La ciudad de los pozos de Jorge Bucay

por | 2 Abr, 2016 | Educación Emocional, Mindfulness, Poemas

La ciudad de los pozos

Jorge Bucay

 

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las ciudades del planeta. Estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al final.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no solo por el lugar en el que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura).

Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos, pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal en brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llego a la ciudad una moda, que seguramente había nacido en algún pueblito humano.

La nueva idea señalaba que todo ser viviente se precie, debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo que importa no es lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas, algunos llenaron de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos, algunos optaron por el arte y fueron llenándose de pinturas y pianos de cola y sofisticadas pinturas postmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros y revistas especializadas.

Pasó el tiempo…

La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que mientras algunos se conformaban, otros pensaron que deberían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior…

Alguno de ellos fue el primero: En lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad, ensanchándose.

No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada por los otros pozos, y gastaban gran parte de su energía ensanchándose, para hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían ensanchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad…

Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar la capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino en profundidad. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él, le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo, debería de vaciarse de todo contenido…

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vacío de posesiones, el pozo comenzó a volverse profundo, mientras que los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho…

Un día el pozo tuvo una sorpresa: Adentro, muy adentro y muy en el fondo, encontró ¡¡¡agua!!!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua…

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, sacando agua hacia fuera.

La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas brotaron en pasto, en tréboles, en flores y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después…

La vida explotó en colores alrededor del pozo alejado, al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos les preguntaban cómo había conseguido el milagro.

-Ningún milagro-contestaba el Vergel-hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desanduvieron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas…

En la otra punta de la ciudad, otro pozo decidió correr el riesgo del vacío…

Y empezó a profundizar… Y también llegó al agua…

Y también salpicó hacia fuera, creando un segundo oasis verde en el pueblo…

-¿Qué harás cuando se termine el agua? le preguntaban.

-No sé lo que pasará-contestaba-. Pero por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay.

Pasaron unos cuantos meses antes del descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma… Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No solo podían comunicarse de brocal a brocal, superficialmente, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:

La comunicación profunda que solo consiguen entre sí aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen que dar…

Jorge Bucay

Jorge Bucay (Buenos Aires, 30 de octubre de 1949) es un psicodramaturgo, terapeuta gestáltico y escritor argentino. Nació en el barrio de Floresta (Buenos Aires). Considera que la recuperación de los cuentos como forma de comunicación se inscribe en un movimiento de rescate de los valores tradicionales y que la sociedad es culpable de los problemas del individuo sólo hasta que éste se vuelve adulto.

«Yo trabajo sobre la idea aduéñate de tu vida, lo que tienes es tu responsabilidad. Creo que el mundo no es un lugar para competir, sino para compartir, y una condición necesaria es mirarse a uno mismo».

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