Leche ¿Sí o no? Alternativas a la leche animal

22 May, 2019 | Artículos

En los últimos años, la leche de vaca, antes tan habitual en nuestras despensas, ahora es considerada por muchas personas un alimento nocivo para el organismo humano. Ante este alarmismo, más de alguna persona se preguntará: Leche ¿Si o no? ¿Cuáles son las alternativas a la leche animal? ¿Debemos consumir leche? o ¿Es bueno tomar leche todos los días? y cuáles son los argumentos a favor y en contra.

La intención es ofrecer alternativas que nos orienten a tomar mejores decisiones sobre los hábitos alimenticios, y en el último de los casos, facilitar información para que podamos decidir sobre nuestra propia salud.

Se nos ha dicho desde la infancia que tomar leche es necesario para nuestro crecimiento, que el calcio que nos proporciona la leche es fundamental para los dientes y los huesos, que la leche durante la menopausia reduce el riesgo de osteoporosis, entre otras virtudes.

Por otra parte, el principal argumento en contra que aducen quienes están en contra del consumo de leche de vaca, tiene que ver con la noción de que somos la única especie que, tras la lactancia, nos alimentamos de leche procedente de otros animales mamíferos.

En ambos posicionamientos hay sesgos, pues ya sabemos que las fuentes de financiación de las investigaciones sobre temas de alimentación no siempre son neutrales. Un ejemplo de ello es que detrás de la elaboración de la famosa pirámide nutricional ha estado presente la industria alimentaria, entre cuyas empresas, las dedicadas a los lácteos tienen un enorme poder e influencia.

Un consumo opcional y ocasional

A lo largo de este blog, hemos hecho énfasis en la diversidad de variables que determinan nuestra alimentación, así como el impacto de los alimentos en la salud, ya sean culturales, emocionales o físicas como las intolerancias, las alergias, etcétera.

Lo que es indudable, y está avalado por diversos estudios, es que la leche es un alimento realmente completo. Es fuente de proteínas, grasas, vitaminas liposolubles como A, D y E, una buena fuente de calcio y riboflavina. Pero a fin de cuentas, es un alimento más y no es imprescindible.

Por tanto, si no hay alergia o intolerancia de por medio, desde el ámbito de la nutrición se recomienda un consumo opcional y ocasional de lácteos, de preferencia fermentados, ya que tienen menos lactosa que los hace aptos para intolerantes, además de ser excelentes complementos de una dieta basada en frutas, verduras, legumbres y hortalizas.

Solemos insistir en este espacio que ningún alimento es esencial, lo son los nutrientes presentes en una variedad de alimentos. Por lo tanto, si buscas opciones, los nutrientes que proporciona la leche también podemos encontrarlos en acelgas, col, soja, judías, brócoli o frutos secos por su contenido de vitamina D y Calcio.

Es importante señalar, que en la dieta mediterránea, la leche y sus derivados sigue siendo la principal fuente de calcio, con un 48%; les siguen pescados, moluscos y crustáceos con 12%; cereales y derivados, 9%; huevos y derivados, un 7%; frutas y frutos secos un 5% y por último legumbres y verduras, con un 4%, según datos de la Encuesta Nacional Ingesta Dietética Española.

Aún así, el mundo de las leches vegetales y sus okaras es muy variado. Okara es el bagazo o resto que queda al extraer la leche de ciertos cereales, frutos secos o semillas y que puede ser reutilizado para elaborar otro tipo de alimentos, como cremas, rellenos o patés.

Lo que aquí proponemos son alternativas, pues ante las dudas sobre los beneficios exclusivos de la leche, es mejor abrir nuestro horizonte de posibilidades para proveernos de los nutrientes que suelen ofrecer los lácteos de origen animal.

Entre la gama de opciones, podemos elaborar (no hay necesidad de comprarlas) bebidas o leches vegetales derivadas de cereales, como el sarraceno, el amaranto, el arroz, la avena, la cebada, la espelta, el mijo, la quinoa. También de frutos secos como almendras, anacardos, avellanas, castañas, cacahuetes, macadamias, nueces, pistachos. Incluso de legumbres como los altramuces o soja. De tubérculos como la popular chufa. O de semillas como el cáñamo o las semillas de calabaza.

Como verán, la variedad es infinita, nutritiva y además deliciosa.

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Repensar la alimentación

Si lo pensamos detenidamente, además de la leche existen diversidad de productos cuyo consumo es ahora más riesgoso para la salud y el medio ambiente, a causa del fortalecimiento irracional de la industria alimentaria, que especula con estos productos, sobre explota los recursos y deja una terrible huella ecológica.

El ejemplo más simple es una familia que se dedica a las actividades del campo y tiene un par de cabezas de ganado. Cría sus vacas, obtiene la leche y la comercializa en una cooperativa de lácteos que opera en la misma localidad. Esa familia es la que se encarga de vigilar que la leche llegue a las personas consumidoras cumpliendo las normas de calidad e higiene.

En el caso extremo, una persona ganadera que tiene cien cabezas de ganado y opera de manera industrial, de manera que la ordeña de las vacas se realiza a través de máquinas, sin el menor mimo, con animales sometidos a estrés constante.

Con esta sencilla muestra, quizás no sea necesario señalar por qué una alimentación consciente también está relacionada con saber la procedencia de los alimentos que ingerimos a diario.

Lo mismo ocurre con la industria de la carne, con la producción de determinados aceites (como el aceite de palma), o el consumo de ciertas frutas de moda, como el aguacate.

Los seres humanos hemos aprovechado nuestra capacidad de adaptación para poder beneficiarnos de la gran variedad de recursos que nos ofrece la naturaleza. Y tanto la leche, como la carne, han estado presentes en la dieta de los seres humanos desde hace miles de años.

Por tanto, es verdad que la leche de vaca es altamente nutritiva, pero también es verdad que no es un alimento sustitutivo de ningún otro, más bien complementario. Y evidentemente, jamás podría suplir el papel que juega la leche materna para la crianza saludable y sano de las y los hijos, siempre y cuando la madre también esté en condiciones de salud plena para amamantarles y ésta sea su opción..

La leche humana materna, es un tipo de leche fácil de digerir, con proteínas humanas, enzimas suficientes, hormonas necesarias para nuestro crecimiento natural, con el tipo de grasa y azúcares idóneos para aportarnos energía, con la correcta composición mineral para nuestra salud y nuestro desarrollo. 

Ten en cuenta que las experiencias de otras madres no son determinantes y por supuesto, si una madre decide no amamantar o no tiene la posibilidad de hacerlo por las razones que sean, merece el mismo apoyo y confianza que una madre lactante. Porque la lactancia no debe convertirse nunca en una carga, ni una imposición para las mujeres que son madres.

Leches que no son leche

En el afán de la industria alimentaria por optimizar, perfeccionar o incrementar el consumo de la leche, se han creado una gama de productos derivados de ella, aunque no todas se pueden considerar leches.

La leche común la encontramos en tres modalidades: entera, semidesnatada y desnatada. Lo que varía en estos tres tipos es la cantidad de grasa que contienen.

Por otra parte, existen las leches enriquecidas, a las que se les añaden complementos vitamínicos y minerales. A este procedimiento se someten normalmente las leches desnatadas, pues pierden muchas de sus propiedades en este proceso.

Recientemente, se ha empezado a comercializar leche sin lactosa. En realidad, a este tipo de leche no se le retira la lactosa, sino que se le añaden enzimas como la lactasa, para que, quienes son intolerantes, puedan digerirla.   

Finalmente, se pueden encontrar en el mercado sucedáneos de leche, es decir, distintas fórmulas a base de leche, pero que no lo son en realidad, con distintos aditamentos nutricionales, como por ejemplo, las fórmulas para bebés.

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En ámbitos como la alimentación, las personas debemos ser muy críticas, y quienes son especialistas en salud y nutrición, tendrían que proceder éticamente para distinguir cuándo están promoviendo un estilo de vida, y cuándo se están imponiendo pautas generalizadas para el consumo de un alimento concreto con otros intereses muy alejados de una nutrición saludable.

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