Nuestros cuerpos no son una mercancía

12 Jul, 2016 | Artículos, Derechos Humanos, Feminismos, Violencia contra las mujeres

La trata de personas y explotación sexual de mujeres y niñas es otra de las violencias machistas que sigue normalizada y reforzada en este sistema patriarcal-andro-céntrico, y las noticias sobre ello se repiten con espantosa asiduidad.  

Y nosotras, indignadas, aterradas y estupefactas porque ésta siga siendo una realidad que acosa a millones de mujeres y niñas en el mundo queremos dejar bien claro que nuestros cuerpos no son una mercancía.

 

¿Por qué es el 23 de Septiembre el día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños?

La Conferencia Mundial de la Coalición Contra el Tráfico de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Bangladesh, en 1999, estableció el día 23 de septiembre como el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas en homenaje a la denominada Ley Palacios.

La ley 9.143 de Argentina, conocida como Ley Palacios por el diputado Alfredo Palacios que la editó y la impulsó, fue la primera norma contra la trata de blancas, la prostitución de niñas y adolescentes y el proxenetismo.

A pesar de que en 1904 y 1910 se habían firmado dos acuerdos internacionales en contra de la trata de blancas, éstos no tenían fuerza de ley y estaban sujetos a la voluntad de los Estados. Por este motivo, la ley Palacios puede ser reivindicada como la primera legislación en el mundo que castigaba el proxenetismo, la trata de personas y el abuso de menores, y que, además, ha sido modelo para las leyes que posteriormente aprobaron otros países.

El Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños y niñas, más conocido como el Protocolo de Palermo entró en vigor en diciembre de 2000 y ofreció a todos los países una definición concreta sobre la trata de personas y explotación.

Se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

A pesar de que la explotación sexual es una de las consecuencias más numerosas de la trata de personas, en especial de la trata de mujeres, en el Protocolo de Palermo no se habla de explotación sexual de una forma concreta, como tampoco de la prostitución. Se utilizan fórmulas como explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual.

El motivo, o las excusas, por lo que todavía no existe una definición mundial y aceptada por todos los países proviene de las diferentes regulaciones que en términos de prostitución tienen los distintos países. No es casual que los legisladores sean en su mayoría hombres y que todavía no hayan realizado unas propuestas serias para acabar con este problema social que afecta a todas las mujeres del mundo.

 

Algunos datos sobre la explotación sexual y el componente de género

La ONU reconoce el 30 de julio como el Día Internacional Contra la Trata de Personas. Y según los propios informes ofrecidos por la ONU es necesario hacer una triste mención especial al caso de la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, los datos dicen que cada año entre 600.000 y 800.00 personas cruzan las fronteras internacionales como víctimas de trata. El informe hace especial hincapié en el género como factor determinante debido a que el 80% de esas personas son mujeres y más del 50% son menores de edad.

Según Naciones Unidas la trata de personas mueve anualmente entre 6 y 7 billones de dólares al año y de éstos, el 85% son beneficios económicos del comercio sexual.

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Gráfica 1 sobre la Trata de Personas. Fuente datos: Protocolo de Palermo

Si profundizamos un poco más en las cifras observamos que, en la trata con fines de explotación sexual, un 98% son mujeres y niñas frente a un 2% que son varones.

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Gráfica 2 sobre la Trata de Personas. Fuente datos: Protocolo de Palermo

Los traficantes de personas se aprovechan de los más desesperados y vulnerables. Para poner fin a esta práctica inhumana, debemos hacer más para proteger a los migrantes y refugiados, sobre todo a los jóvenes, las mujeres y los niños, de quienes se aprovechan de su deseo de alcanzar un futuro mejor, más seguro y más digno.

Mensaje del Secretario General Ban Ki-moon
30 de julio de 2016

A pesar de que la trata de mujeres con fines de explotación sexual constituye un delito de agravio a la humanidad es unos de los negocios más lucrativos del siglo XXI. La esclavitud sexual de las mujeres responde a un patrón machista donde los hombres son los mayores consumidores de prostitución en el mundo. En España un 39% de los hombres consume prostitución, situándose en el tercer país mundial, solo por detrás de Puerto Rico con un 61% y Tailandia 73%, unas cifras escalofriantes.

La esclavitud sexual derivada de la trata de personas con fines de explotación sexual es el tercer negocio ilegal más importante en España, por detrás del narcotráfico y el tráfico de armas. Muchas asociaciones y colectivos denuncian que todos los países invierten sumas millonarias en la lucha contra el narcotráfico y el tráfico de armas y que en la lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual, sencillamente, no se invierte.

Como en todos los negocios el problema principal de la prostitución es la demanda. La demanda que los hombres de todo el mundo realizan de mujeres, en muchísimos casos de niñas, no cesa porque lo que no cesa es la idea machista de que el cuerpo de las mujeres está al servicio del placer de los hombres. La prostitución se convierte en  otra forma de violencia contra las mujeres desde el momento en que esa práctica no es elegida por ellas ni respeta los derechos humanos de las mujeres. Hablamos, obviamente, en todos estos casos donde la prostitución es forzada y no elegida por las mujeres.

Es necesario para acabar con esta lacra social, que asesina y viola a millones de mujeres y niñas en todo el mundo, que las mujeres puedan decidir sobre su vida y dentro de la misma qué hacen con su cuerpo. El problema no es el trabajo que se haga con nuestro cuerpo que, al fin y al cabo, es nuestro, sino las condiciones a las que nos vemos sometidas. Son muchas las formas en las que las mujeres nos podemos prostituir y algunas formas están más aceptadas que otras pero en este momento estamos hablando de formas graves e inhumanas, hablamos de la explotación y la trata y las condiciones en las que estas mujeres son traídas a la fuerza, violadas en sus más básicos derechos humanos diariamente, sus enfrentamientos con la policía que las persigue, los proxenetas, delincuentes, violadores y torturadores de estas mujeres… Esta realidad, sin entrar en debates tan necesarios como respetables de abolición o regulación, sí es con lo que hay que acabar antes de que siga costando la vida de más mujeres.

“La prostitución es una institución fundamental en el orden de género y, como tal, afecta a todas las mujeres por lo que como feministas es una cuestión que nos importa y nos tiene que importar. Pero el debate, sea cual sea, tiene que hacerse con ellas, por supuesto, con las mujeres que se dedican o que se han dedicado a esta actividad”

Beatriz Gimeno

 

¿Cómo luchar contra esta lacra social?

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer los factores más importantes por los que las mujeres y las niñas son las principales afectadas por el fenómeno de la esclavitud sexual.

Nosotras creemos firmemente que el factor principal es el machismo, la violencia patriarcal ejercida desde las autoridades que no solo no protegen a las mujeres y niñas que son víctimas de la explotación sexual sino que favorece e incluso mira para otro lado en lugar de combatirla. Es necesario que los mayores consumidores de prostitución, que son los hombres, fueran penados del maltrato físico y psicológico al que son sometidas estas mujeres.

Por otro lado, están los factores económicos. Las mujeres, como grupo discriminado y considerado erróneamente inferior en muchas partes del mundo, disponen de menos derechos que los hombres, y dentro de esos derechos que nos son arrebatados está el derecho al trabajo. Las mujeres en circunstancias de desventaja son potenciales víctimas de la explotación sexual o de la trata de personas con fines de esclavitud. A este factor del no derecho al trabajo y empobrecimiento económico dependiente de otros, se suman otros como el no derecho a la educación de las mujeres que desemboca en mujeres analfabetas mucho más fáciles de secuestrar y llevar a otros países, y mucho más vulnerables en los países de destino.

Y el último factor que consideramos importante es la estigmatización y la doble victimización de las mujeres explotadas sexualmente. Al miedo, a la vergüenza y a la necesidad se suman muchas veces la culpabilización de todo un sistema patriarcal que no ha sabido o no ha querido (bien por los propios motivos machistas o bien por motivos económicos) velar por la seguridad de las mujeres y niñas obligadas a salir de sus países de origen y forzadas a prostituirse.

“Pero por encima de todas las razones, la razón que, bajo nuestro punto de vista, sostiene la explotación y la trata de personas es que, con estas prácticas se mantiene la objetualización de las mujeres donde somos vistas como meros recipientes para obtener placer y donde nuestro cuerpo es mercancía con el que trafican personas bajo el chantaje que permite la necesidad extrema para mantener la vida.

Creemos que ha llegado la hora de que se entienda que el cuerpo de las mujeres es nuestro y nuestro placer con él y que nos merecemos una vida digna sin tener que vender ninguna parte íntima o no intima de nuestra piel.”

 

Fuentes:

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Chicas nuevas 24 horas es un documental que pone el foco en el problema de la esclavitud sexual en España. A través de la prostitución millones de mujeres y niñas son obligadas a ejercer de trabajadoras sexuales forzadas. Este negocio que es el tercer negocio más lucrativo en España por detrás del narcotráfico y el tráfico de armas, en cambio, apenas si tiene inversión estatal para la lucha contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

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