Cuando la ansiedad camina a nuestro lado

3 Mar, 2017 | Artículos, Educación Emocional, Empoderamiento, Salud

¿Quién no ha sentido alguna vez en su vida ansiedad? ¿Quién no ha tenido alguna vez un ataque de ansiedad? ¿Quién no se ha tenido que enfrentar a la terrible sensación de perder el control sobre el propio cuerpo y la mente?

Es más, sentimos la ansiedad demasiado a menudo y, en ocasiones, aparece de forma repentina, en forma de crisis que nos arrastra a unas emociones físicas y mentales que nos poseen y descontrolan, afectando a la manera en que nos sentimos, pensamos y actuamos, pareciendo que no vamos a conseguir gestionarlas.

Pero lo normal es que esa sensación de descontrol desaparezca en poco tiempo y se calme ya que, nuestros mecanismos de adaptación consiguen volver a equilibrarnos hacia un estado que sea de bienestar.

Sin embargo, algunas personas conviven a diario con estados de ansiedad que condicionan la forma en la que pueden vivir y disfrutar de la vida, y su participación en ella se ve limitada a un estado emocional que le genera malestar hasta el punto que puede bloquearles completamente al plantearse realizar cualquier actividad normal de la vida.

Cuando la ansiedad camina a nuestro lado, convirtiéndose en una compañera de viaje, se considera patológica y es denominada como trastorno, el cual debe ser abordado mediante todas las vías médicas y personales que sean posibles.

Lo fundamental es trabajar en la prevención para poder detectar los factores físicos, mentales y sociales que provocan el estrés y, por tanto, la ansiedad, la cual puede desencadenarse en una patología medicalizada, y en ningún caso debemos naturalizarla como una característica de nuestro día a día porque, sin duda alguna, tiene solución y nos merecemos vivir sin ella.

Estrés, ansiedad y la salud de las mujeres

La ansiedad es una enfermedad de las nuevas sociedades modernas en las cuales los factores estresores físicos, mentales y sociales son mayores que en otros contextos sociales donde la vida transcurre a otro ritmo.

Son precisamente esos factores del contexto social particular los que condicionan la vida y la salud de las personas, pero especialmente y lamentablemente, una vez más, somos las mujeres las que padecemos en mayor medida este tipo de trastornos, ya que sufrimos una violencia y discriminación de tipo estructural.

Los casos de crisis de angustia o de ataques de pánico van en aumento y las mujeres somos especialmente sensibles a estos trastornos de ansiedad a nivel patológico. Y es que, la presión y los mandatos de género a los que estamos sometidas las mujeres son letales para nuestra salud mental y emocional.

En España, los trastornos mentales comunes, -depresión, ansiedad y somatizaciones-, son el doble de frecuentes en mujeres que en hombres (11,44% en mujeres y 5,25% en hombres). Los trastornos del estado del ánimo, 11,47% en población general, son también más del doble en mujeres (15,85% en mujeres, 6,71% en hombres). En los trastornos de la alimentación, la prevalencia de la anorexia nerviosa es de 1-3% en población general y el 90% de los casos son mujeres. Las estadísticas ya señalan que las mujeres son las diagnosticadas y consumidoras del 80% de los ansiolíticos en el mundo.

Todo el aprendizaje cognitivo, afectivo y social que realizamos desde la infancia, nos predispone a responder de una u otra manera frente a las vicisitudes de la vida, de la forma que consideramos emocionalmente satisfactoria. Pero, en el caso de las mujeres, no tenemos adecuadamente desarrolladas herramientas vitales que nos previenen de una ansiedad desproporcionada, como la asertividad, factor protector esencial contra el estrés y la ansiedad.

Factores psicosociales estresores para las mujeres

En las mujeres se dan con mayor asiduidad factores estresores que pueden generar procesos de ansiedad de manera más habitual, pues estos factores se dan por nuestro frenético ritmo de vida en el cual nos vemos, por una parte, responsabilizadas en exceso (en lo personal y en lo profesional) aunque, paradójicamente, por otra parte seamos invisibilizadas de forma sistemática a todos los niveles.

  • Tenemos un exceso de responsabilidad, ya que se nos han impuesto tareas de cuidados domésticos y de personas, que implican dedicar mayor tiempo a otras personas en vez de dedicarlo en nosotras mismas.
  • Vivimos más situaciones de estrés, porque ya solo por el hecho de ser mujeres estamos expuestas a todos los factores psicosociales fruto de la exposición a las violencias sistémicas en la que vivimos (violencia simbólica, psicológica, física, sexual, económica)
  • Nos marcamos altos niveles de auto-exigencia, ya que la sociedad nos pide demostrar más fuerte y más a menudo de lo que somos capaces de hacer, puesto que no nos da el mismo crédito ni reconocimiento que da a los hombres.
  • Nuestra autoestima y niveles de seguridad se ven constantemente mermadas, ya que debido a la falta de valoración externa, nuestra propia valoración interna se ve comprometida y va flojeando hasta tener un autoconcepto que no se corresponde con la realidad de quienes somos, de nuestras habilidades y capacidades.
  • Todo esto conlleva a un desequilibrio emocional constante en el que la estabilidad de nuestro estado de ánimo y gestión de las emociones se ven directamente afectados de forma negativa, siendo más vulnerables y propensas a tener sentimientos y pensamientos negativos que limitan nuestras actuaciones y conductas.

Vulnerabilidad por discriminación de género

El estereotipo social aprendido que desvaloriza a las mujeres y lo que hacemos, así como nuestra presencia y función en la vida pública y laboral, es lo que genera desiguales estándares de contratación, desiguales oportunidades de entrenamiento y formación, menor salario a igual trabajo, desigual acceso a los recursos productivos, segregación y concentración de las mujeres en sectores y ocupaciones tradicionalmente feminizados, diferentes condiciones de trabajo físicas y mentales, desigual participación en las decisiones, menor control y desigual promoción… Y un largo etcétera que hace la vida de las mujeres más difícil y complicada de gestionar y soportar.

Las mujeres, que sufrimos discriminación por el mero hecho de serlo, sufrimos también la desigualdad en la forma de enfermar causada por factores psicosociales de vulnerabilidad de género.

Esta diferencia por sexo y género es completamente injusta y evitable, ya que se debería acabar con las posiciones de subordinadas y sobrecarga que recaen sobre las mujeres, produciendo cambios que son necesarios. Si acabamos con las desigualdades estaremos acabando con una fuente de estrés y ansiedad que actualmente condiciona la vida de tantas personas por el mero hecho discriminatorio de ser mujeres.

Protección frente a los factores estresores

Te proponemos una serie de hábitos y actitudes que puedes adoptar en tu día a día para que no des margen a que, esos factores estresores que te rodean y acechan, se puedan apoderar de tu vida.

Tener el control sobre nuestro propio cuerpo, mente y corazón es una de las primeras vías de empoderamiento que tenemos, para tener así el poder sobre lo que deseamos, queremos, hacemos…

  • Analiza los sentimientos y emociones de forma activa, es decir, que cuando aparecen no les dejes pasar sin más sino que deberías preguntarte porqué se dan y a dónde te llevan.
  • Desarrolla tu autonomía e independencia personal, porque es necesario que vivas tu propia vida con tus propios recursos personales y económicos que te ayudaran a desarrollar tus recursos emocionales.
  • Realiza proyectos y deseos propios, para seguir asegurando el fortalecimiento de tu empoderamiento individual.
  • Sociabiliza, crea y/o participa de una red de encuentro y apoyo social, para llegar al empoderamiento comunitario y participar activamente de la vida política y social.
  • Date el permiso de ser sujeta activa de la vida y la realidad que vives, dentro de tu particularidad, ya que no te mereces ser una víctima  de las circunstancias y de los modelos sociales.
  • Abandona las sujeciones al modelo de género tradicional para dar un gran paso hacia las relaciones sanas basadas en el respeto y la igualdad.
  • Resuelve las sobrecargas existenciales, compartiendo, delegando y conciliando las responsabilidades de cuidados y del hogar, sin tener que asumir que es una responsabilidad ineludible por ser impuesta.

Consejos para gestionar la ansiedad

Ya que la ansiedad no es una enfermedad sino una respuesta normal del organismo, que es incluso beneficiosa aunque en ocasiones excesiva, nuestro objetivo es aprender a regular dicha respuesta en caso de que se dé, pero sobre todo, debemos aprender y desarrollar herramientas y habilidades que nos permitan tomar nosotras mismas el control sobre lo que está sucediendo.

  • Conoce la ansiedad y sus síntomas para saber identificar cuándo está apareciendo es el primer paso para poder gestionarla y evitar incluso que se dé o que vaya a más.
  • Acepta lo que está sucediendo con la mayor tranquilidad posible para poder gestionar mejor las sensaciones y efectos sin acentuar el proceso.
  • Respira lenta y profundamente para inducir a la relajación física y mental, lo cual nos va a permitir tomar el control sobre ambas, cuerpo y mente.
  • Elimina los pensamientos negativos para poder tener una actitud positiva que te permita interpretar las cosas y situaciones de forma correcta.
  • Habla sobre lo que estás sintiendo y pensando, ya que la acumulación de pensamientos y sentimientos que no dejamos salir suponen una sobrecarga que nos lleva a estallar y sufrir la tensión que nos provoca la ansiedad.
  • La asertividad es una herramienta fundamental en la vida, ya que nos permite comunicarnos de una forma que se basa en el respeto y la empatía, teniendo en cuenta que la persona que importa es una misma y la opinión propia.
  • Ralentiza el ritmo de vida para poder estar más relajada y sosegada, así verás como el camino es más fácil y bello de andar si tienes tiempo para fijarte y apreciar las cosas y personas que te rodean.
  • Las preocupaciones son una fuente inagotable de malestar, por lo que es fundamental que resuelvas los problemas y conflictos que tengan solución, y que te olvides y dejes aparte aquellos que no la tengan, pues suponen un desgaste inútil de energía.
  • Vive en el presente, ya que el pasado no lo puedes modificar y el futuro no lo puedes predecir, sino que éste vendrá en función de lo que construyas en el presente.
  • Descansar el cuerpo y la mente en una tarea necesaria a la cual debemos dedicar un tiempo diariamente, pues así descargamos y nos regeneramos para seguir adelante en vez de arrastrar una pesada carga que se siga acumulando.
  • Realiza actividades con las que te sientas a gusto, charlar, pasear, pintar, bailar, lanzar piedras al río… cualquier actividad es valiosa para tu salud si al practicarla te sientes bien y feliz.
  • El ejercicio físico, aunque sea un paseo, supone un beneficio para tu salud ya que además de relajar los músculos, segregamos hormonas (serotonina, dopamina y endorfinas) que nos calman, dan placer y nos hacen sentir alegres.
  • La risa es una herramienta placentera que nos permite des-estresar y quitar importancia a las cosas, por lo que prueba a reírte y comparte ese momento de risas y verás como no era para tanto.
  • Mantén una buena alimentación mediante dietas equilibradas ya que lo que comemos y la forma en que lo comemos es factor directo que influye en nuestra salud.

 

Referencias:

  • Las causas orgánicas del malestar de las mujeres”, Dra. Carme Valls-Llobet, 2005, para la Revista Mujeres y Salud [16].
  • Recomendaciones para la práctica del enfoque de género en salud”, Sara Velasco Arias, Madrid 2008, para el Observatorio de Salud de la Mujer, Dirección General de la Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud, Secretaría General de Sanidad, Ministerio de Sanidad y Consumo.
  • El efecto de los factores estresantes en las mujeres”, Rosa María Segura González, Alternativas en Psicología. Número Especial. Mayo 2015.
  • Impacto diferencial del estrés entre hombres y mujeres: una aproximación desde el género”, Rosa María Segura González, Alternativas en Psicología. Número 36. Noviembre 2016.

Formación relacionada:

Programa para la Prevención de la Ansiedad

El propósito principal de este programa es propiciar que las mujeres sean conscientes de las situaciones estresantes de sus vidas que les pueden derivar en crisis de ansiedad.

Más información

Te puede interesar:

La importancia de Decir No

Saber Decir No, aprender a hacerlo, resulta básico para todas las personas, para nuestro desarrollo personal sano y positivo. Pero cobra especial importancia para nosotras las mujeres, puesto que nuestros deseos, necesidades, sueños, motivaciones, expectativas vitales, etc., se han visto sometidos y silenciados a lo largo de la historia, debido al sistema sociocultural dominante.

En esta publicación os hablamos sobre la importancia de decir no y cómo podemos ponerla en práctica de forma asertiva.

Seguir leyendo

Pin It on Pinterest