La esclavitud de las mujeres rurales

14 Oct, 2016 | Artículos, Empoderamiento, Violencia contra las mujeres

El patriarcado y el sistema capitalista que lo sustenta, se nutren del trabajo invisible de las mujeres rurales, a las cuales excluyen de la toma de decisiones, de la independencia económica (vital para el empoderamiento) y, en demasiadas ocasiones, de la retribución o gratificación por el trabajo realizado.

La invisibilización del trabajo de las mujeres rurales unida a la pobreza rural de los países empobrecidos, provoca enormes desigualdades entre mujeres y hombres.

Estas desigualdades se traducen en la discriminación de las mujeres para el acceso a la propiedad de la tierra y la toma de decisiones sobre la misma.

Y todo esto se convierte en una mayor vulnerabilidad de las mujeres rurales de sufrir violencia machista en toda su amplitud y variedad de formas.

 

Trabajo invisible: mujeres esclavas

Según el estudio Tierra para nosotras de Intermón Oxfam, solo el 1% de la tierra está en propiedad de mujeres. Y el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres.

Esta pobreza está directamente ligada a la desigualdad en el acceso a la propiedad, y al reconocimiento del trabajo. En muchas ocasiones el trabajo que las mujeres rurales hacen en la tierra se realiza en explotaciones familiares. Esto supone un doble trabajo y una fuerte discriminación de género.

Por un lado, porque las mujeres debemos realizar el trabajo agrícola igual que los hombres y además encargarnos en exclusividad del trabajo doméstico. Por otro lado, porque nos convertimos en trabajadoras familiares, no solo no disponemos de decisión sobre la tierra, sino que además  no percibimos retribución.

Si las mujeres agricultoras tuvieran un acceso igual que los hombres a los recursos se podría reducir el número de personas con hambre en el mundo en 150 millones.

Por ejemplo, en América Latina tan solo 17 millones, de los 58 millones, de mujeres rurales son reconocidas como parte de la fuerza de trabajo. Esto es que más del 70% de mujeres rurales no existen como población activa en ningún censo estatal. Es decir, no tienen derechos, son mujeres invisibles.

En los países empobrecidos, las mujeres rurales suponen el 43% de la mano de obra agrícola, aproximadamente, pero al no ser propietarias de las tierras no pueden decidir qué cultivar. Aun a pesar de ser las responsables de la seguridad alimentaria de sus hijas e hijos.

Las mujeres rurales de todo el mundo producen más del 80% de todos los alimentos pero sólo poseen el 1% de la riqueza mundial.

 

Algunas iniciativas para el empoderamiento de las mujeres rurales

Asia

En India un informe elaborado en 2012 por más de 370 expertos reveló que éste es el peor país del G20 para ser mujer. El sistema de castas, la pobreza y las enormes desigualdades de género y de clase, provocan una situación insostenible para todas las mujeres rurales. Gracias a la unión de un grupo de mujeres que apostaban por la independencia económica como único camino para dejar de sufrir la violencia machista, surgieron los Shangams.

Los Shangams son unos microcréditos que otorgan a las mujeres rurales un alto grado de autonomía, frente a la dependencia hacia los hombres, y refuerza el desarrollo de sus capacidades de organización y producción. El acceso a estos microcréditos permite que las mujeres accedan al mercado laboral y contribuyan económicamente al desarrollo económico del país.

Los shangams se han convertido en un símbolo de independencia de las mujeres frente a la dominación de los hombres, mejorando también su autonomía y su autoestima.

Unido a este proceso de empoderamiento económico también se encuentra el movimiento del sari rosa, Gulabi Gang, una asociación de mujeres que se unen para luchar de forma activa contra la violencia física y psicológica que el fuerte sistema patriarcal indio ejerce sobre las niñas y mujeres.

 

América Latina

En América Latina, de las 58 millones de mujeres que viven del campo tan solo un 30% de ellas poseen tierras agrícolas. Desde las asociaciones de mujeres rurales de América Latina y Centroamérica reclaman un reconocimiento de las mujeres rurales como colectivo estratégico en la producción y suministro de alimentos. Las mujeres rurales son las encargadas de la seguridad alimentaria de los países centroamericanos.

Es necesario que la sociedad y los diferentes estados empiecen a considerar a las mujeres rurales como agentes económicos generadores de riqueza y desarrollo en sus comunidades.

A pesar de que, muchos gobiernos han creado observatorios de la mujer y han establecido políticas públicas sociales para intentar acabar con el trabajo invisible de las mujeres rurales, todavía son muchas las que no tienen derechos económicos ni de propiedad de la tierra.

Video-documental Warmikuna Kallpachasca sobre la mejora de las condiciones de vida y fortalecimiento de capacidades de mujeres rurales en Latinoamérica

 

África

En el continente africano, por poner el ejemplo de Zimbabwe, en una de las regiones más empobrecidas, ONU mujeres ha ayudado a que mujeres irrumpan en el sector pesquero que siempre ha estado dominado por hombres.

Hasta ahora, las mujeres tenían que vender el pescado comprado a los hombres y gracias a esta iniciativa las mujeres rurales se han organizado en asociaciones y ampliado su participación laboral en ciudades más grandes. Incluyendo pequeñas iniciativas como microcréditos destinados al empoderamiento económico de todas las mujeres.

 

Porque ellas son igualmente importantes

En 2008, la ONU declaró por primera vez el 15 de octubre como el Día Internacional de las Mujeres Rurales, con el propósito de reconocer “la función y contribución decisivas de las mujeres rurales, incluidas las mujeres indígenas, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural”.

Las mujeres rurales merecen poder beneficiarse de los mismos derechos de los hombres no solo por acabar con la discriminación y dirigirnos hacia un horizonte de igualdad. También porque ellas la trabajan, viven de ella y porque es el medio con el que mantienen a sus hijos e hijas.

Poseer la tierra implica para muchas mujeres la autonomía personal y la autonomía económica.

“No es suficiente que las mujeres aparezcan en el título de propiedad sino que deben ejercer su derecho pleno a decidir sobre la tierra y su alimentación”.

Raquel Vázques

Líder indígena y coordinadora general de la Alianza de Mujeres Rurales de Guatemala

 

Fuentes:

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