Sería maravilloso poder decir que las mujeres ya no tenemos miedo, que todas nosotras, las mujeres del mundo, ya no tenemos miedo. Pero esto es hoy utópico todavía.

Las mujeres hemos sido enseñadas a vivir con miedo, y con miedo vivimos. La pregunta sobre a qué tenemos miedo tiene una clara respuesta que sale de cada una de nosotras:

Tenemos miedo a que nos asesinen, a que nos torturen, a que nos lapiden, a que nos quemen, a que nos mutilen, a que nos aborten, a que nos violen o nos agredan sexualmente, a que nos maltraten, a que nos vendan, a que nos prostituyan, a que nos casen por conveniencia, a que nos sexualicen y cosifiquen desde niñas, a que nos ninguneen e invisibilicen, a que nos infantilicen y silencien, a que nos insulten y humillen, a que no nos dejen decidir sobre nuestras vidas y sobre nuestros cuerpos, a que nos utilicen como máquinas procreadoras, a que nos esclavicen en el cuidado de otras personas, a que nos pongan límites y barreras…

Sólo por el hecho de ser mujeres.

Y es que, todas estas violencias y más, son las que se practican sobre todas nosotras, las niñas y las mujeres, en todo el mundo. Todo ello amparado por sociedades que lo naturalizan y legitiman, y por sistemas políticos que lo financian y reafirman.

Es hora de que nos unamos, apoyemos y defendamos activamente entre nosotras. Porque muchas mujeres ya no tenemos miedo. Tenemos de nuestro lado a otras mujeres, al feminismo y a la autodefensa feminista. Las mujeres hemos decidido sobrevivir al patriarcado y vamos a cambiar el orden establecido. 

Nos enseñan a tener miedo de los hombres

Los diversos mecanismos del patriarcado y de su primo el capitalismo son los que día a día nos ponen a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad y predisposición a sufrir todas las violencias posibles, psicológicas, físicas y sexuales, ya que nos han enseñado desde niñas que tenemos que ser sumisas y consentir. Se nos enseña a tener miedo de algo o alguien que siempre está ahí acechando para hacernos daño.

Aun así, esas cosas que nos pasan, hasta el hecho de ser violadas o asesinadas, son percibidas como consecuencia de nuestros “irresponsables” actos de provocación. La sociedad sigue juzgando y responsabilizando a las mujeres como causantes de las violencias que sufren. Y cuando no se les culpa, tampoco se respetan sus derechos ni se les tiene la consideración y respeto que merecen como víctimas.

Además, hordas de hombres sin el más mínimo sentido de la empatía hacia las víctimas mujeres, salen en defensa del colectivo masculino afirmando que no todos los hombres son asesinos, violadores, maltratadores… #notallmen. Y que tampoco son responsables de lo que “otros locos” hagan por ahí. Y otras tantas ocasiones hablan sobre los hombres que son asesinados, o los que mueren en las guerras, o los que son agredidos sexualmente, como queriendo demostrar que son ellos las verdaderas víctimas.

Pero, lo curioso y sorprendente es que, hablan de las víctimas hombres pero olvidan mencionar que el agresor, en la gran mayoría de los casos, es un hombre.

En el 95% de los casos, la persona agresora de cualquier tipo de agresión, a otra persona ya sea hombre o mujer, es un hombre. Los hombres son víctimas en un 79% de los casos, pero son el 95% de hombres los que agreden. Las mujeres poca responsabilidad podemos tener sobre esas muertes.

Cómo no vamos a sentir las mujeres miedo de los agresores reales y de los potenciales, además de sentir miedo también de estos hombres defensores de los demás hombres, que se erigen por encima de todo hecho y/o argumento de sentido común, si cuando una persona es agredida lo es, en un 95% de los casos, por un hombre.

Irantzu Varela lo explica perfectamente en su vídeo: “Autodefensa feminista

Y es que los datos hablan por sí mismos

No negamos que haya mujeres maltratadoras o asesinas, incluso violadoras, pero esa no es la realidad pandémica reconocida que es la violencia contra las mujeres, en la que hasta un 70% de las mujeres en el planeta sufren violencia a manos de hombres durante su vida. 

De hecho, si una mujer muere asesinada, en un 38% de las ocasiones como media mundial, el responsable de su muerte ha sido su pareja (esposo, pareja de hecho, novio o amante, o exmarido, expareja, exnovio o examante). No se trata de una cifra media elevada por culpa de países poco desarrollados; más bien al contrario, ya que el porcentaje de asesinadas a manos de sus parejas alcanza el 45% en EEUU y el 54% en Reino Unido. 

En España, en el mes de octubre, 8 mujeres han sido asesinadas por hombres. En septiembre, 5 mujeres. En agosto, 5 mujeres. En julio, 12 mujeres… 87 mujeres en 2016, hasta hoy… 112 feminicidios en 2015…

Sin embargo, las estadísticas oficiales de violencia de género no tienen en cuenta a las mujeres que son asesinadas a manos de otros hombres que no entran dentro de esta categoría de (ex)pareja. Es decir, no se reflejan todos los feminicidios, asesinatos de mujeres a manos de hombres.

También es terrible si hablamos de las agresiones sexuales que sufren las niñas y mujeres en el mundo, de las cuales ningún país tiene datos realistas ya que no se recogen en estadísticas, y en la mayoría de los casos, no se llegan ni a denunciar. Aun así, sabemos que la mayoría de los agresores suelen estar dentro de la propia familia o entorno.

Como dato de ejemplo, en la Unión Europea, hasta un 55% de las mujeres afirmamos haber sufrido violencia sexual en nuestras vidas.

Y, ¿sabes qué? El 82% de las personas que son secuestradas y esclavizadas para la trata de seres humanos, muchas veces con fines sexuales, son niños, niñas y mujeres. Por no entrar en profundidad en cada violencia contra las mujeres.

Lamentablemente, podemos seguir con los datos que demuestran que nuestro miedo está fundamentado en hechos.

Autodefensa feminista para ser una mujer sin miedo

La violencia contra nosotras nos la enseñan desde pequeñas como algo natural y nosotras lo aprendemos y asimilamos como parte de nuestra vida. Los hombres asimilan su papel de dominador y las mujeres de dominadas, y la sociedad patriarcal nos pone los “deberes y actividades” que van a reforzar estos roles.

Vemos que las mujeres viven y sufren éstas violencias a diario, lo vemos en las noticias, en nuestro entorno, en nosotras mismas, y así se va normalizando todo. Además, se nos presentan los hechos como casos aislados, inconexos, para que no veamos el trasfondo común de todas las violencias: la dominación androcéntrica.

Aprendemos que debemos tener miedo a los hombres porque nos pueden hacer daño de muchas maneras y nos hacen creer que no podemos hacer nada para remediarlo. Nos han enseñado a sufrir daños y a no defendernos. Y la realidad de la violencia que sufrimos demuestra día a día que así es.

Por eso, cuando nos agreden, con cualquiera de las múltiples expresiones de un golpe machista, no sabemos responder. Nos quedamos bloqueadas, o sencillamente dejamos pasar lo que ha sucedido, porque al fin y al cabo, esto siempre a sido así.

Gulabi Gang (la banda de rosa), lucha feminista en India

Pero esto está cambiando a marchas forzadas porque las mujeres hemos decidido sobrevivir al patriarcado y vamos a cambiar el orden establecido, para lo cual debemos tomar nuestras propias medidas, nuestras propias decisiones y determinaciones como colectivo de pleno derecho.

Las mujeres debemos ganar en autoestima y reafirmarnos en nuestro poder para que nunca más nos veamos sometidas como personas objeto.

Debemos hacer uso de nuestra sororidad y unir las fuerzas para luchar en todos los ámbitos de la vida, desde lo personal a lo político.

Si nos agreden verbalmente, psicológicamente, sexualmente, físicamente… nosotras vamos a responder a la agresión tanto individualmente como colectivamente.

Los siguientes enlaces te van ayudar a poner en marcha tu capacidad de autodefensa feminista para ser una mujer sin miedo, ganar en autoestima, empoderarte y vivir un poco más tranquila y segura. 

Infórmate para vivir sin miedo:

 

La mujer sin miedo

Eduardo Galeano

 

Hay criminales que proclaman tan campantes

‘la maté porque era mía’,

así no más,

como si fuera cosa de sentido común

y justo de toda justicia

y derecho de propiedad privada,

que hace al hombre dueño de la mujer.

Pero ninguno,

ninguno,

ni el más macho de los supermachos

tiene la valentía de confesar

‘la maté por miedo’,

porque al fin y al cabo

el miedo de la mujer a la violencia del hombre

es el espejo

del miedo del hombre

a la mujer sin miedo.

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