¿Donde está la tierra que pertenece a las mujeres?

13 Mar, 2019 | Artículos

Nuestro empoderamiento como mujeres tiene uno de sus pilares en el acceso y control, reales y efectivos, a la propiedad de la tierra y los recursos. Pero actualmente, sólo un 20% de quienes poseen tierra en el mundo, son mujeres.

Las mujeres desempeñamos un papel primordial en el desarrollo de las comunidades rurales, a pesar de este acceso limitado y desigual a la propiedad de la tierra, porque el sistema patriarcal continúa violentando, no sólo nuestros cuerpos, sino también acapara nuestros territorios.

Una desigualdad que no sólo repercute en nosotras las mujeres, sino también en el rendimiento del propio sector agrícola, con importantes consecuencias sobre la soberanía alimentaria, el cambio climático y el bienestar social. Luchar por estos derechos se convierte en una tarea fundamental para erradicar esta otra forma de discriminación machista.

No está demás insistir, en que si las mujeres tuviésemos las mismas posibilidades de decisión, y el mismo acceso, no sólo a la tierra, sino a los recursos productivos, el desarrollo sostenible en el mundo sería más viable.

Las mujeres desempeñamos importantes funciones a lo largo de las cadenas de valor agroalimentarias, lo que optimiza la nutrición dentro de los hogares  a nivel comunitario, pero además, garantiza la gestión y cuidado de recursos naturales vitales como la tierra y el agua. En otras palabras, a través de la propiedad, uso y disfrute de la tierra, las mujeres sostenemos la vida.

Ventajas del acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra y los recursos

La posesión de la tierra encierra otras relaciones de poder y dinero, desde la capacidad de decisión, pasando por la independencia y autosuficiencia económica, de manera que la tenencia y gestión de la tierra por nosotras las mujeres, se vincula también al fortalecimiento de otros derechos individuales, sociales y políticos.

Los derechos a la propiedad y las decisiones sobre terrenos de cultivo y explotaciones agrícolas y ganaderas de las mujeres no se ejercen porque éstos permanecen en gran medida, en manos de los hombres, pese a la existencia de marcos legales igualitarios en muchos países. Naciones Unidas incluye la eliminación de esta desigualdad global en la agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030.

Un primer paso es evidenciar y denunciar esta realidad, algo que se dificulta ante la escasez de información relacionada con la propiedad de la tierra en manos de las mujeres, pues son muchos los países que no cuentan con censos o que tienen registros limitados mientras que, en los informes y análisis existentes al respecto, hay muchas imprecisiones.

Brecha de género en la propiedad de la tierra

Lo cierto es que al analizar la propiedad de la tierra desglosada por género, los datos demuestran que la actividad agrícola sigue siendo una ocupación mayoritariamente masculina.

Además, nos encontramos con otra dificultad, pues no se cuenta con datos específicos sobre el tipo de producción que realizamos especialmente las mujeres o si hay alguna diferenciación con la que realizan los hombres, ni existe información oficial respecto a las maneras en que las mujeres acceden a la propiedad de la tierra (compra, alquiler, herencia, matrimonio, etc.).

Aún hoy, en decenas de países de Asia, Oriente Medio y África subsahariana, no existen los mismos derechos entre mujeres y hombres a la hora de poseer y heredar tierras. Frecuentemente, las mujeres son consideradas custodias, es decir, quienes deben resguardar las tierras para su descendencia. No es casual que en estos mismos países sean las mujeres vistas como inferiores por el sistema legal, de manera que no pueden firmar un contrato, abrir una cuenta bancaria o pedir un préstamo.

Pero en contraste, es un país africano, donde la titularidad de la tierra en manos de mujeres se muestra más equitativa. Se trata de Cabo Verde con 50.5%, según los datos más recientes que ofrece la FAO (Organización para la Agricultura y Alimentación). Entre los países europeos donde la propiedad de la tierra en manos de mujeres es mayor, se encuentra Lituania, Letonia y Estonia, con 47.7%, 46,8% y 35,8% respectivamente. En España, las mujeres poseen 23% de la tierra, un porcentaje por debajo de Portugal, Grecia, Rumanía, Hungría, Polonia o Italia, donde la cifra ronda el 30%.

La organización Landesa, orientada al fortalecimiento de los derechos a la tierra para las mujeres, ofrece datos respecto a las ventajas sociales que el acceso paritario a la propiedad de la tierra representaría.

El análisis realizado desde Landesa asegura las mujeres que poseen la propiedad de la tierra, tienen más prosperidad e independencia económica, pues ganan 3.8 veces más ingresos, que en otras actividades. Otra ventaja es que las familias donde las mujeres poseen la tierra, destinan más presupuesto en la educación de sus miembros. En lugares donde los derechos de propiedad y herencia para las mujeres son más fuertes, los ahorros se incrementan hasta un 35%. Las niñas y niños cuyas madres son propietarias de la tierra, tienen menos posibilidades de sufrir desnutrición y son mucho más sanos. Por último, el empoderamiento de las mujeres propietarias de tierra, se traduce en que son menos propensas a sufrir violencia contra las mujeres pues reduce las relaciones de subordinación hacia los hombres.   

Todas estas ventajas sociales, económicas e incluso políticas, no se reflejan en las estadísticas. En 2016 la FAO publicó su Programa para la Igualdad de Género en la Agricultura, del cual se desprende que en países como Estados Unidos, o los países escandinavos, la propiedad de la tierra en manos de mujeres no llega al 20%, lo que demuestra que un mayor nivel de desarrollo económico no es garantía de una mayor igualdad entre mujeres y hombres.  

Trabajo invisible y precariedad de las mujeres agrícolas en España

En España, la tierra útil, es decir, la tierra productiva o cultivable en manos de mujeres representa el 23%, de acuerdo con los datos derivados de la Encuesta de Población Activa de 2017. La misma encuesta informa que sólo un 2% de las mujeres ocupadas, trabaja en el sector agrícola. Lo que estos datos no revelan, es que muchas veces el trabajo que hacen las campesinas se realiza además en condiciones precarias, de explotación y acoso laboral.

La tierra que pertenece a las mujeres mujeres rurales

Basta remitirnos al caso más reciente ocurrido en Huelva, donde diez temporeras marroquíes, se atrevieron a denunciar los abusos sexuales sistemáticos por parte de sus empleadores, además de  la consecuente humillación y repudio ante su comunidad de origen, y la pérdida del trabajo que les permitía la supervivencia.

Desde que estalló la crisis, 33.600 mujeres han sido expulsadas del sector agrícola, como lo ha denunciado con motivo del Día de las Mujeres Rurales, el sindicato de Comisiones Obreras (CC.OO.) Muchas mujeres jornaleras son rechazadas y discriminadas por razón de género, lo que ocasiona que la temporalidad entre mujeres campesinas alcance al día de hoy un 67%.

El Informe sobre la Estructura de la Tierra en el Estado Español, publicado en 2017, también deja en evidencia la obscena masculinización del sector agrario. De un 25% de mujeres que trabaja en el sector, más de la mitad no cotiza por su trabajo, de manera que su valiosa aportación económica, queda invisibilizada.  

El mismo informe expone que una cuarta parte de las mujeres titulares de tierras, lo son de explotaciones agrícolas de menos de 2 hectáreas, mientras que un 60% poseen tierras que no superan las 5 hectáreas. El porcentaje evidentemente disminuye a medida que se incrementa la dimensión de las tierras agrícolas, pues los terrenos con más de 50 hectáreas sólo recaen en un 5% de las mujeres propietarias.

Por una agricultura feminista

El acceso adecuado y paritario a la tierra y al agua es esencial para la producción de alimentos y otros cultivos agrícolas. Sin embargo, como hemos observado, en todo el mundo las disparidades en la distribución, tenencia, gobernanza y gestión de esos recursos constituyen una de las principales limitaciones para lograr una producción sostenible y equitativa.

El informe de 2017 del Parlamento Europeo sobre la Concentración de Tierras Agrícolas en la Europa de los Veintisiete, advierte que el suelo es un recurso cada vez más escaso y pide a los Estados miembros que velen por la igualdad de género para adquirir y arrendar terrenos agrícolas, en beneficio del desarrollo sostenible.

Las tierras de uso agrícola, no sólo en Europa, sino a nivel global, permanecen amenazadas por partida doble: por un lado, por la pérdida de superficie agrícola debida a la urbanización, los cambios de uso y la forestación, y la desertificación como consecuencia del cambio climático; por otro, por la concentración de tierras en manos de grandes explotaciones agrícolas e inversiones ajenas a la agricultura.

El poder patriarcal y las injusticias continúan siendo una realidad cotidiana que vivimos las mujeres. La creciente concentración de tierras y recursos en manos de empresas privadas hace que la lucha de las mujeres rurales por conseguir el acceso a la tierra resulte aún más difícil. Cuantas más familias son desplazadas, menos seguridad tenemos las mujeres y más vulnerables somos a la violencia y a la explotación.

Propiedad de la tierra para el empoderamiento económico de las mujeres.

 

 

 

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Aunque no sepamos muy bien hacia dónde vamos, es necesario saber de dónde venimos. “Por un feminismo de hermanas de tierra”🌾🐏👩🏽‍🌾 es el manifiesto que han escrito mi querida @mmercromina (cómo escribe esta mujer, joe 💜) y @luzieta_ de @mallatablog para el #8M y que además he tenido el gran honor de poder ilustrar con este cartel. Estoy que no me lo creo 😊 . . . 🌿 Podéis y debéis leer el manifiesto enterito aquí: https://bit.ly/2Tz43Hl 🌿 . . . ¡Nos vemos en las calles! ✊♀ . . . . . #illustration #ilustracion #poster #cartel #drawing #draw #mujerrural #mujeresrurales #womenpower #manifest #hermanasdetierra #design #graphicdesign #gigposter #womenpower #ruralpower #womenwhodraw #ruralwomen #fight #illustragram #picoftheday #artwork

Una publicación compartida de Cristina Jiménez (@pinhajimenez) el

Que las mujeres tengamos acceso a la propiedad y gestión de la tierra, es más que un beneficio económico para nosotras y nuestras familias. Representa el inicio de una revolución agrícola, que deberá ser feminista, o no será.

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