¿Es mío mi dinero?

24 Abr, 2017 | Artículos, Empoderamiento, Violencia contra las mujeres

Este es un artículo continuación a nuestra anterior publicación en relación al empoderamiento económico, “Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero”, en el cual nos aproximábamos a los factores socioculturales que explican la dependencia económica que vivimos y sentimos la mayoría de las mujeres en todos los ámbitos de nuestra vida, y sobre cómo esta dependencia influye y condiciona nuestras vidas, cómo nos maniata y obstaculiza nuestro desarrollo personal y colectivo.

En esta ocasión queremos ahondar más en lo relativo a nuestra vivencia en la relación dinero y pareja, que como ya expusimos es un reflejo más de la ideología patriarcal que históricamente asignó el ámbito público y la responsabilidad del trabajo productivo (remunerado) a los hombres, y a las mujeres el ámbito privado/doméstico y de reproducción. Aunque es cierto que ha habido cambios y que las mujeres, en muchos lugares, contamos cada vez con más presencia en el ámbito público y, aunque minoritariamente, en puestos de poder, aún no nos sentimos del todo con derecho, con poder, con la suficiente autonomía para decidir en base a nuestros intereses propios y para modificar el sistema impuesto.

Dinero y Pareja. Un Reflejo de las Desigualdades de Género

Las desigualdades que las asignaciones de esta ideología han generado y mantiene se reproducen en las relaciones de pareja.

En general, la dependencia económica de las mujeres sigue prevaleciendo y se concibe como algo normal, algo que tiene que ser porque siempre ha sido así… Si no nos cuestionamos los porqués y el origen de las creencias y comportamientos; si no atendemos a sus consecuencias en la vida, salud física y psíquica de las personas; si no comprendemos que otros modos de vivir y sentir son posibles e incluso más sanos en todos los aspectos… es imposible que evolucionemos, que provoquemos cambios duraderos…que algo siempre haya sido de un modo no significa que sea bueno ni lo mejor, no debería convertirlo en norma, en algo inamovible.

“Me declaro en contra de todo poder cimentado en prejuicios aunque sean antiguos.”

Mary Wollstonecraft

Es por eso que luchamos y nos movilizamos tantas mujeres, porque hemos comprendido que este sistema patriarcal nos somete, no solo a nosotras, sino a toda persona que difiera de lo considerado normal, toda persona que no sea como se ha establecido que se tiene que ser.

 

¿Qué supone la dependencia económica en las mujeres?

Ser dependiente en cualquier ámbito de nuestra vida comporta un freno a nuestro desarrollo personal y a nuestra libertad. La dependencia nos confina, dirige nuestros pensamientos limitando nuestra capacidad de decidir y de actuar, desembocando en malestares diversos tanto físicos como psicológicos, que pueden manifestarse en forma de dolores, enfermedades, ansiedad, depresión, frustración, falta de ganas para la vida, etc.

A las mujeres nos han dicho y nos dicen que esta dependencia económica en la pareja nos favorece, argumentando por ejemplo que nos libramos de la presión y el esfuerzo que implica tener que ganar dinero para mantener a la familia, para mantenernos a nosotras, que debemos estar agradecidas, calladas y no quejosas como si la queja fuera un capricho y no una necesidad real de manifestar nuestro malestar por no poder ser sujetas de nuestras propias vidas.

Hacer que nos sintamos agradecidas por ese esfuerzo para mantenernos, después de habernos impedido el acceso al trabajo remunerado a lo largo de la historia y de seguir condicionadas en ese acceso; hacernos sentir que debemos estar calladas, perpetúa nuestra subordinación, nos coloca en una posición en la que creemos necesitar la presencia y protección de otro que nos salve, que asuma esas responsabilidades que nos han sido negadas y que al mismo tiempo nos echan en cara no sobrellevar.

No podemos sentirnos culpables por no hacer lo que nos han impedido hacer, no podemos sentirnos culpables porque ahora nos cueste desaprender, reconstruir y asumir dichas responsabilidades.

Es importante tomar conciencia, sobre todo cuando utilizan en nuestra contra argumentos como que no aportamos dinero o lo hacemos en menor cantidad para el sustento familiar, o cuando insinúan que las mujeres en general tenemos carreras profesionales menos exitosas que los hombres, que el que ellos hayan podido desarrollar sus carreras y dispongan de un salario mayor se debe principalmente a que han dedicado su tiempo y espacio de manera casi exclusiva a su desarrollo profesional, porque se han desligado de la responsabilidad que representa hacerse cargo del ámbito doméstico y los cuidados sin olvidar que las oportunidades para la prospección profesional en general son mayores para ellos.

En este punto, habría que reflexionar también lo que esto supone para muchos hombres, cuyas ambiciones, deseos, etc., también se ven condicionados por el sistema establecido. Tanto mujeres como hombres hemos de tomar conciencia de qué es lo que hemos interiorizado y naturalizado como propio. Ser conscientes de los costos personales que esta distribución de roles conlleva, es el primer paso para cuestionarlos, poder rectificarlos y salir de situaciones de peligro generadas por decisiones tomadas en relación a nuestra propia economía.

En cuanto a los costos personales, muchas mujeres solemos restarles importancia e incluso negarlos, decimos que “no es para tanto”, “no me cuesta tanto hacerlo”, etc. De este modo, seguimos viviendo por y para otras personas, y estamos desvalorizando nuestro tiempo y nuestro espacio, estamos postergando nuestras propias necesidades, sueños y deseos.

Disponer de tiempo y espacio tanto físico como mental resulta fundamental para todas las personas, no podemos ser autónomamente si no nos dedicamos un tiempo propio, si no tenemos un espacio personal para dedicárnoslo, si nuestro espacio mental casi siempre está habitado por otros y otras. Necesitamos tiempo y espacio propios para encontrarnos y conocernos, para no quedarnos atrapadas en tareas y responsabilidades que impidan nuestro desarrollo y en ello, también estamos preservando nuestra economía propia ya que tiempo y dinero van ligados aunque pocas veces reparemos en ello. Si ponemos un adecuado precio interno  a nuestro trabajo lo podremos convertir en sueños o en otro Tiempo para el descanso o el auto-descubrimiento.

 

El Amor Romántico y el Dinero en la Pareja

La idea predominante de amor existente es otra construcción sociocultural, que tradicionalmente nos ha situado a las mujeres en un segundo plano, erigiendo a los hombres en nuestro centro y pivotando alrededor de ellos.

La consecución de este amor preestablecido es una de las principales aspiraciones que nos han inculcado a las mujeres. Aspiramos a ser amadas y amar de un modo que muchas veces nos lleva a anularnos, a servir al otro para mantenerlo a nuestro lado, amamos condicionadas por el temor al abandono, creyendo que si satisfacemos en todo a la otra persona nos aseguraremos su amor. De este modo, sepultamos lo propio bajo lo ajeno, nos diluimos en el otro.

Estas creencias en torno al amor influyen en nuestra posición de acatamiento y de dependencia económica, porque sustentan la idea de que el hombre es la parte activa y la mujer la pasiva y cuidadora. Nos llevan, por ejemplo, a sentirnos culpables al ganar o generar dinero o al ganar más que nuestra pareja.

Además, estas creencias dificultan que nos sintamos capaces de emplear el dinero en nosotras mismas sin permiso o sin consultarlo antes. Las ideas en relación al amor y al dinero en la pareja se retro-alimentan y esconden una misma ideología, una idea machista de organización del dinero tuyo, del otro y de la pareja.

 

Las Negociaciones en la Pareja

Tradicionalmente en las parejas, las familias, las mujeres nos hemos encargado de la gestión del dinero destinado a cubrir necesidades (alimentos, ropa, hogar, educación…), es una gestión básica para el bienestar de la familia, pero que supone escasa autonomía y no suele ser reconocido. Por otra parte, a los hombres les ha correspondido, en su mayoría,  la responsabilidad de ganar el dinero para la familia y gestionar el resto de gastos (inversiones, ocio, posesiones importantes…), que suponen mayor autonomía y reconocimiento. Este concepto se conoce como gana pan y supone una gran presión en la vivencia como hombre ya que cuando no pueden sostener a la familia su utilidad y sentido se ve mermada hasta resentirse.

A las mujeres muchas veces nos cuesta considerar el dinero como propio y, por lo tanto, destinarlo a necesidades y/o intereses propios. Esto sucede tanto en mujeres con total dependencia económica respecto a sus parejas como en mujeres con ingresos propios, puesto que acarreamos la creencia de que hemos de destinarlo a la familia y la culpa de emplearlo en nosotras.

Para poder enfrentarnos a estas dinámicas y ser capaces de negociar en la pareja, en la gestión del dinero es fundamental que las mujeres sepamos cuáles son nuestros deseos e intereses personales y los protejamos y prioricemos. Es importante también que poseamos recursos propios, que nos marquemos objetivos y los persigamos. Y, como en toda negociación, resulta básico ser capaz tanto de decir no como de manejar apropiadamente recibirlo.

Recordemos siempre que los intereses propios son tan legítimos como los ajenos, y que en la negociación se buscan acuerdos y el beneficio mutuo desde la igualdad.

Para defender nuestros derechos e intereses las mujeres hemos de desterrar prejuicios e ideas estereotipadas como que esa defensa nos convierte en personas egoístas o que en nuestro caso es “bueno” y solidario anteponer el desarrollo del otro y olvidar el propio.

Caminar hacia el empoderamiento individual y colectivo, no sólo en lo relativo al dinero sino en cada ámbito, desde la sororidad, es lo que nos convertirá en sujetas autónomas, es lo que posibilitará el cambio de cada mujer y de todas las mujeres juntas, contribuyendo a su vez a un cambio social, partiendo desde lo más íntimo de cada una y proyectándonos hacia un mundo más libre para todas y todos. 

 

Referencias:

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Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero

¿Cómo nos sentimos las mujeres respecto al dinero, al uso del mismo, al poder? ¿Nos sentimos autónomas en su uso? ¿Cuánto vale nuestro tiempo? ¿Tiene alguna relación el dinero con el tiempo? ¿Qué precio ponemos a nuestro trabajo y conocimiento? ¿Nos sentimos en condición de igualdad con nuestra pareja para el empleo del dinero? ¿Usamos los dineros grandes o los dineros pequeños?

En esta publicación os hablamos sobre el dinero en la pareja y sobre cómo conseguir la independencia y autonomía necesarias para el empoderamiento económico.

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