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Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero

Mi dinero, tu dinero, nuestro dinero

24 Abr, 2017

¿Cómo nos sentimos las mujeres respecto al dinero, al uso del mismo, al poder? ¿Nos sentimos autónomas en su uso? ¿Cuánto vale nuestro tiempo? ¿Tiene alguna relación el dinero con el tiempo? ¿Qué precio ponemos a nuestro trabajo y conocimiento? ¿Nos sentimos en condición de igualdad con nuestra pareja para el empleo del dinero? ¿Usamos los dineros grandes o los dineros pequeños?

Son muchas las preguntas que debemos hacernos en la relación con la economía propia y en pareja. Es momento de que las mujeres nos detengamos y reflexionemos sobre nuestras posturas y creencias acerca del dinero, porque nuestro empoderamiento pasa también por un empoderamiento económico que posibilite llevar adelante nuestros sueños y deseos, además de cumplir con una de las responsabilidades que tenemos como seres humanas, como es hacernos cargo siempre que nuestras facultades nos lo permitan de ser sujetas económicas de nuestras vidas.

Reflejo de una Desigualdad Social

Las relaciones entre mujeres y hombres, sean de pareja o no, que implican una gestión y negociación del dinero se ven afectadas y son reflejo de las relaciones de desigualdad existentes en la sociedad.

Aportamos algunos datos extraídos de estudios realizador por ONU Mujeres (Entidad para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer de la Organización de las Naciones Unidas), que contextualizan y retratan estas desigualdades:

  • En todo el mundo, las mujeres ganan menos que los hombres. En la mayoría de los países, las mujeres en promedio ganan sólo entre el 60% y el 75% del salario de los hombres.
  • Las mujeres tienen una responsabilidad desproporcionada con respecto al trabajo no remunerado de cuidados que prestan a otras personas. Las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas; entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas), y entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado. En la Unión Europea por ejemplo, el 25% de las mujeres informa que las responsabilidades de cuidados y otras tareas de índole familiar y personal son la razón de su ausencia forzada del trabajo, en comparación con el 3% de los hombres.
  • Las desigualdades de género en el uso del tiempo son todavía altas y persistentes en todos los países. Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a la educación, el ocio, la participación política y el cuidado propio.
  • Las mujeres representan en promedio el 43% de la fuerza de trabajo agrícola en los países en desarrollo. Esto varía considerablemente según la región, desde un 20% o menos en América Latina a un 50% o más en algunas partes de Asia y África.
  • Las mujeres agricultoras controlan menos tierras que los hombres y además tienen un acceso limitado a los insumos, las semillas, el crédito y los servicios de extensión. Menos del 20% de quienes poseen tierras son mujeres.

Esta desigualdad económica tangible en todos los ámbitos: acceso a recursos económicos, brechas salariales, techos de cristal, uso del dinero propio, trabajo sumergido, etc., se reproduce y manifiesta de forma prácticamente invisible dentro de las parejas.

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Históricamente, las mujeres nos enfrentamos a múltiples obstáculos, prohibiciones, sometimientos, confinamientos… únicamente por ser mujeres. Nuestra forma de pensar y actuar respecto al dinero es consecuencia de ello. Nos resulta difícil creernos con derecho a ser independientes y autónomas en el empleo del dinero tanto para la gestión de nuestras necesidades básicas como de nuestros intereses estratégicos.

Hemos sido educadas en la creencia de que los hombres son quienes proveen, dejándonos en una posición de dependencia económica que conlleva falta de libertad, de decisión, de autonomía, de seguridad y por ende de tranquilidad y alegría.

Esa creencia construida e inculcada socio-culturalmente lleva a muchos hombres (y mujeres) a creer y aceptar que tienen derecho a dar permiso a sus parejas para trabajar o que quien tiene el dinero tiene el poder (poder de decisión, poder sobre la otra persona…) y es quien lleva el control de todos los ingresos y posesiones, independientemente de quién lo haya ganado. Una cuestión que se confunde habitualmente es considerar como PODER el que sean las mujeres las que principalmente administran el dinero para la gestión del hogar y para llegar a cubrir las necesidades de la familia. Nada más lejos de la realidad, ya que ser administradora de una gran empresa no te convierte en dueña de la empresa.

Para la Autonomía no basta con la Independencia Económica

Es cierto que la incorporación de las mujeres al mercado laboral ha puesto a nuestro nombre un dinero que ganamos fruto de una transacción de tiempo por dinero. Un tiempo que históricamente ya dedicábamos al trabajo, ya que las mujeres trabajar hemos trabajado siempre, aunque no recibiésemos compensación, y aunque esta compensación siga siendo inferior a la que perciben los hombres ante un mismo puesto.

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La brecha salarial en País Vasco es del 23,95 % a fecha del 2017

Fuente: Navarracapital.es en base a datos de UGT

No obstante, además de acceder al dinero, también hemos de sentirnos sujetas con derecho a poseerlo y libres de culpas por administrarlo y gastarlo según los criterios propios. Si integramos por un lado que somos responsables de sujetarnos económicamente y por otro nos damos el derecho de gestionarlo también en nuestro propio beneficio y no en contra de nadie, asumiremos con más determinación y decisión la defensa de nuestros derechos desde la igualdad de condiciones, capaces de exigirlas y ser respetadas, de solicitar mejoras y aumentos… dejando de considerar nuestro salario como complementario al de nuestra pareja, porque la consecuencia de no considerarnos responsables de nuestra economía nos conduce a naturalizar inconscientemente que seamos las mujeres quienes renunciemos a nuestro empleo o solicitemos una reducción de jornada en caso de considerarse necesario para el “cuidado” de la familia, del hogar o que soportemos resignadas despidos improcedentes por el mero hecho de querer ser madres.

Clara Coria, psicóloga e investigadora de las problemáticas del dinero, el poder, el éxito, la negociación y el amor, desde la perspectiva de género, distingue entre los términos independencia y autonomía. El término “independencia económica” estaría relacionado con la disponibilidad de recursos propios, mientras que la “autonomía” haría referencia a la posibilidad de utilizar esos recursos con criterio propio.

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“La independencia económica es una condición necesaria para la autonomía, pero no suficiente”

Clara Coria

A pesar de que las mujeres en algunos lugares del mundo estamos accediendo al dinero de un modo independiente, e incluso a determinadas posiciones de poder, aún arrastramos creencias limitantes respecto a nuestra autonomía para su empleo. Creencias que comportan que aunque ostentemos poder, en la mayoría de los casos, no lo empleemos para desafiar y cambiar el modelo patriarcal dominante.

Mujeres y hombres llevamos la impronta de ese modelo patriarcal, repetimos sus dictados y nos enfrentamos tantas veces por su culpa sin darnos cuenta de que ambos somos títeres, víctimas… nos convierten en las mujeres y los hombres que necesitan para mantener un sistema impuesto y dependiente para las mujeres en relación a los hombres. Pareciera no interesar que las mujeres sostengan sus propias vidas con sus propios recursos.

No se trata de negociar ni de hacernos sentir a las mujeres que mendigamos derechos y/o privilegios, se trata de tomar conciencia de que no deberían existir, de que los derechos son universales y no propiedad de un género, una raza, un estatus social, una edad…

Hemos de desterrar la culpa que puede suscitarnos el ser partícipes de la perpetuación de esa ideología, y comenzar a identificar sus huellas dentro y fuera de nosotras para poder borrarlas y perfilar unas nuevas.

El Tiempo y el Espacio en las Mujeres

El tiempo del que disponemos es finito, el tiempo de cada persona es único e inestimable, nuestro tiempo es nuestra vida. No podemos delegarlo, desatenderlo, aplazarlo… el tiempo se agota y no se recupera.

Si queremos construir una sociedad igualitaria para todas las personas, realmente democrática, es necesario analizar cómo están repartidos los tiempos y los espacios, los derechos y las responsabilidades.

Las mujeres hemos dedicado y sacrificado gran parte de nuestro tiempo, hemos limitado y confinado nuestro espacio, al ámbito doméstico y a los cuidados, que aun siendo ambos depreciados resultan básicos para la sostenibilidad de las familias y la sociedad.

El trabajo doméstico ha permanecido desvalorizado e invisibilizado, muchas personas ni siquiera lo consideran trabajo, ya sea porque no es retribuido o porque simplemente se atribuye como inherente a las mujeres.

Nuestra incorporación al ámbito público, al trabajo remunerado no ha supuesto una redistribución de los tiempos, los espacios y las responsabilidades. En su lugar, esta incorporación ha devenido en dobles y triples jornadas, que generan en muchas mujeres depresión, ansiedad, estrés, impotencia y frustración. Muchas mujeres nos perdemos intentando cumplir expectativas ajenas tornadas en propias, muchas mujeres cedemos, regalamos nuestros tiempos y nuestros espacios sin querer hacerlo, nos desconectamos de nosotras mismas, de nuestros deseos, ambiciones, incluso de nuestras mentes y cuerpos…y recuperarnos, reconstruirnos, amarnos a nosotras mismas es un proceso que nos urge, es prioritario, laborioso, complejo, pero esencial, puesto que desemboca en una trasformación personal y colectiva, de empoderamiento, de autonomía, de vida consciente que sin duda alguna genera un bien común para mujeres y hombres.

Hacia el Empoderamiento Económico

Que las mujeres nos empoderemos económicamente supone un paso trascendental hacia la igualdad de género. A pesar de nuestra sustancial contribución al sistema económico en todos sus niveles, continuamos en una situación de desventaja, con mayores índices de pobreza, discriminación y explotación, por lo tanto, debemos despojarnos de convicciones engañosas, de culpas y miedos impuestos y autoimpuestos, e integrar y fijar en nosotras, en nuestra experiencia, que el dinero es necesario para nuestra independencia y autonomía tal y como expone Clara Coria, y que aunque circunstancialmente no podamos sostener esta máxima porque no depende únicamente de nosotras, sino de un yo y mis circunstancias, hemos de emprender un proceso de empoderamiento y de lucha constructiva hacia:

  • La gestión libre de nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestro espacio.
  • La remuneración equitativa en nuestros trabajos productivos.
  • El reconocimiento económico de nuestra dedicación a las tareas de cuidado y domésticas.
  • La redistribución de los trabajos, responsabilidades y tiempos.
  • Poner precio a nuestro tiempo de trabajo.
  • Valorar nuestro tiempo.

Y no olvidar jamás que desgraciadamente hay sueños que para llevarlos adelante hemos de tener dinero para materializarlos y no menos importante, sentirnos libres de usar nuestro dinero en nuestro propio beneficio.

Referencias:

  • Naciones Unidas Mujeres, Cifras y hechos
  • El sexo oculto del dinero. Formas de la dependencia femenina. Clara Coria. Red Ediciones – Pensódromo 21. Colección: ANDROGINIAS 21. Barcelona, 2014
  • El dinero en la pareja. Algunas desnudeces sobre el poder. Clara Coria, 1989. Red ediciones S.L., 2015
  • Las negociaciones nuestras de cada día. Clara Coria. Red Ediciones – Pensódromo 21. Colección: ANDROGINIAS 21. Barcelona, 2016
  • “El tiempo donado en el ámbito doméstico. Reflexiones para el análisis del trabajo doméstico y los cuidados”. Matxalen Legarreta Iza. Investigadora del Departamento de Sociología Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea

Encuentro con Clara Coria en Barcelona para conversar en torno el tema de su trilogía sobre la “sexuación del dinero”. Organizado por Pensódromo 21 con la colaboración de La Casa de la Paraula. 26/05/2016

Leer la segunda parte: 

¿Es mío mi dinero?

En esta ocasión queremos ahondar más en lo relativo a nuestra vivencia en la relación dinero y pareja, que como ya expusimos es un reflejo más de la ideología patriarcal que históricamente asignó el ámbito público y la responsabilidad del trabajo productivo (remunerado) a los hombres, y a las mujeres el ámbito privado/doméstico y de reproducción. Aunque es cierto que ha habido cambios y que las mujeres, en muchos lugares, contamos cada vez con más presencia en el ámbito público y, aunque minoritariamente, en puestos de poder, aún no nos sentimos del todo con derecho, con poder, con la suficiente autonomía para decidir en base a nuestros intereses propios y para modificar el sistema impuesto.

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