Los celos, ese sentimiento difícil de explicar pero fácil de identificar. Son respuestas emocionales resultado de nuestras propias inseguridades. Pero, existen diferentes tipos de celos, según el grado en que lleguemos a sentirlos y sobre todo, hacia quién van dirigidas esas emociones. 

La radiografía de las personas jóvenes españolas entre 15 y 29 años según el barómetro sobre juventud y género lo deja claro: aumentan la opinión que ve los celos como una prueba de amor, hasta un 25% de las personas jóvenes cree eso, y que es normal mirar el móvil de su pareja. Estas pautas de control pueden derivar en algo peor. Si no se identifican a tiempo y se tolera, se permitirán cada vez más dosis de control y de distintas formas de violencia explica Diana Díaz, directora del teléfono Fundación ANAR.

¿Qué son los celos?

Dice Coral Herrera que los celos son un claro síntoma del egoísmo del amor romántico. Nos ponemos celosos y celosas cuando nuestro objeto de amor desvía su foco de atención de nosotros a otra persona o actividad. Lo grave del asunto es que los celos han sido mitificados en el imaginario colectivo, de modo que para mucha gente son una prueba irrefutable de que hay amor.

Según la psicóloga Silvia Álava, hay que diferenciar el celo, el apego y la dependencia emocional. Las relaciones de dependencia son peligrosas y pueden activar relaciones tóxicas que, a su vez, pueden acabar en celos.

Los celos son un medio inútil para preservar el amor, pero es un medio bastante útil para destruir el respeto hacia nosotras. – Emma Goldman

¿Por qué surgen los celos?

Los celos según la psicología pueden surgir en distintas etapas de nuestra vida, en la infancia, en la adolescencia y en la adultez. Pueden estar derivados de distintos motivos como por ejemplo: ser la hermana mayor, haber tenido malas experiencias con relaciones de amistad o de pareja, tener baja autoestima, ser dependientes emocionales, pero sobre todo, miedo a perder aquello que queremos tanto. 

Uno de los primeros sentimientos de celos surgen durante la infancia, cuando llega un hermano o hermana a nuestra vida. Creemos que esa persona viene a quitarnos el lugar que ocupamos en  nuestra familia. Ya no somos el centro de atención de las personas que visitan nuestra casa y nos sentimos desplazadas, nos cuesta mucho asimilar que debemos compartir el cariño entre nuestros seres. Al igual que los celos de pareja, en la niñez hay distintas causa que pueden desencadenarse, como por ejemplo, la actitud de los progenitores hacia sus familiares, percibir tratos distintos, o del poco afecto que puedan demostrarles. 

En la definición de los celos según la psicología queda claro que podemos sentir celos de nuestra propia familia, amistades, pareja, colegas de trabajo…principalmente cuando creemos que podemos perder algo que nos parece importante, como el amor, la imagen, el poder, el reconocimiento entre otras. Pero los celos no son para nada sentimientos bonitos, al contrario, según la densidad en que podamos sentirlos nos terminan haciendo mucho daño e incluso alejando de aquello que tanto queremos proteger. Es una emoción profundamente destructiva, que nos deja grandes heridas, e incluso puede disminuir nuestra autoestima

Desde el feminismo  sabemos que es parte de nuestra construcción personal trabajar para vivir libre de celos. Nuestras vivencias en la infancia y nuestras experiencias como mujeres,  la desvalorización a la que hemos sido sometidas desde pequeñas, o a la competitividad con la que nos han educado para ver a la otra como rival y no como aliada, o porque hemos atravesado una mala experiencia en nuestra infancia o en nuestra adolescencia, también por el amor romántico con el que hemos sido educadas. El problema es, que somos conscientes de las consecuencias de los celos y como feministas sensibilizadas en este tema, nos sentimos avergonzadas de reproducir esas actitudes contra la libertad que tanto peleamos. Por eso, es importante recordar que las mujeres hemos sido educadas para ser agradadas, sumisas y obedientes, y por supuesto, dependientes y los hombres para tener el control de todo, incluidas el control de todas. 

Sin embargo, ¿nos afecta de distinta manera? ¿son distintas las reacciones ante los celos, entre hombres y mujeres?. Ciertos indicadores sobre el perfil psicológico de los hombres maltratadores determina la manifestación frecuente de celos y de un inmenso temor a ser abandonado, una de las mayores características es la inseguridad propia. Estas actitudes son una de las causas de la violencia contra las mujeres, del control, del hostigamiento e incluso de nuestros asesinatos, sí, de los feminicidios. La violencia de género aparece disfrazada del mito del amor romántico y de los celos, que justifican el control ejercido hacia nosotras, con ideas como: “Si me cela es porque me quiere” “ el amor todo lo aguanta”

Celos racionales e irracionales

¿Alguna vez hemos sentido celos? seguramente sí, por muy pequeños que hayan sido. El problema se agudiza cuando ese sentimiento se vuelve absurdo, y nos introducimos en un bucle sin salida.  Existen dos tipos de celos, los racionales e irracionales. El tipo de celo racional es cuando nos sentimos amenazadas por algo o por alguien que verdaderamente existe y que tenemos las pruebas suficientes para pensarlo. En el caso de la pareja, cuando esta tiene alguna conducta que pueda desencadenar una cierta desconfianza, pero se logra hablar de manera pasiva sin que esto pueda dañarnos.  Al contrario, los celos irracionales tienen comportamientos inaceptables que exigen ayuda por parte de profesionales, están cargados de controles excesivos hacia la pareja, posesividad, incluso violencia física y psicológica. 

Hay otro tipo de celos que son patriarcales. Los aprendemos e interiorizamos desde nuestra más tierna infancia, en nuestro proceso de socialización y educación y a través de los cuentos que nos cuentan.

Celotipia, cuando el amor es una obsesión

La celotipia son aquellos celos obsesivos, una enfermedad progresiva que con el paso del tiempo se vuelve más fuerte. Los celos compulsivos mantienen a la persona en un estado delirante, por ejemplo, sentirnos convencidas que nuestra pareja nos engaña todo el tiempo sin que hayan motivos que lo justifiquen. La persona excesivamente celosa o celotípica patológica, se ve todo el tiempo envuelta en la necesidad de controlar cada uno de los movimientos de su pareja, controla el teléfono, sus redes sociales, quienes son sus amistades, a donde sale y con quién, y la mínima sospecha puede desencadenar en actitudes paranoicas, extremistas y violentas contra la persona a quien van dirigidos sus celos. Para controlar este tipo de enfermedad, lo mejor es buscar ayuda profesional de un psiquiatra, siempre y cuando sea por voluntad propia. 

Parte de nuestro desequilibrio emocional son los comportamientos propios que nos hacen daño, los celos los sentimos nosotras mismas y es nuestra responsabilidad buscar ayuda, independientemente de que los haya causado ¿por qué? porque queremos ser felices, es lo que buscamos todos los días, y este mal no nos acarrea más que tristeza, envidia, ira y falta de amor propio. 

Cuando sentimos celos estamos en una constante desvalorización personal, y cuando los celos son de nuestra pareja nos sentimos sumamente violentadas. Los celos son destructivos para las personas, tanto para quien lo siente como para quien los recibe y nos obstaculiza el poder vivir en armonía. En el caso de los hombres, dado al sistema patriarcal en el que vivimos, es el factor principal que intervienen en la violencia de género y por lo tanto debemos aprender a poner un hasta aquí. 

Cómo detectar a una persona celosa y controladora a tiempo

  1. Sí controla nuestras amistades
  2. Se enfada si salimos a divertirnos
  3. Trata de cambiar la forma de vestirnos
  4. Impone lo que se debe hacer en pareja
  5. Revisa nuestras llamadas, redes sociales, whatsapp, etc
  6. Organiza nuestra vida sin tenernos en cuenta
  7. Nos aísla de nuestras amistades y familia
  8. Desvaloriza nuestras opiniones. 

Es mi pareja, pero no me pertenece

Las mujeres lamentablemente tenemos muy interiorizado el amor romántico, por lo mismo hay actitudes que reproducimos y comportamientos que justificamos. ¿Recordamos los cuentos de disney? La continua pelea de las hermanastras de la cenicienta por conquistar al príncipe. Hemos sido educadas de esa forma, vernos como rivales, haciendo comparaciones absurdas todo el tiempo; no soy igual de atractiva, seductora, exitosa, inteligente, amigable etc. Sin embargo, cada ser es especial en el mundo y es eso, lo que nos hace únicas y debemos aprender a amarnos, respetarnos, querernos y cuidarnos entre mujeres, aprender a vivir más en sororidad.  Debemos también desaprender de esa idea que las otras personas  nos pertenecen, ya sean familiares, amigas, compañeras de trabajo. 

Nuestra pareja no nos pertenece, no es nuestra, no la adquirimos en ningún supermercado. Está con nosotras por algo, ese algo que habrá visto diferente y que le gusta, porque tiene la libertad de poder elegir con quien estar y ya lo ha hecho. Los celos no son amor.

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