerpo y sus instintos se mueven con la misma libertad y leyes de la naturaleza. Esta línea poética no la abandonó, pero sus obras siguientes están teñidas por preocupaciones políticas y sociales, como “Línea de fuego”, Premio Casa de las Américas (1978), “Truenos y arco iris” y “De la costilla de Eva”, en la que muestra una clara conciencia de mujer y reflexión sobre la condición de las mujeres en la sociedad. Los mismos planteamientos se ven en sus novelas: “Amor insurrecto”, “La mujer habitada” y “Sofía de los presagios”. Coherencia y unidad caracterizan su expresión poética. Gioconda pertenece a la generación de poetas que crearon un nuevo estilo de expresión en Nicaragua, un estilo revolucionario de rompimiento con estructuras míticas y creación de otras, gestadas a través de su realidad social. Decidida a rescatar el lugar de la mujer, su obra plasma la incesante búsqueda de la identidad femenina y el encuentro con la conciencia social, a través de la actitud revolucionaria.