Glosario feminista

- Letra V -

Violencia de género o violencia contra las mujeres:

Las Naciones Unidas reconocen en 1980 cómo la violencia contra las mujeres es el crimen encubierto más frecuente del mundo. La Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres define esta violencia como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para las mujeres, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se produce en la vida pública o privada“.

Es por tanto, todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

Las agresiones de todo tipo que padecen las mujeres es una manifestación más de las relaciones de desigualdad que existen entre las mujeres y los hombres. La violencia que se fundamenta en la supuesta superioridad de un sexo sobre otro, que afecta a toda la organización social convirtiéndose en uno de los más graves problemas políticos y sociales de la actualidad en nuestro planeta, sigue formando parte de la realidad cotidiana.

Sus manifestaciones son muy variadas: desde las más evidentes, los malos tratos físicos y psíquicos, realizados en el ámbito doméstico, a las agresiones sexuales, acoso sexual, violación…. a las más sofisticadas como la publicidad que proyecta imágenes de las mujeres que no se corresponde con la realidad.

Se entenderá que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos, aunque sin limitarse a ellos:

a) La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación.

b) La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.

c) La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, donde quiera que ocurra (Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, ONU, 1993).

En la IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres celebrada en Beijing (Pekín) en 1995, se reconoció que la violencia ejercida contra las mujeres es un obstáculo para la igualdad, el desarrollo y la paz de los pueblos, impidiendo que las mujeres disfruten de sus derechos humanos y libertades fundamentales. El número de mujeres muertas o maltratadas en todo el Planeta a manos de sus maridos o compañeros es tan significativo y generalizado que es necesario un reconocimiento del mismo y ello nos lleva a hablar de violencia de género: violencia doméstica, agresiones sexuales, mutilaciones, entre otras barbaries.

 

Violencia doméstica o familiar:

Toda forma de violencia física, sexual o psicológica que pone en peligro la seguridad o el bienestar de un miembro de la familia; recurso a la fuerza física o al chantaje emocional; amenazas de recurso a la fuerza física, incluida la violencia sexual, en la familia o el hogar. En este concepto se incluye el maltrato infantil, el incesto, el maltrato de mujeres y los abusos sexuales o de otro tipo contra cualquier persona que conviva bajo el mismo techo o que tenga vínculos familiares.

 

Violencia económica:

La violencia económica es otra violencia de género o contra las mujeres. Es una forma de control y de manipulación que se produce en la relación de pareja y que se muestra a través de la falta de libertad que el agresor ofrece a la víctima en la realización de gastos necesarios para cubrir sus necesidades. La víctima debe dar justificación constante de aquello que ha hecho, de dónde ha gastado el dinero y también, no dispone del presupuesto con la libertad que merece. Puede suceder incluso el caso de mujeres que trabajan pero sufren violencia económica, y deben entregar su sueldo cada mes a su pareja siendo él quien gestiona el dinero. Desde este punto de vista, la economía se convierte en una forma de violencia por el sufrimiento que produce depender constantemente de alguien que convierte el dinero en una forma de limosna. El agresor entrega a la víctima una cantidad contada para hacer tareas cotidianas como la cesta de la compra.

La violencia económica es una forma de machismo que limita a la víctima al plano de la supervivencia (también emocional). Un modo de instrumentalizar el dinero en el que el agresor busca su propio beneficio a costa del propio bienestar de la víctima. También existen otros síntomas posibles de violencia económica, por ejemplo, el hombre que la ejerce no valora el trabajo que su pareja realiza como ama de casa en el caso de que sea ella quien asuma completamente estas responsabilidades, infravalora su papel y no le permite proyectarse a nivel profesional. Por otro lado, cuando ambos trabajan, también es posible que se produzca algún tipo de violencia económica si él gana un sueldo mayor y por ello, muestra algún tipo de superioridad hacia la víctima.

La violencia económica afecta a la autoestima de la víctima ya que, como consecuencia de esta falta de acceso a los recursos económicos, no dispone de libertad para llevar a cabo muchos de los planes que le gustaría realizar.

 

Violencia judicial:

Es la violencia que se ejerce contra las personas cuando no se garantiza su derecho de protección y de defensa, como puede ser el caso de las mujeres que han denunciado, por ejemplo una agresión sexual, y se le pregunta si ha cerrado las piernas para no ser violada. Supone un proceso de criminalización de la víctima.

 

Violencia psicológica o emocional:

La violencia psicológica o emocional es un concepto social que se utiliza para hacer referencia al hecho por el cual una o más personas agreden de manera verbal o gestual-corporal a otra u otras personas, estableciendo algún tipo de daño a nivel psicológico y emocional en las víctimas y sin que medie el contacto físico de ningún tipo. Es decir, la agresión es solamente por la vía verbal o corporal sin intervención de los golpes físicos. Normalmente consiste de expresiones descalificadoras que se proponen justamente desmerecer y menospreciar a quien van dirigidas o en gestos y miradas amenazantes. Esta característica básica de este tipo de violencia la hace imcomprobable, porque un golpe o una herida es fácil de demostrar pero, muchas veces, si no se tienen testigos o alguna grabación que lo pruebe, es difícil probar este tipo de violencia.

Las personas especialistas consideran que la violencia psicológica es una de las peores formas de violencia ya que implica una agresión a la mente y al estado anímico de la persona. En este sentido, si bien un golpe o una agresión física deja marcas visibles y un dolor importante, una agresión verbal o psicológica puede herir mucho más profundo en el entendimiento y en la autoestima de esa persona ya que se suele agredir pegando en aquellas partes sobre las que la persona se siente insegura y que la hacen sentirse mucho más débil y vulnerable frente al agresor. La violencia psicológica es además invisible y mucho más difícil de detectar en lo práctico ya que las heridas no son visibles, y lo habitual es que la persona la oculte, no la manifieste, es decir, se la guarde y toda esta situación termina por desequilibrarle interiormente.

 

Violencia sexista:

Todo tipo de violencia ejercida mediante el recurso o las amenazas de recurrir a la fuerza física o al chantaje emocional; se incluye la violación, el maltrato de mujeres, el acoso sexual, el incesto y la pederastia.

 

Violencia simbólica:

Es la expresión no física de la violencia, pero imprescindible para la organización mental y, por extensión, para la organización social, a través de la cual se “ordena” el imaginario colectivo para entender, justificar, legitimar y garantizar el orden social dominante. Utiliza, para ello, todos los medios, las producciones culturales y las instituciones de todo tipo, incluidas las religiosas, gracias a las cuales “naturaliza” la desigualdad.

Nuestro imaginario colectivo se configura con prácticas simbólicas que tienen representaciones (expresiones) prácticas reales que, a su vez, retroalimentan este imaginario, configurando un círculo vicioso difícil de romper. Genera hábitos, normas, códigos morales y representaciones dicotómicas y “únicas” de los comportamientos adecuados de género, donde lo masculino sigue siendo lo característico /valorable/dominador y lo femenino, lo específico/infravalorado/vulnerable, dotando a la discriminación sexista de un halo de naturalidad.

 

Violencia verbal:

Supone la utilización de las palabras, y especialmente, la forma en la que se comunican dichas palabras, transmitidas de forma agresiva. La violencia verbal se puede mostrar a través de los insultos, descalificativos personales, palabras hirientes… Desde este punto de vista, en relación con el tono de voz, también es posible transmitir agresividad verbal a través de los gritos que son una forma de humillación y de manipulación en la que una persona establece una relación de dominio frente a la víctima a quien trata como un objeto y no como una persona.

La violencia verbal supone una disminución de la autoestima de la víctima puesto que la imagen que tiene de sí misma se distorsiona a través del mensaje externo que recibe. Además, también aumenta la infelicidad personal en relación con ese vínculo afectivo. Las personas que son víctimas de violencia verbal pueden llegar a sentirse incluso culpables como consecuencia de la manipulación emocional y del chantaje que ejerce el agresor sobre la víctima. Además, tras la ira desmedida llega el capítulo del perdón y la reconciliación, por lo que se entra en una dinámica cíclica.

 

Voto femenino:

En 1847 se crea la primera Asociación Política Femenina para luchar por el voto de las mujeres en Sheffiel. En 1848, en el Estado de New York, se aprueba la Declaración de Séneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo. En 1897 se forma la Unión Nacional de Sociedades por el Voto de las Mujeres, surgida de la unificación del movimiento inglés por los derechos de las mujeres; en 1918 obtienen el derecho al voto las inglesas mayores de 30 años y finalmente en 1928 lo obtienen a los 21 años, igual que los varones. En España el movimiento a favor del voto femenino se inicia en Barcelona en 1882, pero no se consigue hasta 1931 con la instauración de la República; con la dictadura del 39 se suprime el sufragio universal para hombres y mujeres que no se vuelve a restaurar hasta 1977.

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