En los últimos años varias investigaciones han sugerido que las dietas ricas en grasas y azúcar, es decir, lo que nos aporta la comida rápida, son malas tanto para nuestra salud mental como para  nuestro cuerpo. El resultado de una dieta así es una serie de reacciones en el cerebro que puede llevarnos a la depresión.

Para entender por qué la comida que a mucha gente gusta, podría estar influyendo en la salud mental, primero necesitamos entender un aspecto de la conexión mente-cuerpo muy interesante. El sistema inmunológico de las personas con depresión parece tener un exceso de actividad. Por ejemplo, según varias investigaciones, la sangre de las personas deprimidas estaba inundada de un tipo particular de proteína, llamada citoquinas, que normalmente conduce a la inflamación después de una enfermedad o lesión.

A medida que las investigaciones avanzaban, se hizo evidente que se trataba de un proceso bidireccional: no sólo la depresión podría causar inflamación, sino que, lo que es más importante, la inflamación por otras causas parece estar desencadenando la depresión. 

Algunas de las causas de este vínculo provienen de enfermedades que se sabe que envían citoquinas a través del cuerpo, como la artritis o el cáncer; los pacientes a menudo reportan depresión antes incluso de que se haya hecho un diagnóstico. Según Michael Maes de la Universidad de Deakin en Australia, “La gente se deprime incluso antes de saber que tiene cáncer, y esto se relaciona con los altos niveles de citoquinas» 

Se sabe que el mal estado físico general, el tabaquismo y el alcoholismo aumentan la respuesta inflamatoria. Y así, podría también provocarlo una dieta con altos niveles de grasa y azúcar porque incrementan la inflamación y el estrés oxidativo. 

La dieta anticomida rápida 

Por el contrario, ciertos nutrientes como los aceites de pescado omega-3 y minerales como el zinc y el selenio son antioxidantes que pueden reducir la inflamación y limpiar algunos de los productos químicos tóxicos, mientras que estimulan otros que pueden ayudar al cerebro a curarse del daño. Algunos de estos alimentos tan beneficiosos son los arándanos, las nueces y otros que os hemos explicado en el blog de alimentación que también nos ayudan a mejorar nuestro sistema inmunológico y la memoria

Un meta-análisis de 41 investigaciones anteriores de los Estados Unidos, España, Francia, Australia, Grecia e Irán también encontró una gran asociación» entre la dieta y la depresión. Sus resultados mostraron que las personas que evitaban una dieta alta en alimentos procesados y en cambio seguían una dieta mediterránea (frutas frescas, verduras, nueces, semillas y poca carne roja o alimentos procesados) tenían un riesgo reducido de depresión, alrededor de la mitad de probabilidades de desarrollar depresión. 

El análisis encontró que los alimentos que nos pueden deprimir son aquellos que contienen mucha grasa o azúcar, o que han sido procesados. Esto se debe a que conducen a la inflamación no sólo del intestino, sino de todo el cuerpo, conocida como «inflamación sistémica». En este sentido, el impacto de una dieta deficiente es similar al del tabaquismo, la contaminación, la obesidad y la falta de ejercicio.

Según Lassale, que trabaja en el departamento de epidemiología y salud pública de la Universidad de Londres, «La inflamación crónica puede afectar la salud mental al transportar moléculas pro-inflamatorias al cerebro lo que a su vez, puede afectar a los neurotransmisores responsables de la regulación del estado de ánimo».

Por si fuera poco estos resultados, en los últimos años ha habido un crecimiento exponencial en el número de estudios que certifican estos datos. Quizás la mejor evidencia vino este año del laboratorio de Frank Hu en la Universidad de Harvard, quien conectó directamente las contribuciones de ciertos patrones de dieta con niveles de citocinas y depresión.

Por otro lado, los alimentos ricos en aceite de oliva, verduras de hoja y vino redujeron la inflamación y redujeron el riesgo de depresión en cerca de un 40%, en comparación con la «dieta pro-inflamatoria», que incluye bebidas azucaradas, cereales procesados y carne roja.

El efecto de las bebidas azucaradas en nuestro cuerpo

Cuando hablamos de la comida rápida que nos puede provocar depresión no solo nos referimos a las hamburguesas y las patatas fritas. También hablamos de alimentos procesados del que ya os avisamos en nuestro blog de alimentación y de las bebidas azucaradas. En este vídeo te muestra gráficamente cuantos terrones de azúcar en alimentos que a simple vista no deberían llevar azúcar o no parece que tengan tanto:

Bebidas como la Coca – Cola, Red bull y demás contienen dosis de azúcar muy por encima de lo recomendado.

En una lata clásica de Coca Cola hay 37 gramos de azúcar añadida, lo que equivale a casi 10 cucharaditas. Para una salud óptima, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no consumir más de 6 cucharaditas de azúcar añadido al día. Al beber sólo una lata al día, excedemos esta cantidad.

En el artículo sobre ¿Cuánta agua hay que beber? ya mostramos varios estudios que demuestran que sustituir bebidas azucaras por agua en nuestra dieta tiene muchos beneficios para la salud. Pero realmente ¿Cuáles son los efectos de una bebida azucarada en nuestro cuerpo?

Según un estudio realizado en 2018 que revisó los efectos de las bebidas azucaradas en el cerebro, estas bebidas azucaradas aumentaban los niveles de ciertos compuestos y sustancias químicas que interfieren con la actividad cerebral, aumentando el riesgo de derrame cerebral y demencia.

También encontraron que el consumo regular de bebidas azucaradas puede afectar la calidad y duración del ciclo de sueño de una persona. Algunos compuestos también tuvieron efectos sobre la memoria y la coordinación motora, lo que puede contribuir al desarrollo del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Si son tan malas las bebidas azucaradas ¿Por qué tienen tan buena publicidad y son tan bien aceptadas por la población? La respuesta está en su equipo de Marketing y en que financian compañías y universidades para que los estudios que no les favorezcan no se publiquen o se centren en otros resultados. 

Un ejemplo de ello es que en 2015, la compañía Coca-Cola donó un millón de dólares a la Fundación de la Universidad de Colorado para financiar un instituto de investigación llamado Global Energy Balance Network. El objetivo declarado del estudio era proporcionar «un foro para que las personas científicas de todo el mundo se reúnan y generen el conocimiento y las vías basadas en la evidencia científica necesarias para acabar con la obesidad». Pero el objetivo real de Coca-Cola era persuadir a la gente de que se concentraban demasiado en las calorías y el tamaño de las porciones de lo que se alimentaban y no lo suficiente en el ejercicio que deberían hacer.

No es la única prueba, un análisis publicado en el Revista científica Journal of Public Health Policy explica cómo Coca-Cola utiliza contratos para influir en la investigación de salud pública que apoya financieramente. El documento explica que Coca-Cola utiliza contratos cuidadosamente elaborados para asegurarse que la compañía tenga acceso temprano a los hallazgos de la investigación, así como la capacidad de terminar los estudios por cualquier razón. Las personas investigadoras dicen que esto le da a la compañía de bebidas azucaradas la capacidad de aplastar los resultados desfavorables de la investigación, como los estudios que relacionan el consumo de bebidas azucaradas con la obesidad.

Pero la compañía no puede acallar todos los estudios. Un estudio publicado en noviembre de 2019 por la revista científica Journal of the American Medical Association, encontró que las personas que bebían dos o más vasos de refrescos al día eran más propensas a morir por todo tipo de dolencias, en comparación con las personas que bebían menos de un vaso al mes. Incluso las versiones sin azúcar se asociaron con un mayor riesgo de muerte en un estudio realizado a 452,000 personas en 10 países.

El estudio encontró diferencias en los efectos sobre la salud de las bebidas que contienen azúcar frente a las que son endulzadas artificialmente. Los refrescos endulzados con azúcar se asociaron con muertes por enfermedades digestivas (una categoría amplia que incluye enfermedades del hígado, apéndice, páncreas, intestinos y otras enfermedades), mientras que el mayor consumo de versiones sin azúcar se asoció con muertes por enfermedades circulatorias, incluida la cardiopatía isquémica, también conocida como enfermedad de las arterias coronarias.

A estos resultados hay que añadirles los comentados anteriormente sobre su efecto en nuestra salud mental como la depresión. Aún así, debemos tener cuidado de no generalizar demasiado los resultados sobre la relación entre la comida rápida y la depresión porque hay tantos factores que pueden afectar la forma en que la depresión puede afectar a una persona que no es la única causa. Los genes, el estilo de vida y circunstancias personales también juegan un papel importante. Con tantos factores, es importante identificar quién se beneficiaría y quién no de una mejor nutrición para poder prevenir la depresión.

Estas investigaciones no apuntan a que una nueva dieta pueda reemplazar inmediatamente los tratamientos existentes; es decir, hay que seguir tomando los medicamentos recetados en la consulta. Pero si una alimentación consciente y más sana puede mejorar la tasa de recuperación o prevenir que algunas personas desarrollen síntomas en primer lugar, sería una forma simple y complementaria de ayudar a abordar la depresión.

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