Autoestima como vitamina para la vida

11 May, 2017 | Artículos, Buen Amor, Educación Emocional, Empoderamiento

Muchas personas pasamos de puntillas por la vida. Quedamos atrapadas en el no-me-siento-mal en esta ciudad, en este trabajo, en esta relación… Pero eso no es sentirse bien, es una especie de resignación, es obviar todo el potencial que tenemos, nuestros recursos para una vida más plena, más feliz, más consciente y agradecida con el regalo de poder vivir la Vida. Un paso que todas las personas tenemos que dar es conocernos y estar en equilibrio con nosotras mismas, es sentirnos bien con nosotras mismas.

No existe una vida sin obstáculos, sin circunstancias que nos bloquean y nos hacen pensar que no podremos con ellas, que no hay salida y que siempre será igual. No es cierto, no compres esa idea derrotista que no te llevara al lugar donde quieres ir. Todo lo que acontece en la vida es aprendizaje, los momentos malos, de tristeza, de ruptura, de perdida, de miedos, cada una de las vivencias contienen enseñanzas de las cuales podemos salir Resilientes.

¿Te preguntas el cómo? Espero que sí, porque hacerte esa pregunta significa que ya estás en la acción de decidir cambiar y hacerlo posible. Es importante saber cómo llevarlo adelante para que no se quede en una ilusión de cambio.

Ponte manos a la obra cultivando la autoestima,  la motivación, aceptando los cambios, integrando con firmeza que somos capaces, que nos  merecemos lo mejor, que valemos, que hemos venido a vivir y a ser felices viviendo.

Causas de una baja autoestima

Existen muchas causas que pueden llevarnos a una baja autoestima con independencia de nuestro momento vital. Enrique Rojas, Catedrático de Psiquiatría y Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid, enumera las siguientes:

  • Ambiente familiar tóxico durante la infancia, tiene como consecuencia negativa que dudemos de nuestras propias posibilidades.
  • Mal ambiente escolar. Las burlas, las humillaciones, los insultos pueden desembocar en que nos convirtamos en personas con complejos e inseguridades.
  • Exceso de autocrítica y perfeccionismo. La perfección no existe, buscarla nos condena al fracaso, nunca cumpliremos esas expectativas, nunca seremos un yo ideal.
  • Duda patológica. Genera falta de confianza. Hay personas con enorme talento que nunca llegan a desarrollarlo por miedo a fracasar.
  • Miedo a ser criticado/a. Actuar para contentar a las demás personas o para no ser criticadas/os, merma nuestra autoestima y nos vuelve dependientes.
  • Exceso de susceptibilidad. Lo primero es gustarnos a nosotras/os mismas/os, antes que al resto, porque si solo pensamos en agradar cualquier comentario ajeno nos hará daño.

“Tus ojos son la mirada desde la que sentir el mundo.

No intentes acoplarte a la mirada externa porque no podrán sentir por ti”.

4 elementos básicos para una autoestima sana

Las causas nombradas, así como las presiones e influencias externas convertidas en un momento dado en exigencia interna, en auto-sabotaje, nos encaminan a la ausencia de autoestima, a no querernos e incluso a hacernos daño.

Urge que modifiquemos nuestro foco, destaquemos nuestras virtudes y no nuestras carencias, restemos importancia a lo que pensarán de nosotras/os si hacemos, si decimos, si callamos. Aprendamos a ser personas asertivas, digamos no cuando es lo que nos nace.

También es importante perseverar en alcanzar nuestras metas, deseos, aquello que queremos, no rendirnos al primer tropiezo. Ante los tropiezos mantengamos el optimismo y desechemos la culpa, siendo realistas y justas/os con las situaciones.

Walter Riso, psicólogo especialista en Terapia Cognitiva, nombra cuatro conceptos que constituyen la base la autoestima. Bien  estructurados, serán los cuatro soportes de un “yo sólido” y saludable; si fallamos en alguno de ellos, nuestra autoestima se desnivelará y será inestable.

 

Autoconcepto: qué piensas de ti misma/o

Las personas que no se quieren a sí mismas han aprendido  a culparse por casi todo lo que hacen mal y a dudar del propio esfuerzo cuando hacen las cosas bien. Si fracasan se lo atribuyen a sí mismas y si tienen éxito a la buena suerte o algún otro factor externo. Tendemos a responsabilizarnos más de lo malo que de lo bueno.

El concepto que tenemos de nosotras/os mismas/os se refleja en la manera en que nos tratamos: qué nos decimos, qué nos exigimos, cómo lo hacemos. Nos hacemos mucho daño por no amarnos y cuidarnos, por infravalorarnos. Si seguimos el camino de no querernos, de la autocrítica destructiva, destruiremos nuestro autoconcepto, instaurando en nosotras/os inseguridad e insatisfacción personal.

Si nos definimos negativamente confundimos las partes con el todo. Por ejemplo, decir: “Soy torpe” en lugar de “Me comporté torpemente”.

 

Autoimagen: cuánto te agradas

Existen uno patrones y parámetros de belleza definidos, y no cumplirlos suele constituir una gran carga que deriva en la falta de amor propio y a posibles trastornos  psicológicos: depresión, estrés, ansiedad, inseguridad, dificultad en las relaciones, trastornos alimenticios, etcétera.

No hay un criterio universal de la belleza, la belleza es algo relativo a la época y al lugar, cada sociedad, cultura erige un modelo, le asigna un valor desproporcionado y fomenta la comparación con las otras personas, compararse obsesivamente deteriora la autoimagen.

Se atribuye más valor a una idea estética, a una forma, que a la esencia de las personas, lo que conduce a que en muchos casos nos cueste aceptarnos  simplemente por considerar que no cumplimos ese ideal estético impuesto.

Parece que nunca estamos satisfechas/os con nuestros cuerpos, siempre nos encontramos defectos: el color del pelo, el tamaño de nuestras manos, la dentadura, el grosor de nuestros muslos, los lunares, la altura, cualquier cosa.

Desterremos esas ideas de belleza, esos condicionantes, no son verdad. No hemos de parecernos a nadie, esa belleza es irreal, y aceptarla puede llevarnos a despreciar nuestro cuerpo, nuestra persona. Lo importante, lo primero es apreciarnos, amarnos, definiendo un criterio propio, rechazando la creencia de la perfección física y los criterios estrictos, conociéndonos y comprendiendo que nuestra actitud determina en gran medida lo que transmitimos a las demás personas: si te sientes una persona poco interesante y atractiva, darás esa imagen  y te tratarán acorde a ella, lo cual confirmará tu creencia.

El aspecto físico es sólo uno de los componentes de tu autoimagen, las personas también podemos ser cálidas, amables, inteligentes, interesantes, educadas, alegres, afectuosas, graciosas,… Aspectos que también conforman quienes somos y nuestra imagen, somos mucho más que un cuerpo.

Una autoimagen negativa, el rechazarnos, nos impide relacionarnos sanamente porque las personas que no están a gusto con su cuerpo anticipan el rechazo y evitan a las demás personas.

 

Autorrefuerzo: cuánto te premias y te das gusto

Muchas personas se relegan, especialmente las mujeres, a quienes nos han educado para atender primero al resto. Nos ponemos en último lugar a la hora de atender a nuestras necesidades, deseos, gustos.

La creencia de que recompensarnos es un capricho, de que somos egoístas por reservarnos un tiempo y un espacio, es irracional y restrictiva.

La vida no es sufrimiento, existe el dolor y la alegría, la vida es un instante, por lo que no debemos postergar siempre lo que nos hace disfrutar, vibrar. “Si no es dañino ni para ti ni para otras personas, puedes hacer lo que quieras”.

Dentro del autorrefuerzo está atrevernos a salir de nuestra zona de confort, no anestesiarnos y vivir dentro de unos límites. Exploremos, descubramos, conozcamos y vivamos con mayor consciencia y presencia.

La anestesia vital que nos incapacita tantas veces para sentir, las creencias repetidas en nuestros pensamientos que generan sentimientos negativos… son amenazas que están, que hemos de combatir con ilusión, con la expresión de lo que nace en nuestro interior, ya sea reír, llorar, perder la compostura de vez en cuando.

Expresemos nuestros sentimientos sin vergüenzas, disfrutemos con nuestras aficiones, sintamos, vivamos.

Aprender a autoelogiarse es básico, tomar conciencia del modo en que nos tratamos y hablarnos de forma positiva, felicitarnos por aquello que hemos hecho bien o porque estamos contentas/os por cualquier motivo.

 

Autoeficacia: cuánta confianza tienes en ti misma/o

Este concepto hace referencia a la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados. Nuestra autoeficacia es baja cuando pensamos que no somos capaces, cuando no creemos en nosotras/os mismos para alcanzar metas u objetivos. Una baja autoeficacia te llevará a pensar que no eres capaz y una alta autoeficacia hará que te sientas con seguridad de alcanzar tus objetivos o, por lo menos, de luchar por ellos.

Una alta autoeficacia nos permite afrontar los problemas de una manera adecuada, establecer objetivos reales y sólidos, y nos lleva a perseguir aquello que queremos, en lo que creemos, con confianza y persistencia.

Algunos consejos para construir una buena autoeficacia:

  • Eliminar el “no soy capaz”, porque cada vez que lo repetimos reforzamos nuestra inseguridad y tenderemos a no actuar.
  • No ser pesimista. Las profecías negativas suelen convertirse en realidad, porque nuestros pensamientos y conductas actuarán en base a esa creencia negativa.
  • No ser fatalista. Construimos nuestro destino y éste no es fijo, podemos ir cambiándolo. Desprenderse del pasado es fundamental muchas veces, porque arrastrarlo nos incapacita.
  • Trata de ser realista. Los éxitos y los fracasos han de valorarse del modo más objetivo posible, y tomar responsabilidad únicamente de nuestra parte.
  • No recordar sólo lo malo. Si nuestra autoeficacia es baja, recordaremos más los fracasos que los éxitos. Repasemos nuestros éxitos y coloquémoslos encima de lo negativo.
  • Revisar nuestras metas. Una autoeficacia baja nos lleva a subestimarnos y a fijar metas acordes a nuestra supuesta incapacidad. Seamos protagonistas de nuestras vidas, decidiendo nosotras/os sin dejarnos llevar por el miedo y la inseguridad.
  • Ponernos a prueba y arriesgarnos. Desafiemos nuestros temores

 

“De todos los juicios que hacemos a lo largo de la vida, ninguno es tan relevante como el que hacemos sobre nosotras/os mismas/os, porque este juicio es el motor de nuestra existencia.”

Nathaniel Branden, Honrando el yo, 1983

Referencias:

Lectura recomendada:

Autoestima: el reflejo del amor por una misma

Sea cual sea el momento en el que nos encontremos, nuestra edad, nuestras circunstancias, hemos de aprender que lo pasado fue y lo futuro es incierto, cada instante, cada segundo es una oportunidad para empezar, para crear, para construir. Las ideas y percepciones que tenemos de nosotras/os mismas/os, quererse, no es algo fijo que no podamos cambiar y desarrollar, afortunadamente el amor hacia una/o misma está en constante proceso de crecimiento si así lo decidimos.

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4 Creencias represivas que impiden nuestro autorrefuerzo

Autorreforzarse implica recompensarse, premiarse, satisfacerse… algo que puede parecer sencillo, pero que en general nos cuesta bastante por falta de hábito, ya que tendemos a fijarnos más en lo negativo, en lo malo que hacemos, es como si nos resultara más sencillo castigarnos que reforzarnos y premiar nuestro buen hacer o nuestras virtudes, destrezas, habilidades únicas e irrepetibles.

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