La isla bonita donde no se puede vivir

1 Ago, 2017 | Artículos, Derechos Humanos, Ecofeminismo, Feminismos

Al igual que en el resto de España, la conocida como clase media en Ibiza está desapareciendo. El poder adquisitivo de los y las ibicencas o personas residentes de la isla se polariza, creando mayor desigualdad entre las familias más privilegiadas y las más humildes. Los alquileres, literalmente imposibles para las personas trabajadoras, destierran de la isla a las personas residentes de esta, convirtiendo en toda una hazaña vivir en su ciudad por los altos precios de la vivienda a consecuencia del turismo y la especulación de los alquileres. El precio abusivo y prohibitivo de los alquileres está obligando a cientos de personas trabajadoras a renunciar a puestos de trabajo, que por otro lado, son necesarios para el bienestar del lugar. La isla bonita, que parecía inmune a la crisis económica, dónde hay más empleo que vivienda, se ve en una encrucijada. Necesitan de manos que trabajen pero estas manos no pueden acceder a una vivienda digna en la ciudad.

La isla, sigue siendo uno de los destinos turísticos preferidos para personas famosas y amantes del lujo pero también para los Clubbers y turistas más aventureros que se dedican a recorrer la isla en busca de calas perdidas y espectaculares puestas de sol. La isla y sus habitantes, al igual que sus visitantes, son ricas en diversidad e inquietudes, pero también muy aquejadas por la desigualdad. La tasa de riesgo de pobreza en 2016 según el INE se situaba en el 15.5%. Hablando en concreto de vivienda, es curioso cómo esta comunidad autónoma es la que sufre el mayor porcentaje de hogares con retrasos en los pagos relacionados con la vivienda principal de toda España, que ascendería al 18%.

 

La noche más cara de las Islas Baleares

Para entender bien la situación de la vivienda en la isla hay que tener en cuenta varios componentes. Los altos precios de la noche en los hoteles, de media 100 euros más caros que en el resto de las Baleares, empujan a la persona turista vacacional media a buscar otras alternativas más económicas para disfrutar de su estancia en la isla. Uno de los recursos actuales más utilizados es Airbnb, una plataforma donde  alquilar u ofertar viviendas privadas y otro tipo de hospedaje un poco menos “convencional”. Podemos encontrar un amplio abanico de lugares donde dormir como terrazas con un colchón, a “glamourosos” tipis en mitad de nada pasando por cabañas de cañas insalubres ofertadas como retiros espirituales. Airbnb es una manera más económica de encontrar alojamiento pero poco regulada en España por su corta vida que también está causando estragos en otras ciudades con gran afluencia turística como Barcelona. La cuestión es, si los y las  turistas empiezan a ocupar la vivienda privada de la isla, ¿dónde vivirán las  personas residentes y trabajadoras temporales destinados a Ibiza?

La respuesta podemos encontrarla en los surreales anuncios que podemos encontrar donde se piden 500 euros por dormir en un balcón o 300 por un colchón sin derecho ni siquiera a utilizar el baño de la vivienda. Estas ofertas son reales, por muy inhumanas que nos parezcan, en una ciudad donde el alquiler medio de la vivienda órbita alrededor de los 1.600 euros mensuales en los meses de temporada, donde los alquileres anuales han desaparecido, donde la inestabilidad y el acceso a una vivienda digna y adecuada brilla por su ausencia. En Facebook podemos encontrar un sin fin de grupos de denuncia de esta situación como La Plataforma de Afectados por los Alquileres de Ibiza, con más de 7.000 miembros donde se denuncia mediante casos reales la situación de la vivienda en la isla bonita.

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Trabajadores y trabajadoras, familias optan por viviendas poco “convencionales” como autocaravanas o furgonetas porque es lo único que pueden permitirse. La crisis habitacional es tan desmedida que policías o profesionales de la salud que son destinados a Ibiza en verano para garantizar los servicios sociales cuando más habitantes hay en la isla, se ven en una situación de precariedad por el alto precio de los alquileres, sin poder costearse ningún tipo de vivienda digna y adecuada, por mucho que aparezca en nuestra constitución.

“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos”.

Así reza el famoso artículo 47 de la constitución española, el cual podríamos decir que actualmente reside sin pena ni gloria junto a otras leyes fundamentales en un viejo libro con no tanto fundamento. Pero hecha la ley hecha la trampa. Por donde está redactado este artículo dentro de la constitución, el derecho a una vivienda digna y adecuada pasa de ser un derecho fundamental a más bien, un deseo que nunca ha llegado a materializarse. El artículo 47 se sitúa en el capítulo  de los principios rectores de la política social y económica de la Constitución donde los derechos “sólo podrán ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen” (Artículo 53.3). Como es de imaginar, estas leyes que desarrollan el derecho a la vivienda en España son inexistentes, lo cual hace que estemos en una situación de desamparo legal donde no podemos exigir una vivienda digna por mucho que lo diga en la constitución del país donde residimos.

 

Vivienda digna y adecuada

Pero, ¿qué es una vivienda digna y adecuada? El Comité de Derechos Urbanos de Naciones Unidas definió esta no solo como un mero lugar donde cobijarse y resguardarse, sino como un compendio de condiciones. Para empezar, la vivienda digna y adecuada está protegida jurídicamente contra desahucios, hostigamientos o amenazas. Para que una vivienda entre en esta categoría debe de estar provista de servicios e instalaciones como agua potable, un baño, energía para cocinar o para poner la calefacción o para poder encender la luz cuando oscurece, tiene que protegernos del frío o del calor y proporcionarnos seguridad física frente a riesgos ambientales. La vivienda digna y adecuada tiene que estar ubicada en un lugar que no nos impida ir a trabajar, llevar a los niños y niñas  al colegio o ir al médico. Por último, esta vivienda tiene que ser asequible, la vivienda no puede considerarse digna y adecuada si su coste pone en peligro otros derechos humanos.

Como podemos ver, a pesar de ser un derecho humano y constitucional el acceso a la vivienda digna y adecuada, tanto para los trabajadores destinados en la ciudad como para los residentes de Ibiza es una hazaña casi imposible encontrar un lugar así donde vivir. Entre el desamparo legal, la falta de medios y el mutismo y parálisis que poseen a la clase política, las personas menos afortunadas, es decir, todas aquellas que no puedan hacer frente a estos alquileres desmedidos, se ven en una situación de precariedad de la que sin duda, es muy difícil escapar.

Si no podemos descansar en un lugar amigable y seguro, que podemos aportar a la vida lo bueno que llevamos dentro.

 

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