Así es el lenguaje sexista, una forma de violencia machista

13 Mar, 2019 | Artículos

El lenguaje como todo lo que caracteriza a las sociedades, también es una construcción humana. Y aunque es ineludible que el machismo existe también en la lengua, lo cierto es que es algo maleable, flexible y en constante transformación.

Sin embargo, hay quienes opinan que el lenguaje es algo inmutable, y que las modificaciones que sufre una lengua, ponen en peligro la identidad social. Estas posturas son defendidas ni más ni menos, por quienes han legitimado ese mismo lenguaje, es decir, el heteropatriarcado.

Quien denomina, domina” versa una frase usada en el área de la comunicación, y en este sentido, la historia es el claro ejemplo de cómo los hombres han creído tener el poder de la palabra para contar la historia e instalar su versión como única y verdadera.

Pero aunque la lengua se haya estructurado desde el patriarcado, para crear dicotomías que enfrentan a mujeres y hombres, es imprescindible impulsar e implementar cambios feministas también en el modo de contar la realidad. Parafraseando a Audre Lorde, está claro que con las herramientas del amo -es decir utilizando el lenguaje machista- las feministas no derribaremos la casa del amo.

Porque el lenguaje no es una mera herramienta mediante la cual expresamos y comunicamos nuestros pensamientos, sino que el lenguaje nos construye como personas.

Partimos de la idea de que lo que no se nombra, no existe. Y las mujeres, sí, esa mitad de la humanidad que somos, hemos permanecido invisibilizadas de la historia, precisamente por que lo hemos estado también del lenguaje. Por lo tanto, consideramos absurdo que se ridiculice la búsqueda y el uso de un lenguaje que nos incluya a las mujeres como personas.

Quiénes legitiman el lenguaje que empleamos

A mediados de 2018, podíamos leer por internet el siguiente titular: «Una empresa no paga a sus trabajadoras porque el convenio dice ‘trabajadores’». Según la empresa involucrada en el agravio, ‘Aceites y Energía Santa María’, sus tres trabajadoras no han cobrado por el género especificado en el convenio colectivo. Si bien a los sindicatos indignó el absurdo argumento de la empresa para no pagar, la posición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), encendió las redes sociales cuando la citada institución justificó que “la insistencia en que el masculino genérico invisibiliza a la mujer, finalmente trae consigo lamentables confusiones”.

El debate del lenguaje inclusivo también se ha hecho presente en el ámbito político español donde algunas dobleces gramaticales, empleadas por mujeres políticas como el clásico “miembros y miembras” o el “portavozas”, al igual que “jóvenas”, todas estas menciones con intención paritaria, han levantando ampollas más allá de la política, incluyendo la propia RAE.

 
 
 
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Aquí escribimos algunas más que no hemos podido subir: . ‘Planchar’: dicho de un hombre: tener relación sexual con una mujer. . ‘Hombre de gobierno’ NO está en el diccionario. . ‘Hombre de partido’ NO está en el diccionario. . ‘Hombre fatal’ NO está en el diccionario. . ‘Hombre de la calle’: persona normal y corriente. (Comparad con la de mujer de la calle) . ‘Hombre público’: hombre que tiene presencia e influjo en la vida social. (Comparad con la de mujer pública) . ‘Cocinillas’: Hombre que se entromete en las tareas domésticas, especialmente en las de cocina. (Cómo si las tareas de la casa fueran cosa nuestra, de las mujeres) . #niunamenos #RAEmachista #EstasDefinicionesNoNosDefinen #feminism #grlpwr #noesno #feminismo #micuerpomisreglas #feminist

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Aún así, desde la misma RAE se ha reconocido, en un artículo titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, que en nuestra lengua podemos encontrarnos usos verbales sexistas, que deberían eliminarse para conseguir una sociedad más equitativa.

En todo el mundo, las mujeres estamos haciendo oír nuestra voz. El feminismo es un movimiento vivo que tiene distintas alas, aunque cada vez surgen más las preguntas incómodas y necesarias, que cuestionan el propio orden social desde nuestro movimiento. Esa es la principal razón por la que los integrantes de la RAE defienden lo indefendible como espadas.

Basta con mencionar la relación actual de personas académicas que componen la RAE, con 146 hombres y solo 49 mujeres. No ha habido nunca académicas honorarias mujeres, ni directoras en dicha institución, la guardiana acérrima, aunque no invencible, de una lengua española que es sexista con su beneplácito.

Aunque suene raro o exagerado expresarnos con palabras que no están oficialmente reconocidas por una institución formada mayoritariamente por hombres, es importante que las mujeres hagamos un esfuerzo por desdoblar el lenguaje, para romper los esquemas patriarcales de la lengua.

Una lucha reciente pero con mucho impulso

En la otra cara, también hay anécdotas que contar. Por ejemplo, el uso de un lenguaje inclusivo jugó a favor de las mujeres en el camino por conseguir su derecho al voto. Se sabe que el primer ejercicio efectivo del voto de las mujeres se remonta a 1776, en Nueva Jersey, EEUU, donde en la ley se autorizó el voto de las mujeres al poner la palabra «personas» en vez de «hombres». Aunque la iniciativa no duró mucho, resulta significativo percibir cómo el lenguaje nos empodera.

lenguaje inclusivo uso del español

Sin embargo, el persistente sexismo del lenguaje comenzó a combatirse a nivel internacional a partir de la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en México en 1975. El sexismo no es exclusivo de las lenguas latinas, pues hay parámetros sexistas y androcéntricos universales, pero en cada lengua se manifiestan de distinta manera.

Por ejemplo, el idioma inglés, que se asume por algunas personas como lengua libre de carga sexista, ha recibido la presión de movimientos sociales de mujeres en los años setenta y ochenta para eliminar ciertos prejuicios, como el caso de la palabra fireman (bombero), gestada a partir de la palabra man (hombre), que debió ser reemplazada con el término firefighter.

Cómo detectar el lenguaje sexista

Para entender hasta qué punto la lengua española puede llegar a ser discriminatoria hacia las mujeres, abordaremos los ejemplos en cinco grupos: el uso del masculino como genérico (profesores, ciudadanos, alumnos); mujeres como apéndices de los hombres (los presidentes y sus esposas); tratamientos (señorita, pero no señorito); profesiones y cargos (abogado, juez, médico); y uso de profesiones en forma despectiva (pilotos y azafatas).

Aunque la utilización del lenguaje inclusivo va en aumento, la RAE siempre ha defendido firmemente la utilización de un masculino genérico en detrimento de estos desdoblamientos artificiosos, a los que la institución considera innecesarios desde el punto de vista lingüístico.

En defensa del masculino genérico, el director de la RAE ha hecho declaraciones, también machistas, como que “el lenguaje es un ecosistema y si lo alteramos repercute en todo el equilibrio general. Si se llama ‘miembro’ a los hombres y ‘miembras’ a las mujeres, habrá que empezar a llamar ‘miembros’ a los brazos y ‘miembras’ a las piernas”.

No obstante, insistimos, el lenguaje nos iguala. Cuando coincidimos con alguien que comparte las mismas ideas, podemos empatizar, dialogar, construir y reforzar esas ideas, porque nos sentimos entre iguales. El lenguaje también está en constante cambio y en cada interacción, nos apropiamos de nuevas formas de lenguaje, que refuerzan nuestros discursos o los refuta. Insistimos en ello, porque al normalizar el uso de las formas comunicativas del lenguaje, es más difícil detenernos a reflexionar en los conceptos que utilizamos, su origen y trascendencia, especialmente como agentes de los cambios sociales.

Las mujeres feministas hemos puesto sobre la mesa la necesidad de utilizar un lenguaje inclusivo y no sexista, una demanda que va en aumento con la creación de guías para un discurso igualitario impulsadas sobre todo por las universidades y recogidas por los Institutos de la Mujer.

Algunas sugerencias para evitar hacer un uso sexista del lenguaje son: emplear sustantivos colectivos como profesorado en lugar de profesores; recurrir a cargos y profesiones femeninas, cuando la situación así lo requiera; eliminar las referencias al estado civil de las mujeres; y evitar las innecesarias coletillas de “mujer de” o “esposa de”.  

Si observas que en los libros de texto, circulares o formularios del centro educativo de tus peques se hace un uso sexista del lenguaje, te animamos a comunicarlo para que se pueda corregir.

La lucha por el lenguaje inclusivo es la lucha por usar un lenguaje más justo, menos violento, esto es, un lenguaje que no sea utilizado contra NADIE como arma de exclusión y opresión en la sociedad. Intentar ser sensibles al usar un lenguaje menos machista y masculinista es un gesto democrático y civilizado, fundamental, como dejar de usar expresiones que podrían herir a grupos que tradicionalmente han sido maltratados, por ejemplo, gente con una sexualidad o con rasgos físicos distintos a los del grupo que se piensa dominante.

El usar un lenguaje inclusivo visibiliza la Realidad y eso siempre es un gran paso para avanzar.

“Lo que no se nombre no existirá porque permanecerá en segundo plano y condenado al olvido”.

 

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“Todo lo que tiene nombre existe – Izena duen guztia omen da”

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