El trastorno alimenticio durante el embarazo se llama pregorexia

13 Sep, 2016 | Alimentación Consciente, Artículos, Educación Emocional, Empoderamiento, Violencia contra las mujeres

La cosificación de los cuerpos de las mujeres y la imposición de la estética patriarcal con su visión androcéntrica, sigue siendo el principal motivo para que mujeres y niñas en todo “el mundo desarrollado” padezcan de trastornos alimenticios, en muchos casos gravísimos y mortales, y no puedan llevar vidas equilibradas amándose a sí mismas y a sus propios cuerpos.

Y es que la cosa ya no puede ser más grave cuando ahora también las mujeres embarazadas se sienten sometidas a esa presión y sacrifican su salud y la de la vida que llevan dentro.

Se trata de otro efecto terrible más, consecuencia de la violencia simbólica que se ejerce sobre las mujeres.

 

¿Qué es la pregorexia?

La pregorexia es un trastorno alimenticio que afecta a las mujeres embarazadas, y es más habitual de lo que se pueda pensar. De hecho, es el trastorno alimenticio más habitual aunque menos conocido.

La pregorexia está directamente relacionada con la anorexia nerviosa y la bulimia, por lo que tiene en parte la misma sintomatología como controlar los alimentos y calorías que se ingieren, vomitar lo ingerido o realizar un excesivo ejercicio para quemar lo consumido.

Desde el ámbito médico, la pregorexia se define como un trastorno psiquiátrico en el cual la mujer embarazada no está comiendo lo suficiente o, en el caso extremo, llega a tener regímenes de dieta y ejercicio excesivo, severo y extenuante para su cuerpo con el fin de no aumentar de peso”.

Aunque en los casos de pregorexia las mujeres no suelen dejar de comer, ya que la responsabilidad que asumen por proteger la vida que llevan dentro no se lo permite, sí tienen un control obsesivo por las calorías y el tipo de alimentos que consumen con el objeto de no engordar sin tener en cuenta los parámetros saludables para el desarrollo de su bebé y para su propia salud.

Además, los vómitos típicos de la bulimia se pueden encubrir por los mareos y vómitos propios de los primeros meses de gestación. Así que, puede resultar difícil detectar que una mujer tiene un trastorno alimenticio que va a afectar la salud de ambas vidas, la de la madre y la del bebé.

 

Creciente realidad de la pregorexia

A pesar de ser cada vez más abundantes los casos, la pregorexia no está tipificada en el Manual de Trastornos Mentales. Ni siquiera existe un diagnóstico sanitario, ni manual de prevención y actuación común para que lo empleen las personas especialistas del ámbito médico.

Tampoco existen datos que cuantifiquen las mujeres afectadas por este desorden. Sin embargo, algunos datos aportados por profesionales de clínicas de embarazo apuntan a que el 30% de las gestantes no aumenta de peso de forma correcta o natural.

Esto no significa directamente que estas mujeres sufran pregorexia, aunque sí evidencia la obsesión aprendida por un sistema de dominación, que aprueba solo los cuerpos perfectos, y que las mujeres hemos asumido como mandato. Así, puede llegar a convertirse en una obsesión extrema por estar dentro de unos cánones de belleza impuestos de un cuerpo ideal y no real, que es el que cada una tiene como único y diferente a todos los demás cuerpos.

Otros estudios realizados en el Reino Unido, apuntan que un 7,6% de las mujeres embarazadas tenían síntomas compatibles con trastornos de la conducta alimentaria, y el 23,4% de las mujeres estaban muy preocupadas por su peso y su figura.

Y es que durante el embarazo los cuerpos de las mujeres sufren tantos cambios que algunas no son capaces de asumir dichas trasformaciones sin tratar de ejercer un control sobre ellas y sobre nuestros cuerpos.

Lo normal para una mujer embarazada es engordar de 10 a 20 kg, dependiendo de su constitución física. Y, aunque esos kilos que se ganan se suelen perder paulatinamente al parir y comenzar a dar el pecho, para las mujeres que sufren de pregorexia, las consideraciones que da el personal sanitario no tienen efecto pues su obsesión no les permite aceptar los nuevos cambios en el transcurso del embarazo.

Estas mujeres como muchas otras que no están embarazadas, por consecuencia de la construcción social de cuerpos delgados, se ven gordas aunque sea natural ganar peso porque se lleva dentro un ser en crecimiento.

 

La presión estética patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres

Esta obsesión por el control del cuerpo, incluso estando embarazada, nos lleva a pensar que las mujeres pregorexicas son víctimas, una vez más, de la presión que la estética patriarcal ejerce sobre todas las mujeres a través de la violencia simbólica.

Esta presión estética patriarcal que lleva diariamente a muchas niñas y mujeres en todo el mundo, curiosamente en la parte tecnológica y económicamente más desarrollada, a sucumbir al incesante bombardeo que recibimos desde todos los medios de comunicación y que la sociedad perpetúa con miradas, comentarios, exigencias… sobre el físico de las demás personas y sobremanera del físico de las mujeres.

Así, incluso estando gestando una vida, algunas mujeres no pueden desligarse de esa presión estética que la sociedad ejerce sobre ellas y, por tanto, ellas mismas sobre su propio cuerpo.

La visión dispar del yo real enfrentado al yo ideal no permite liberar la mente de las constricciones sociales que oprimen y limitan, y han hecho creer que las mujeres tienen que basar su valor en la belleza perfecta, constante, imperecedera…

La obsesión por la imagen propia se convierte en un estilo que vida sobre el que gira todo, relegando cuestiones muy importantes para nuestro crecimiento personal. Y es que, no es para menos, ya que desde que salimos a la calle, las mujeres nos vemos invadidas por los deseos de la sociedad proyectados sobre nuestros cuerpos, siempre desde su visión androcéntrica, la visión machista, claro está.

Según los estándares patriarcales occidentales, los cuerpos de las mujeres tienen que ser delgados, jóvenes, turgentes… y tienen que estar disponibles para ser cosificados, vendidos, opinados… y, además, estar en pleno funcionamiento y disposición para traer vida.

No es sorprendente por tanto, que tantas mujeres y niñas sufran de trastornos alimenticios o tengan una excesiva exigencia sobre ellas mismas y sus cuerpos. Al fin y al cabo, es uno de los estereotipos que se espera de nosotras. “Ser un cuerpo 10”.

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Consecuencias de la pregorexia

Las consecuencias de este desorden alimenticio son terribles y pueden llegar a ser muy graves, inclusive mortales tanto para la madre como para el bebé. (Fuente: Artículo Psicologíaymente.net)

La madre puede padecer de:

  • Desnutrición
  • Anemia
  • Falta de calcio en los huesos
  • Baja producción de leche materna
  • Alteraciones hormonales
  • Pérdida excesiva del cabello
  • Piel seca, agrietada y deshidratada
  • Rabia y frustración

Si la madre padece pregorexia durante el primer trimestre del embarazo, la o el bebé puede padecer de:

  • Defectos en la formación del sistema nervioso
  • Malformaciones

Si el desorden se presenta durante el segundo y tercer trimestre de gestación, las consecuencias pueden ser:

  • Disminución del líquido amniótico
  • Retraso del crecimiento intrauterino
  • Parálisis cerebral
  • Desnutrición
  • Problemas cardiovasculares y digestivos
  • Defectos del desarrollo de los huesos
  • Muerte fetal intrauterina

 

Algunos síntomas para detectar la pregorexia

  • Reducción del consumo de alimentos
  • Rechazo del propio cuerpo
  • Rechazo al embarazo
  • Ejercicio excesivo
  • Obsesión con el peso
  • Bajo peso durante el embarazo
  • Estado de enfado y rabia

 

Tratamiento de la pregorexia

Cuando hablamos del tratamiento de las mujeres que padecen pregorexia, lo hacemos desde la preocupación por el cuerpo y la salud emocional de la mujer, en primer lugar, y claro que también sobre la salud emocional y física del bebé.

Ya que se trata de un trastorno alimenticio que normalmente se da en los casos en que la mujer ya tiene otro trastorno tipo anorexia o bulimia, el tratamiento ha de ser de carácter psicológico complementado con una asesoramiento y supervisión nutricional.

Se debe comenzar a tratar antes de que se produzca el embarazo y, en caso de conocerse antecedentes de trastornos alimenticios en la mujer, es decir, si se detecta cualquier factor de riesgo en la futura madre, se debe llevar una vigilancia más exhaustiva de su alimentación y estilo de vida, tanto antes, como durante y después del parto.

 

Recomendaciones para romper con la exigencia de un cuerpo 10

Debemos ser conscientes de que somos personas sujetas activas de nuestras vidas, aunque sigamos siendo objeto de la presión social que utiliza incesantemente nuestros cuerpos para mercadear con una imagen ideal y alejada de la realidad plural de cada cuerpo.

Nuestro cuerpo es nuestro único e irrepetible, y es desde ese reconocimiento de autenticidad que podemos romper la idea hegemónica de que somos “la mujer”, “el cuerpo”, “la belleza perfecta”.

Debemos ser conscientes de que no somos lo que los demás quieren que seamos, sino que debemos ser lo que nosotras mismas queramos ser.

Debemos ser conscientes de que reconocer que una enfrenta un problema no es reconocer que una se ha equivocado sin solución, sino todo lo contrario. Se da ese primer paso tan importante para poder aceptar y/o cambiar aquello que no nos hace felices por lo que sí lo hace.

Queremos con este escrito reivindicar el derecho que tenemos las mujeres de vivir proyectos de vida sean los que sean, ser madres o no, desde una vivencia en paz, respeto y amor con el cuerpo que nos ha traído hasta el presente.

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