La menopausia no es una enfermedad sino parte del ciclo vital

29 Abr, 2019 | Artículos

La etapa en que cesa la menstruación en nosotras las mujeres se denomina menopausia o climaterio, aunque puede ocasionar algunos síntomas molestos que alteran nuestra dinámica social y laboral. Significa que la menopausia no es una enfermedad, sino parte del ciclo vital de las mujeres.

Podríamos decir que la versión masculina de este proceso es la andropausia, también relacionada con la disminución en la producción de testosterona. Aunque se habla menos de ella, es fundamental reconocer que debemos romper tabús en torno a estos procesos vitales y vivir cada etapa con plenitud, tanto mujeres como hombres.

El cese de la menstruación

La menopausia ocurre alrededor de los 50 años cuando la ovulación femenina, y con ella la menstruación o regla, cesan. En su definición, la Organización Mundial de la Salud estima, que una vez que han transcurrido doce periodos consecutivos de amenorrea (ausencia de la regla), sin causas patológicas, se considera que se ha llegado a la menopausia.

La menopausia nos abre nuevos horizontes, por lo que es importante saber identificar los cambios físicos y psicológicos que podemos experimentar para mantener e incluso mejorar nuestra calidad de vida.

Tanto la regla como el momento de cese de ésta, es decir, la menopausia, están sumergidas en fuertes estereotipos de género centrados en la fertilidad. Sin embargo, aunque parezca una pérdida, estamos ganando en serenidad, plenitud, independencia.

La menstruación ya se abordaba de forma muy superficial desde las ciencias de la salud, pero no se había pensado que su desaparición pudiera repercutir de manera tan trascendental en la salud de las mujeres, de manera que se afianzó la idea de que las mujeres éramos víctimas de nuestro cuerpo.

De esta manera, la menopausia se ha abordado como una etapa cargada de fuertes estereotipos de género y connotaciones negativas asociadas a la vejez y al deterioro de las mujeres, unidas a la falta de información y desconocimiento que hasta hoy, lleva a muchas mujeres a vivirla con ansiedad e incluso caer en la depresión.

La menopausia empoderante

Este enfoque de la menopausia, según explica Carme Valls Llobet, especialista en endocrinología y medicina con perspectiva de género, ha dejado a millones de mujeres en estado de indefensión, sin explicaciones para saber, sin argumentos para abordarla y con miedo a las catástrofes futuras (no demostradas) que se nos han vaticinado si no aceptaban para siempre la terapia hormonal sustitutiva.

En su artículo “De la invisibilidad al estudio de las diferencias y desigualdades”,  Valls Llobet se pregunta, cómo es que nuestras abuelas y tatarabuelas han podido vivir la menopausia sin grandes males ni consecuencias, pero ahora tantas mujeres tienen miedo simplemente de pensar en que llegarán a esta etapa. Estos prejuicios pasan por alto que muchas mujeres que ya vivieron esta etapa sin temor previo, la han experimentado como un proceso liberador.

Entre otros mitos, existe la idea de que con la menopausia el deseo sexual se extingue y el sexo termina. Nada más alejado de la realidad, pues esta es una etapa ideal para disfrutar del sexo sin restricciones, pues no hay riesgo de embarazo, la mayoría de las mujeres ya conocen bien su cuerpo, saben lo que necesitan y cómo conseguirlo, en otras palabras tienen más estabilidad personal y sabiduría sobre cómo amarse sanamente. Así lo entiende también la psicóloga y escritora Clara Coria, autora del libro Erotismo, mujeres y sexualidad después de los sesenta, que te compartimos en este blog.

A su vez, la ginecóloga María Jesús Balbás sugiere que la alimentación, el ejercicio, el silencio y la ruptura con las cargas emocionales del pasado son las claves para abordar positivamente los cambios que trae consigo la menopausia.

Esta visión liberadora pasa por entender nuestro cuerpo y nuestra salud de manera integral, es decir, en todas sus dimensiones, tanto biológica, como psicológica y social entendiendo por sociedad no sólo la cultura, sino las condiciones de vida y trabajo y del medio ambiente (agua, aire, alimentos, cosméticos…).

Pero igual que la menstruación no había existido de forma clara para la medicina, la investigación de lo que ocurre realmente antes, durante y después de la menopausia, ha permanecido ausente o sus resultados invisibles o desconocidos para la mayoría de los profesionales.

Existen todavía muy pocos estudios en torno a la menopausia, aún así, desde la medicina, se recomiendan terapias para aliviar los síntomas, sin entender en profundidad los cambios fisiopatológicos que se producen en el cuerpo de las mujeres. Las consecuencias físicas del cese de la producción de hormonas por el ovario son fundamentalmente dos: Las sofocaciones o sofocos, y la sequedad de piel y vagina.

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Los peligros de la Terapia Hormonal Sustitutiva

Durante los años noventas se normalizó la práctica médica de hormonar a las mujeres para aliviar los síntomas de la menopausia. Sin embargo, Valls Llobet vuelve a cuestionarnos ¿en qué trabajos científicos se basaron las farmacéuticas para introducir esa terapia, que tenía como fin impedir la osteoporosis, mejorar la hipertensión y los problemas cardíacos de las mujeres?

Este tipo de tratamientos aumenta el riesgo de cáncer, como fue demostrado en años recientes. Al revisar los resultados epidemiológicos sobre cáncer de mama en Estados Unidos, se observó una disminución de unos 14.000 casos en el periodo de 2002 a 2003.

Las razones que podrían haber favorecido esta disminución en los casos de cáncer, son la menor utilización de Terapia Hormonal Sustitutiva, pues los primeros resultados de los estudios epidemiológicos a gran escala como el Women’s Health Initiave, así como del Million Women Study habían detectado un incremento de cáncer de mama en los grupos que seguían este tratamiento. La divulgación de estos resultados motivó una disminución de este procedimiento entre las mujeres de Estados Unidos. Es decir, que este estudio salvó catorce mil vidas. Y muchas más se pueden evitar con la información correcta y una ciencia ética no machista.

Cada mujer, un mundo

En su estudio Estereotipos de género con respecto a las etapas reproductivas de las mujeres, las doctoras en Estudios de Mujeres y Género Alicia Botello y Rosa Casado, reconocen que desde su experiencia profesional, las mujeres que han enfocado el aprecio a sí mismas en algo distinto al cuerpo joven, a la belleza, o la maternidad, viven la menopausia con más aceptación y elaboran los cambios con menos dolor psíquico.

Del mismo modo que la edad a la que sobreviene la menopausia oscila alrededor de los 50 años, como ya hemos comentado, no todas las mujeres presentan los mismos síntomas, con la misma intensidad o durante el mismo tiempo.

Según el informe Género y Salud, de la Red de Mujeres Profesionales de la Salud, el 85% de las mujeres llega a la menopausia de forma natural, mientras que el 15% restante lo hace quirúrgicamente como consecuencia de enfermedades ginecológicas.

Independientemente de la edad en que sobreviene esta etapa, son muchos los factores físicos, biológicos y medioambientales que condicionan su momento: edad de la primera regla, número de hijos o hijas, factores genéticos, historial ginecológico, obesidad, etcétera.       

Vivir la menopausia en plenitud

La propia menopausia tiene tras de sí muchas realidades, y vale destacar que hay muchas mujeres que ven esta etapa como un modo de liberación, lo que las empodera para sobrellevar las alteraciones y cambios notables en el organismo por el descenso progresivo en la producción hormonal.

La pérdida de densidad ósea (osteoporosis) es uno de los temas que más preocupa a las mujeres durante este periodo. Las medidas preventivas también están relacionadas con una alimentación consciente basada en una dieta rica en calcio, así como la práctica de ejercicio físico.

Si una mujer mantiene en su imaginario la idea estrecha y cerrada de que la menopausia es una enfermedad o un estado de declive, vivirá con temor el hecho de tener que llegar a este periodo, en lugar de vivirlo con armonía.

Por eso, lo primero que tenemos que conseguir es que la valoración acerca de nuestro bienestar, no procesa desde fuera, sino desde nosotras mismas. Es preciso desmedicalizar la menopausia, quitarla del contexto médico como si fuese una enfermedad, y tomarla en nuestras manos, ya que somos nosotras las que vamos a poder poner en marcha los recursos para afrontarla.

La menopausia también es un periodo de explosión en el cual la vida se expande y se dilata. Así lo han percibido muchísimas mujeres, antes de las imposiciones oportunistas de la medicina que nos ve como objetos de consumo.

La menopausia es un momento de respuestas, donde las piezas de nuestro rompecabezas vital se ajustan, pues somos plenas, auténticas, libres. Con esta nueva consciencia somos capaces de comunicarnos desde lo más profundo hacia fuera. Es otra oportunidad más para inundarnos de amor, amor a nosotras mismas y compartirlo en nuestra agradecida vida. ¿Por qué no?

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