Glosario feminista

- Letra E -

Ecofeminismo:

El ecofeminismo es la teoría y la práctica que reúne conceptos y objetivos del feminismo y del ecologismo. Denuncia los problemas que la contaminación y el deterioro medioambiental causan en la salud y en la vida cotidiana de las mujeres y analiza los estereotipos de género perjudiciales para la naturaleza como, por ejemplo, el del guerrero y el del cazador. También afirma que las actitudes y las virtudes de la ética del cuidado que han sido características asignadas a las mujeres deben ser reconocidas y valoradas e incluso, según algunas corrientes del ecofeminismo, enseñadas a los varones. Sostiene, asimismo, que el modelo neoliberal tecnocapitalista depredador ha de ser reemplazado por una relación armónica con el medio que, en vez de buscar el beneficio mercantil a corto plazo, conserve los recursos naturales y atienda al bien común.

 

Educación afectivo-sexual:

En la adolescencia, y en pro de una educación integral, adquiere un papel fundamental la Educación Afectivo-sexual. Los aprendizajes adquiridos al respecto afectan seriamente a la salud física de las y los adolescentes, así como a su bienestar psíquico y social, y podrían modificar decisiones importantes sobre algunos aspectos de sus vidas. La Educación Afectivo-sexual y la salud reproductiva de las mujeres, entre otros objetivos, pretenden evitar embarazos no deseados, saber cómo mantener relaciones sexuales exentas de riesgo, entender que las relaciones afectivo-sexuales deben ser igualitarias, que la maternidad es un acto responsable y libre y, sobre todo, que el cuerpo es fuente de placer y de bienestar.

 

Educación inclusiva:

La inclusión es la acción de atender la diversidad de género educando en igualdad e interviniendo educativamente sobre la construcción de la feminidad y la de masculinidad, con el objeto de corregir desajustes en los papeles tradicionalmente asignados en la socialización de mujeres y hombres.

 

Educación para la salud:

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades“. Según esta organización, la promoción de la salud se ha convertido en elemento común para quienes admiten la necesidad de un cambio en su modo de vida y en sus hábitos con la finalidad de mejorar el estado de salud. La promoción de la salud aparece como una estrategia de mediación entre las personas y su entorno, de manera que representa la síntesis entre las elecciones individuales y la responsabilidad individual y social en el ámbito de la salud. Para ello, deben facilitarse los siguientes recursos y aprendizajes:

  • Conocer el funcionamiento del cuerpo propio
  • Identificar y adaptarse a las etapas de la vida y al entorno
  • Adquirir las habilidades de relación interpersonal
  • Escoger amistades
  • Vivir la sexualidad y elegir un método contraceptivo
  • Realizar actividades físicas
  • Alimentarse y consumir adecuadamente
  • Tener un nivel de estrés adecuado
  • Respetar las diferencias entre personas
  • Promover la igualdad entre los seres humanos

 

Empoderamiento:

El empoderamiento es un proceso, es decir, no es un estado al que se accede de una vez por todas y para siempre, sino más bien una serie de cambios en el tiempo que no tiene meta final, ya que ninguna mujer llega nunca a estar empoderada en un sentido absoluto.

Del inglés empowerment, es el proceso por el cual las mujeres ganan confianza, visión y protagonismo para impulsar cambios positivos en las situaciones de desigualdad en las que viven. Proceso por el que las mujeres, individual y colectivamente, desarrollan y refuerzan las capacidades personales y colectivas a fin de participar activamente en la toma de decisiones sobre la propia vida y la de la comunidad en términos económicos, políticos o sociales.

Se trata de un proceso de largo plazo que va de adentro hacia afuera y de abajo hacia arriba. Se inicia en el ámbito de lo personal mediante el desarrollo de una autoimagen positiva y de la generación de confianza en las propias capacidades, desmontando así los estereotipos de mujeres débiles, inseguras, incapaces de tomar decisiones, dependientes… Continúa en el ámbito de las relaciones cercanas a través de la habilidad para negociar e influenciar las relaciones familiares y se expande hacia una dimensión colectiva en la que las mujeres construyen estructuras organizativas capaces de influir en la toma de decisiones que les afectan como ciudadanas.

El empoderamiento es siempre relacional, es decir, se trata de que las mujeres que no han tenido poder (propio, colectivo, político en alguno o varios aspectos de su vida) logren acceder a él y tengan posibilidad de elegir en circunstancias donde antes no podían porque lo tenían prohibido (legal, social, cultural, ideológicamente).

No se trata de ganar poder para sentirse mejor o para dominar a otras personas. El empoderamiento no se puede entender sin un cuestionamiento de la desigualdad en las relaciones entre mujeres y hombres, ya que se trata de un proceso de ampliar las opciones que restringen las capacidades de las mujeres, de todas las mujeres.

 

Empoderamiento económico:

En comparación con los varones, las mujeres están muy rezagadas en el acceso a la tierra, el crédito y el empleo decente. Siguen sufriendo de manera desproporcionada la pobreza, la discriminación y la explotación. La discriminación de género implica que a menudo las mujeres acaban desempeñando trabajos no seguros y mal pagados, y siguen siendo una pequeña minoría en puestos directivos. Es necesario derribar las múltiples barreras que impiden a las mujeres aprovechar las oportunidades económicas. Fomentar el empoderamiento económico de las mujeres contribuye directamente a la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico inclusivo.

La importancia y la necesidad de trabajar por el empoderamiento económico y por los derechos económicos de las mujeres se basa, por un lado, en el fenómeno creciente de la feminización de la pobreza, en su relación con la mejora de la posición de las mujeres con respecto de los hombres, en el aumento de su capacidad de negociación para redistribuir el poder y para superar las relaciones desiguales entre mujeres y hombres, elementos fundamentales de los procesos de empoderamiento.

Se define el empoderamiento económico como el “hecho de tener acceso y control de los medios necesarios para poder vivir en condiciones sostenibles a largo plazo y de recibir los beneficios de dicho acceso y control”. Facilitar el acceso y el control en manos de las mujeres, tanto de los recursos como de los beneficios, es por lo tanto uno de los objetivos del empoderamiento económico. Para ello es clave que la propiedad de los mismos esté en manos de las mujeres, debido a que la propiedad está estrechamente ligada con la autonomía económica y con la capacidad de negociación, tanto en el hogar, como en la familia, la comunidad, el mercado y el Estado. El empoderamiento económico no es simplemente un aumento de la generación de ingresos por parte de las mujeres, sino un proceso mucho más complejo y con resultados que abarcan múltiples dimensiones de la vida de las mujeres: mayores oportunidades y opciones, desarrollo de capacidades, aumento de la participación y de la organización y aumento de la autoconfianza y de la autoestima.

 

Equidad entre hombres y mujeres:

Equidad significa “justicia”. Se refiere, por tanto, a una situación de desequilibrio en la cual las diferencias son compensadas. Es la cualidad de los fallos, juicios o repartos en que se da a cada persona según corresponda a sus méritos o deméritos. Ninguna de las partes es favorecida de manera injusta en perjuicio de la otra.

La equidad entre mujeres y hombres es la imparcialidad en el trato a hombres y mujeres. Puede tratarse de igualdad en el trato o de un trato diferente, pero que se considera equivalente en términos de derechos, beneficios, obligaciones y oportunidades.

 

Esencialismo:

Últimamente se utiliza el término esencialista para criticar aquellas corrientes del feminismo, como el ecofeminismo, que promueven la defensa de elementos, valores o características que se consideran “femeninas” dentro del Patriarcado sin entender que lo que estas corrientes defienden no es que esas cualidades sean “esencialmente” femeninas sino que son valores o características necesarias para la vida en este planeta pero que han sido desvaloradas precisamente por ser consideradas femeninas en oposición a las masculinas. El esencialismo es cualquier doctrina o ideología que pretende que la esencia precede la existencia, lo que según los existencialistas, tiene por resultado negar la libertad individual ya que si la esencia precede a la existencia, cada persona queda reducida al producto de determinismos que la definen y que no puede superar.

 

Esfera de poder:

Por lo general son los hombres, los que tienen capacidad de decisión, ejercen el poder y tienen posiciones de mayor reconocimiento en el ámbito público. Las mujeres desarrollan tareas consideradas de apoyo y operación menos valoradas. El acceso a los recursos y beneficios y el dominio sobre ellos se asigna de manera desigual entre los géneros. La desigualdad entre los géneros masculino y femenino se fomenta cuando se enseña a los hombres y a las mujeres a que ellas tomen el segundo lugar en cualquier acción.

 

Espacio doméstico:

Se identifica con el ámbito reproductivo, con el espacio de la “inactividad” donde tiene lugar la crianza, los afectos y el cuidado de las personas dependientes, es decir, donde se cubren las necesidades personales. En este espacio es donde se ha colocado tradicionalmente a las mujeres.

 

Espacio privado:

Es el espacio y el tiempo propio que no se dona a otras personas, que se procura para sí mismas, alejadas del espacio doméstico o del público; es ese espacio en el que las personas se cultivan para proyectarse luego en el ámbito público. Como señala Soledad Murillo: “Es el lugar del tiempo singular, de lo propio, la condición de estar consigo mismo de manera crítica y reflexiva, es el culto a la individualidad y responde a la cualidad de ocuparse de sí mismo“. Esta autora ha puesto de manifiesto cómo la privacidad es una parcela de la que disfrutan principalmente los hombres y que en el caso de las mujeres tiende a con-fundirse con lo doméstico, hurtándoles ese espacio para sí.

 

Espacio público:

Se identifica con el ámbito productivo, con el espacio de la actividad, donde tiene lugar la vida laboral, social, política, económica; es el lugar de participación en la sociedad y del reconocimiento. En este espacio es donde se han colocado los hombres tradicionalmente.

 

Estereotipos de género:

Conjunto de ideas simples, previas, irracionales (en cuanto no sometidas al proceso razonador) que se atribuyen a las personas en función de su adscripción sexual, prescribiendo características definitorias sobre su manera de ser (su identidad) y de comportarse (su papel social), de acuerdo a la prescripción del sistema de género. Pueden variar según las épocas y las culturas, pero subsiste la creencia de que los sexos son diferentes en cuanto a un conjunto de rasgos. Buscan predeterminar las ideas, los sentimientos y las conductas de mujeres y hombres para que se ajusten a las exigencias de los roles de género. Así, por ejemplo, determinan que los hombres son dinámicos, valientes, competentes, racionales, fuertes…, y las mujeres son pasivas, tiernas, emocionales, intuitivas, dependientes…

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