¿Cómo funciona el hambre?

29 Mar, 2019Artículos

La sensación de hambre es el mecanismo mediante el cual nuestros cuerpos nos avisan de que requieren alimento, para seguir funcionando correctamente. En ocasiones puede ser que confundamos esta necesidad fisiológica con otro tipo de necesidad psicológica. Para poder identificar y atender mejor a este comportamiento, explicaremos cómo funciona el hambre.

¿De dónde viene la sensación de hambre?

En primer lugar, es importante saber que existen diversos sistemas y órganos de nuestro cuerpo que intervienen en la sensación de hambre.

El mecanismo contrario al hambre es la saciedad. Se trata de un proceso muy interesante, ya que la sensación de satisfacción después de comer puede tardar hasta media hora, por lo que podríamos seguir comiendo, aunque nuestro organismo no necesite más alimento. Por ello, es recomendable comer despacio para darle a nuestro cuerpo la posibilidad de experimentar la saciedad con lo que estamos ingiriendo.

Cuando nuestro estómago lleva vacío más de dos horas, empieza a contraerse para procesar la comida que llegará al intestino delgado. Aunque estos movimientos del estómago se producen de manera constante, el estómago nos informa de la falta de alimento mediante el ruido que comúnmente llamamos “un rugido de la tripa”.

Existe la denominada “hormona del hambre” o ghrelina que segrega nuestro estómago para provocar el apetito. Dicha hormona aumenta sus niveles antes de comer, y deberían disminuir después de la ingesta.

Otro órgano que interviene para controlar el proceso del hambre y la alimentación, es el páncreas, cuya importante función muchas veces nos pasa desapercibida. El páncreas se sitúa en la parte anterior del estómago y secreta la insulina, una hormona fundamental para regular los niveles de glucosa en la sangre.

La secreción de insulina antes de comer, genera un bajón de glucosa, razón por la que podemos experimentar la sensación de debilidad corporal o confusión cuando sentimos hambre.

Cuando el estómago segrega la hormona del hambre, disminuyen los niveles de glucosa en la sangre por actividad del páncreas. En este momento, el hipotálamo, es decir, el centro cerebral que controla tanto el hambre como la saciedad, recibe la alerta de que debemos ingerir alimentos, por medio de las señales que emite el nervio vago.

Nuestra sangre también es indicadora del hambre, pues todos los nutrientes que resultan de la síntesis de los alimentos, es decir, la glucosa, aminoácidos y ácidos grasos, están en sus niveles más bajos en el torrente sanguíneo cuando no hemos comido.

Por último, nuestro cerebro no sólo recibe la señal de apetito, sino que también reacciona cuando tenemos hambre, por lo que podemos experimentar estados de ánimo como irritabilidad o cansancio cuando nos falta el alimento, además de que nuestro rendimiento intelectual también se verá alterado.

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Hambre física o hambre emocional: diferencias

Tanto el hambre como la saciedad o la sensación de estar satisfechas con lo que hemos comido, son sensaciones vitales. Cuando sentimos hambre, se estimulan también los sentidos como el olfato y la vista, incluso hay quienes afirman que el hambre entra por los ojos, aunque lo que ocurre es simplemente, que nos parece apetitoso aquello que estamos viendo y lo comemos con mayor placer.  

El hambre física se produce, como hemos explicado, por la sencilla razón de que nuestro cuerpo necesita materia para mantenerse en funcionamiento. El hambre física va aumentando gradualmente, y normalmente las personas tenemos la capacidad de control sobre lo que comemos, con tal de disminuir esta sensación, aunque no siempre es así.

Ocurre en el caso de la denominada hambre emocional, que aparece de manera repentina y nos produce ganas de comer sin razón aparente, y en esta situación nos atraen más ciertas comidas como postres, chocolate o cualquier alimento dulce.

Sentimos hambre emocional, porque comer determinados alimentos nos produce placer, pero también la experimentamos porque necesitamos llenar un vacío. Por ejemplo, cuando las personas están estresadas, ansiosas, o cuando están deprimidas, surge el hambre emocional. Pero también cuando experimentamos euforia o felicidad, como en una celebración, una fiesta, o reunión con amistades o la familia.

Saciar el hambre de manera consciente

No hay hambre insaciable. Esta idea nos lleva a preguntarnos qué significa controlar nuestro apetito y cómo podemos conseguirlo.

El hambre desmedida puede ser una manifestación de enfermedad, ya sea por trastornos de las glándulas endrocrinas, o enfermedades más severas.

El es caso del Síndrome de Prader Willi, una patología que se clasifica dentro de las enfermedades raras. Esta enfermedad se caracteriza porque el cerebro no recibe la sensación de saciedad, por lo que la persona que la padece, tiende a comer de manera incontrolada, lo que produce también ansiedad y frustración.

En España hay unas 3000 personas diagnosticadas con esta enfermedad, que no tiene cura, pues está causada por una alteración cromosómica, pero puede tratarse con medicamentos para mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

Salvo estas excepciones, en el resto de los casos, las personas tenemos la capacidad de controlar nuestro apetito, así como de decidir dejar de comer cuando experimentamos la saciedad.

Todas las personas hemos comido, más de alguna ocasión, sin tener necesidad de alimento, es decir, por placer o por ansiedad. Y no debemos sentir culpa por ello. Lo que sí es importante, es hacer la reflexión para llevar a cabo una alimentación consciente, de manera que podamos identificar si nuestra conducta responde en realidad a una carencia emocional, o a una necesidad fisiológica.

 

El hambre que responde a una necesidad emocional, puede repercutir en trastornos de alimentación, como la obesidad, la anorexia, la bulimia, entre otros, y agravarse con otras enfermedades. Además afecta la autoestima, afectando también nuestra salud emocional.

Una alimentación consciente, nos hará reflexionar sobre todos estos aspectos, algo que podemos hacer cada persona, pero también con ayuda de personas especializadas en ello, de manera que seamos capaces de recuperar la capacidad de gestionar nuestras emociones, y de alimentarnos de forma sana, tanto física, como emocionalmente.

“La comida es un regalo para la vida y honrar su ingesta ayudará a que nuestra vida sea más agradable”.

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