Ni contigo ni sin ti y el peso del Amor Romántico

21 Abr, 2017 | Artículos, Buen Amor, Educación Emocional, Empoderamiento

La indecisión crónica en el amor, como en cualquier otra cuestión, genera malestar, estrés, frustración en la persona que duda y en la pareja. Vivir la indecisión de la persona a la que amamos nos mantiene en un estado de desazón e inquietud, de alerta, que nos impide disfrutar de la relación, del amor, nos resta energía y motivación en todas las áreas de nuestra vida ya que significa estar sosteniendo una realidad que no deseamos y obstaculiza nuestro crecimiento en el resto de ámbitos de la vida.

“Un amor que se duda, que fluctúa día a día, no es buen amor”

El riesgo de no decidir

Es importante reflexionar y descubrir la razón por la cual se duda: ¿Tememos perder algo o a alguien?, ¿Es el miedo a no ganarlo todo?, ¿Temor al compromiso, a equivocarnos, a que haya alguien mejor, a no ser merecedores de un buen amor?

En general, cuando una duda persiste y no se toma una decisión, el problema se agranda y puede volverse cíclico y crónico. La persona que duda se ve inmersa en una contradicción, intenta aclararse, intenta salir y al mismo tiempo más atrapada en la situación se queda. Por su parte, la persona que intenta sobrellevar la incertidumbre tiende a indagar las causas, a razonar, incluso puede llegar a modificar sus comportamientos, su forma de ser, en su afán por ayudar a su pareja, por resolver la problemática, por su dificultad para ver la realidad que le acontece.

“La razón del fracaso es que las personas que sufren del “ni contigo, ni sin ti” se inmovilizan y quedan dando vueltas en el mismo círculo, a veces por años. En la cercanía, la baja tolerancia a la frustración o la exigencia irracional, les impiden estar bien con la persona que supuestamente aman, y en la lejanía, los ataques de nostalgia minimizan lo que antes les parecía insoportable y espantoso.”

Walter Riso, Doctor en psicología y especialista en Terapia Cognitiva

Basándonos en la obra de Walter Riso hemos extraído las cuatro causas más comunes, por las que según él podemos terminar en un amor ambiguo y contradictorio.

Apego Sexual

Si solo existe el apego sexual, si se confunde amor y sexo en la pareja, surge una dinámica de atracción-rechazo: “Cuando no estás conmigo, el deseo me impulsa a buscarte a cualquier costo, pero luego, una vez me sacio, quiero escapar de tu lado porque tu sola presencia me genera fastidio”.

El deseo sexual une fuertemente a las personas. Sin embargo, una vez satisfecho ese deseo, la persona que duda huye de todo aquello que implique compromiso, intimidad, pasión, comunicación  y un largo etc. en la relación.

La Intolerancia a la Soledad

Estar con alguien por no saber encontrarse con la soledad nada tiene que ver con el Buen Amor. Se crea la necesidad de estar con la otra persona, porque no se es capaz de estar con una/o misma/o, en contacto íntimo con nuestro propio ser. 

Si no aprendemos a gestionar la soledad y ver en ella una oportunidad de crecimiento y autoconocimiento, lo más probable es que entremos en un círculo perjudicial para nuestro funcionamiento emocional y relacional: cuando estemos en pareja, en un momento dado añoraremos nuestra independencia y nos distanciaremos, y después cuando retorne la losa que nos supone sentirnos solas/os, buscaremos de nuevo a nuestra pareja para rellenar ese vacío que no puede ser llenado con nada ajeno a nuestro yo.

“Cuando estoy sin ti, la desolación me agobia y te necesito, pero cuando ya estás en mi hábitat, comienzo a extrañar mi soledad”.

Miedo al Compromiso Afectivo

Las personas con miedo al compromiso no suelen expresarlo claramente a su pareja, mantienen una distancia emocional, ni se acercan ni se alejan del todo.

La relación parece ir bien hasta el momento en el que sienten más cercana a la otra persona o la otra persona demanda desarrollar el espacio al concepto Nosotros dentro de la relación, el momento en que la intimidad comienza a asomar y piensan que pueden llegar a enamorarse y perder su libertad se apartan y desaparecen.

El Sentimiento de Culpa

Hay personas que ya no quieren a su pareja pero la culpa les impide separarse, cuando se alejan sienten lástima, se compadecen ante las peticiones de otra oportunidad y vuelven a acercarse. Suelen enfadarse con la otra persona por no dejarles ir y también por estar donde no en el fondo no quieren estar.

“Es un error culpar a la otra persona por no dejarnos ir, cuando en realidad lo que nos hace permanecer es el propio “dolor de ver sufrir a la otra persona”. Estar con alguien para aminorar la culpa es un contrasentido que termina agudizando el sufrimiento de ambas personas. Es preferible que nos dejen honestamente a que estén por caridad y compasión.”

¿Debemos aceptar la duda de nuestra pareja, el rechazo?

No es sano dejar pasar los momentos en lo que nuestra pareja nos muestra rechazo a causa de su duda respecto a si nos ama o no, puesto que supone un daño y un desgaste emocional.

Es fundamental aprender a apartarse cuando esto ocurre, hacerle ver a la otra persona que no estamos dispuestas/os a continuar así, en un “amor vacío”. Al distanciarnos nos damos un espacio y un tiempo para analizar, pensar, sentir y a su vez enviamos el mensaje de que no admitimos esa vacilación permanente.

No es sencillo romper este tipo de relaciones porque al mismo tiempo que desgastan, también crean un enganche emocional, un apego del que cuesta desvincularse. Si somos capaces de apartarnos, iremos recuperando paulatinamente el control de nuestras emociones, asumiremos mayor responsabilidad propia, de modo que la duda de nuestra pareja nos afectará cada vez menos. Una vez que nos adueñemos de nuestras emociones, sentimientos, pensamientos… y recordemos que nos merecemos un buen amor y que si no se da no hay razón alguna para mantenernos inmóviles en relaciones estériles, las fluctuaciones de nuestra pareja dejarán de influirnos y podremos  tomar la decisión de finalizar el vínculo y liberarnos.

“La premisa que debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad, es la siguiente: te mereces un buen amor y es tu responsabilidad saber si estás o no en él”

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Fuente: ¡Cuánto te quiero! Xavier Guix

El peso del amor romántico

Este tipo de relaciones y su mantenimiento son consecuencia en gran medida del modelo de amor romántico en que hemos sido socializadas mujeres y hombres en base a roles y estereotipos de género.

Este modelo define cómo es el “amor ideal” y lo hace de modo diferente para mujeres y hombres, generando creencias, expectativas y normas de conducta irreales que se convierten en una condena para muchas personas.

Entre otras creencias, nos lleva a pensar que existe una persona única predestinada para cada persona, lo que supone que colocamos una exigencia exagerada y fantasiosa en la relación que lo más probable es que derive en frustración o exceso de tolerancia, creyendo que para que la relación funcione y podamos mantener a nuestra pareja ideal hemos de soportar y transigir.

Otra creencia es la de que el amor está por encima de todo, considerar que no existen circunstancias ni problemas tanto externos como internos que no pueda combatir y derrotar el amor. Asumir esto puede dificultar el cambio, la evolución, haciendo perdurar dinámicas negativas en la pareja, como por ejemplo aceptar que una persona es de un modo por dañino que sea para sí misma y su pareja, y que con amor “cambiará” o en caso de no hacerlo, será el amor quien sostenga la relación. Es cierto que el buen amor no está ausente de conflictos y dificultades, pero serán resueltos o no lo serán siempre respetando nuestra idea de buen trato hacia una o uno mismo y hacia el Nosotros que se construye en el vínculo amoroso.

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A las mujeres nos han educado en base a esas enseñanzas, para sacrificarnos por las demás personas, por la pareja, la familia, el mandato de que debemos ser “buenas” por encima de todo y en todos los vínculos: parejas, madres, hijas, amigas, compañeras de trabajo…. Como consecuencia de esto hemos estado principalmente recluidas en el ámbito doméstico y de los cuidados no de una manera siempre elegida sino destinada, y además hemos aprendido a justificar, excusar y satisfacer a nuestra pareja, colocándonos casi siempre en segundo o tercer plano, minimizándonos, incluso intentado ser invisibles y no respetando lo que somos y queremos ser, acallando bajo la voz del otro nuestros deseos, ideas y creencias.

Nos sobrevuela y nos invade el temor al abandono, al fracaso en ese amor idealizado, la renuncia a la “idea de cuento” de que el amor es para siempre y salvador de toda circunstancia, este temor nos suele convertir en mujeres dependientes y sufrientes emocionalmente. En este punto es importante resaltar que el anclarse en este modelo de amor romántico conduce en numerosas ocasiones a ejercer violencia contra las mujeres, dificultando que podamos afrontar esas situaciones, conduciéndonos tantas veces a justificarlas y perdonarlas.

Amor Romántico: Experiencia de vínculo aprendida falsamente llamada amor – de mayor o menor intensidad de sufrimiento – basada principalmente en la creencia irreal, frustrante e idealizada para las mujeres de que existe una persona, que no eres tú, responsable de hacerte feliz. Este tipo de experiencia requiere de vivirse desde un rol de género desigual y subordinado a los hombres. Esta experiencia coloca a las mujeres en situaciones de riesgo de relaciones insanas o de maltrato.

Fuente: Miriam Herbón – Juntas y diversas: Compartiendo propuestas. Brujas y Diversas.

Es preciso un cambio en la socialización del amor, en la manera de entender el amor, ya que no solo ha de sentirse sino que hay que pensarlo en base a lo que creemos que es un “Buen amor”. Como dice Sergio Sinay: “Yo no quiero un gran amor, yo solo quiero un buen amor”.

El amor requiere un cambio que nos permita ser las mujeres y los hombres que queremos ser, amar sin condicionantes ni losas, sin mandatos y prohibiciones, amar a quién queramos y de la manera que decidamos, desde el respeto a nosotras/os mismas/os y a las demás personas, desde la confianza, el compromiso, la intimidad y la comunicación.

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Si no estás viviendo un buen amor, si tu sentimiento no es correspondido, empieza de nuevo amándote, porque seguramente llevas tiempo sin acordarte de que estás privando de afecto a la persona de quien más responsable eres, que eres tú misma/o.

Referencias:

  • Riso, Walter. Guía práctica para no sufrir de amor. Editorial Phronesis, 2013.
  • Guix, Xavier. ¡Cuánto te quiero! Santillana Ediciones Generales, S.L., 2011.
  • Brujas y Diversas. Juntas y diversas: Compartiendo propuestas. Producido por Mujeres del Mundo Babel, 2015.

La importancia de Decir No

Saber Decir No, aprender a hacerlo, resulta básico para todas las personas, para nuestro desarrollo personal sano y positivo. Pero cobra especial importancia para nosotras las mujeres, puesto que nuestros deseos, necesidades, sueños, motivaciones, expectativas vitales, etc., se han visto sometidos y silenciados a lo largo de la historia, debido al sistema sociocultural dominante.

En esta publicación os hablamos sobre la importancia de decir no y cómo podemos ponerla en práctica de forma asertiva.

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Diferencia entre enamoramiento y amar

El Arte de Amar“, por Erich Fromm, es un poema que nos relata la diferencia entre enamoramiento y amar.

“Nos enamoramos cuando conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídas y dejamos caer frente a él o ella las barreras que nos separan de los demás […]”

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El hombre que me ame

Las reglas del juego de los hombres que quieren amar a las mujeres”, por Gioconda Belli, es un poema que nos relata el deseo de mantener unas relaciones sanas entre las personas, en este caso, entre hombres y mujeres.

“El hombre que me ame deberá saber descorrer las cortinas de la piel, encontrar la profundidad de mis ojos y conocer la que anida en mi, la golondrina transparente de la ternura […]”

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Defensa de la alegría

Defensa de la alegría”, por Mario Benedetti, es un poema que defiende nuestro derecho a sentir alegría y ser felices por encima de todas las cosas, pero siempre desde el respeto.

“Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas defender la alegría como un principio […]”

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