La diferencia existencial entre vivir con agua potable o no

5 Oct, 2017 | Artículos, Derechos Humanos, Ecofeminismo

Actualmente, cerca de 900 millones de personas no tienen acceso a agua potable, limpia y segura y 2.600 millones no cuentan con los servicios mínimos de saneamiento, según la ONU, de las cuales un 82% son personas que viven en zonas rurales… Y tan solo el 3% del agua del planeta es agua dulce.

Sin embargo, parece que el agua no es algo que las sociedades occidentales sepamos valorar ya que, el derroche y contaminación que realizamos en el denominado mundo desarrollado es descontrolado frente a la realidad de que una de cada tres personas vive con escasez o ningún acceso al agua, elemento fundamental que garantiza la existencia de vida en el planeta.

De hecho, la vida puede cambiar mucho entre personas que disponen de agua potable e instalaciones higiénicas y de saneamiento al alcance de la mano, y las personas que no. La desigualdad y diferencia existencial entre vivir con agua potable o no, es mayúscula.

 

Condiciones de vida sin agua potable

A pesar de que los avances realizados en materia de instalaciones higiénicas y de acceso a agua potable, la realidad es que aún existen un 13% de la población mundial que no puede beber agua y un 39% que no dispone de servicios de higiene básicos.

La mayoría de los hogares filtra el agua con telas, por lo que la exposición a enfermedades es constante. Las consecuencias palpables de consumir agua sucia son las enfermedades de transmisión hídrica como diarreas, malaria, cólera o lombrices intestinales. Un tercio de las muertes de niños y niñas menores de cinco años está relacionado con la falta de higiene a causa de la escasez de este recurso. En Tanzania, hasta 9% de ellas se producen por diarreas.

“El agua y el saneamiento son uno de los principales motores de la salud pública. Suelo referirme a ellos como «Salud 101», lo que significa que en cuanto se pueda garantizar el acceso al agua salubre y a instalaciones sanitarias adecuadas para todos, independientemente de la diferencia de sus condiciones de vida, se habrá ganado una importante batalla contra todo tipo de enfermedades.”

Dr LEE Jong-wook, Director General, Organización Mundial de la Salud

La crisis del agua es un problema mundial y todo parece indicar que en los próximos años será cada vez más grave si no se toman medidas drásticas para gestionarlo. Se estima que para el año 2040 algunos países tendrán que enfrentar una gravísima situación respecto al acceso al agua potable y algunos, incluso, tendrán que importar el 100% del agua necesaria tanto para la industria como para la población en general, porque la tierra estará desierta.

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¿Existe esperanza para las generaciones futuras?

El 28 de julio de 2010 el acceso al agua potable y al saneamiento fue, por fin, reconocido como un derecho humano a través de la Resolución 64/292 en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Esa decisión intentaba impulsar a gobiernos y organizaciones para que dedicaran parte de su financiación a proveer de los recursos y la tecnología necesaria para que, los países que lo necesitaran, tuvieran suministro de agua potable y un saneamiento accesible, saludable y asequible.

Hasta que esas políticas impulsen finalmente las soluciones necesarias, las mujeres alrededor del mundo se están juntando para decidir sobre sus necesidades de agua y sanitarias. Su fuerza y coraje está trasformando sus comunidades. Con el apoyo de Water.org y sus asociados locales, las mujeres organizan sus comunidades en grupos de autoayuda para mantener un buen sistema mediante pequeños préstamos con los que realizar conexiones de agua y de aseos en las casas. Se apoyan mutuamente y comparten responsabilidades, teniendo sus esfuerzos un gran impacto en sus vidas y, en general, en la vida de toda su comunidad.

Los resultados de la mejora sanitaria indicen en la educación, aumentando la asistencia de las niñas a los colegios, aumentando las tasas de educación y de alfabetización, ya que no tienen que faltar más al colegio al no tener que proveer de agua a sus familias además de contar con sanitarios adecuados y específicos para ellas.

También supone una mejora para la salud de las mujeres y de las niñas que no tienen que retrasar sus evacuaciones, además que reduce la mortalidad de la madre y de los niños y niñas en el parto al tener acceso a agua potable, instalaciones de saneamiento e higiene. Además, mejora la dignidad de las mujeres y las niñas cuando tienen los síntomas asociados a la menstruación, aún tabú en muchas sociedades. Por no hablar de los daños físicos que se evitan al no tener que cargar peso en el transporte diario del agua, ya que, alrededor del mundo, mujeres y niñas dedican más de 125 millones de horas cada día a recolectar agua para sus familias (unas 6 horas de media), en recipientes que pueden llegar a pesar hasta 20 kilos.

Así mismo, se reduce el riesgo de sufrir violencia ya que las mujeres y las niñas están menos expuestas a violaciones, abuso sexual, agresiones que tienen que sufrir sistemáticamente al tener que ir a sitios apartados para hacer sus necesidades o para recoger el agua.

A nivel socioeconómico supone una oportunidad para las mujeres y las niñas, ya que tienen más aptitudes y conocimientos que les ayudan a salir del alcance de los roles tradicionales que las someten y limitan. Adquieren una voz más fuerte dentro de las familias y de las comunidades para negociar sus propias necesidades y deseos. Tener agua y sanidad les supone tener oportunidades de empleo además de mayor autonomía e independencia.

 

El agua potable es un recurso vital para el ser humano y el derecho al agua potable y al saneamiento forma parte integrante de los derechos humanos oficialmente reconocidos.

Nunca se ha considerado el agua como lo que realmente es: un bien común universal, patrimonio vital de la humanidad.

El acceso al agua debe ser considerado como un derecho básico, individual y colectivamente inalienable.

 

Referencias:

La fuente de las mujeres

La fuente de las mujeres nos acerca en concreto a un pequeño pueblo de Oriente Medio donde la tradición patriarcal obliga a que sólo las mujeres sean las responsables de ir a buscar agua. Son ellas las mujeres, las únicas responsables de abastecer de agua a todo el pueblo mientras los hombres descansan tranquilamente. Las mujeres caminan día tras día, bajo un sol ardiente por una tierra árida, hasta la fuente de agua que nace en lo alto de la montaña.

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