Por qué sentimos culpa las mujeres

14 Jun, 2019Artículos, Empoderamiento

La culpa y el remordimiento son parte de esa sumisión absurda a nuestras propias conciencias. Nos sentimos culpables incluso de nuestras elecciones, y a su vez, esa culpa nos impide crecer y asumir nuevas decisiones. Sin embargo, debemos tener claro que la culpa, también es una construcción social del patriarcado, y a menudo se recurre a ella para limitar y entorpecer nuestras acciones e infravalorar nuestras capacidades. Lo anterior nos invita a reflexionar por qué sentimos culpa las mujeres.

Sentir culpa tiene efectos a diferentes niveles y en ella influyen, tanto las particularidades psicológicas individuales, como la educación más temprana en la familia, y de manera muy profunda, los estereotipos sociales y los roles de género impuestos.

Precisamente, la culpa en nosotras las mujeres es parte de una herencia patriarcal que viene acentuada por la cultura judeo-cristiana que nos responsabiliza a las mujeres del famoso “pecado original”. Desafortunadamente, la culpa suele estar muy unida a nosotras las mujeres. Aunque la culpa, es un sentimiento humano, a la larga nos debilita, pues se vuelve una carga pesada, que nos impide avanzar.

La culpa también es manipulación, nos culpan por salirnos de las normas y costumbres impuestas, por incumplir los mandatos sociales que determinan nuestra forma de pensar, conforman nuestro sistema de valores, y guían nuestro comportamiento. La culpa es una responsabilidad mal entendida. Se instala en nuestro interior y después resulta muy difícil extirparla.

La mayoría de las veces intentamos convencernos de que las obligaciones autoimpuestas son siempre cosas que queremos hacer, pero no siempre es así. No hay ninguna obligación de ser la madre perfecta, la hija perfecta, la compañera perfecta. Sentimos un gran debo en nuestras espaldas, un debo que nos mueve a cuidar de las demás personas y procurar que todo esté bien para ellas o ellos, porque si no están bien, hay culpa de por medio.

Podríamos empezar por preguntarnos ¿de dónde viene la palabra culpa? ¿quién legitima el término? ¿en qué consiste este sentimiento?

La culpa también cumple una función emocional

La culpa está incorporada a muchas de nuestros malestares emocionales, y en ocasiones, no es fácil identificar si es el origen de esas dificultades, la consecuencia o ambas. Por ello, vamos a desentrañar qué es el sentimiento de culpa y ayudar a comprender qué podemos hacer para liberarnos de sus efectos más perjudiciales.

Como el resto de las emociones, la culpa nos permite adaptarnos a nuestro entorno, ya que nos alerta cuando podemos estar cometiendo errores cuyas consecuencias pueden dañarnos o dañar a otras personas. Hasta aquí resulta un sentimiento que cumple con su papel funcional para regular conductas sociales nocivas y promover el autocontrol.

El sentimiento de culpa suele venir acompañado de emociones negativas como tristeza, angustia, frustración, impotencia o remordimiento, entre otras, así como de pensamientos reiterativos e improductivos. Podemos sentir culpa por:

  • Algo que hicimos o dejamos de hacer (pasado).
  • Algo que estamos haciendo o algo que evitamos hacer (presente).
  • Algo que haremos o que hemos decidido no hacer (futuro).

Existe un complejo sistema de normas que establece modelos y roles y que nos afecta a las personas de un modo diferente, según los propios aspectos psicológicos, el contexto y la propia biografía.

Este conjunto de normas se denomina moral y nos permite diferenciar lo correcto y lo bueno, de lo incorrecto, malo o nocivo. La moral se transmite a través de la educación, desde la familia, la escuela, la religión, desde los mensajes que nos llegan a través de los medios de comunicación, de la televisión, el cine, etcétera.

La perspectiva de género es un factor fundamental en este aspecto, pues la tendencia de nosotras las mujeres a sentir culpa, está determinada por los mandatos de género, los modelos y roles de una moral patriarcal.

La culpa y la vergüenza son conceptos asociados aunque diferentes. La culpa se siente ante una conducta concreta, como hacer algo malo o cometer un error, mientras que la vergüenza implica una auto condena, inducida por la culpa: soy mala persona, mala pareja, mal trabajador o trabajadora, mal padre o mala madre.

Otra sensación cercana a la culpa, es la preocupación. Podríamos decir que la culpa es un mecanismo que suele situarse en el pasado y la preocupación se proyecta en el futuro. Nos sentimos culpables de algo que hicimos, y nos preocupa algo que vamos a hacer o podríamos hacer.

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La culpa nos impide creer en nosotras mismas

En su libro Las mujeres y la culpa, la psicoterapeuta Liliana Mizrahi afirma que inconscientemente, sostenemos la continuidad de los estereotipos de género, prejuicios, clichés y convenciones rígidas. Muchas veces se nos educa a las mujeres en medio de sentimientos de culpa y autocompasión. De ahí que en lugar de cultivar nuestro ser para nosotras, nos vamos convirtiendo en un ser contra nosotras o un ser para otras personas.

Hay una lógica del sacrificio y del deber, que nos induce a no escucharnos, no conocernos, ni re-conocernos, no legitimarnos, a dejarnos para después, y finalmente inmolarnos. Nos sentimos víctimas y nos volvemos cómplices de este sistema patriarcal que nos obliga a ser para otras personas, a aplazar nuestros verdaderos deseos para cuando los y las demás estén bien.

Aunque la culpa que experimentamos las mujeres, no es consciente, la somatizamos de distintas maneras, como irritabilidad, autolimitaciones intelectuales o creativas, privación de placeres, miedos, depresión, hostilidad, delitos, intentos de suicidio, aislamiento adicciones, riesgos de la propia vida.

La culpa incrementa el sufrimiento inútil, bloqueamos el placer, la alegría y la gratitud por todo lo que somos como mujeres, y lo que hemos podido conseguir, nos impide comprometernos con nuestros deseos profundos, atacar lo sano, la riqueza y el talento que hay en nosotras: nuestra GRANDEZA.

Al no atacar la culpa, nuestra autoestima es baja y nuestra vulnerabilidad se incrementa, por tanto, nos induce a dejar de creer en nosotras mismas.

La culpa nos confunde y paraliza, nos adecuamos a lo inadecuado, pero sin saber exactamente por qué, y renunciamos a luchar por nosotras para diluirnos de nuevo en nuestras existencias controladas.

¿Cómo podemos gestionar el sentimiento de culpa?

Desmontar la moral que nos induce a sentirnos culpables por no cumplir con los cánones sociales, seguramente nos devolverá a nuestro ser más profundo. Para ello es importante:

  • Identificar la conducta que nos genera culpa.
  • Aceptar que somos personas humanas y tenemos derecho a equivocarnos. Los errores son la clave del aprendizaje y del cambio, y no un signo de torpeza o fracaso.
  • Pensar que no podemos exigirnos más de lo que podemos dar.
  • Expresar verbalmente nuestro sentir ante nuestra acción.
  • Reflexionar acerca de posibles soluciones al conflicto o problema, y disculparnos si hemos causado un daño real a alguien.
  • Sustituir la culpa por una conducta responsable, que facilite la acción, genere aprendizaje y que esté enfocada a la resolución del conflicto.

Las mujeres tenemos el poder de nuestras decisiones. Esta fuerza nos abre un amplio horizonte para asumir el riesgo de elegir sin miedo a equivocarnos, pues somos capaces de tomar decisiones valientes. Como hemos dicho, los errores son una fuente de aprendizaje.

La grandeza y la riqueza que poseemos, nos permitirá aligerar nuestra mochila de cargas y avanzar sin remordimientos, sin vergüenza, sin preocupaciones, sin culpas, en otras palabras: vivir y sentirnos libres.

“Reconciliémonos con nuestro ser más auténtico. Reconozcamos la belleza de nuestra imperfección y vivamos en armonía con nosotras”

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