¿En qué medida influyen la textura de los alimentos en la forma en que las personas seleccionan sus alimentos y cuánto comen? ¿Hay alguna manera para comer de tal manera que los alimentos nos satisfagan más y nos eviten sobrealimentarnos? En este artículo de Alimentación Consciente os explicamos varias investigaciones que muestran varias recomendaciones de cómo comer para llenarnos más con menos alimentos innecesarios.

Similar a los sabores y los colores de los alimentos, la textura de los alimentos proporciona información importante sobre la calidad de los mismos, incluyendo su frescura y salubridad. Por ejemplo, la gente prefiere el pan recién horneado con una textura relativamente blanda, y tiende a rechazar el pan más viejo con una textura más dura, aunque la composición del alimento no haya cambiado significativamente en el transcurso de un par de días. 

La textura de los líquidos puede provocar aumento de peso

Cada vez hay más pruebas de que la textura también puede afectar la saciedad. Esta es una de las razones por las que las bebidas azucaradas están tan estrechamente relacionadas con el aumento de peso. Los líquidos tienen muy poca textura o textura simple, no requieren masticar y pasan rápidamente por la boca. Una manera de evitar esto es con una alimentación consciente donde nos detengamos a saborear y también sería evitar bebidas azucaradas. En el artículo ¿Cuánta agua hay que beber? ya hablamos de los beneficios de sustituir bebidas azucaradas por agua en nuestra dieta sana y consciente.

Cuantas más texturas tenga nuestra comida mejor, en el caso de los líquidos podemos añadirle siempre otros alimentos. En un puré podemos añadir semillas, picatostes… en una bebida podemos añadirle lima o limón u otro tipo de fruta.

A mayor textura, menor ingesta de alimentos y más saciedad

Un nuevo estudio en la revista internacional Appetite, investigó si la complejidad de la textura afecta a la saciedad sin importar cuánto tiempo permanezca el alimento en la boca. Para comprobarlo, las investigaciones, dirigidas por Danae Larsen, utilizaron alimentos especialmente diseñados con baja o alta complejidad de textura. Estos alimentos de prueba eran idénticos en densidad nutricional y sabor, y como las muestras eran muy pequeñas, el tiempo que permanecían en la boca era similar.

Los resultados dejaron claro lo siguiente: La complejidad de la textura es probablemente tan beneficiosa para el control del apetito como lo es el sabor. Es decir, el hecho de que la textura sea más llamativa para nuestro paladar (crujiente, con formas…) hace que encontremos más saciedad en la comida y llenemos nuestro apetito.

Se podría pensar que este resultado es debido a que a mayor complejidad de la textura, el alimento pasa más tiempo en la boca y eso hace que la señal de saciedad llegue al cerebro y no tengamos que comer más. Pero no es así, independientemente del tiempo de procesamiento oral o del tiempo de saborear el alimento, el aumento de la complejidad de la textura de un alimento redujo significativamente la ingesta de alimentos. Los alimentos con texturas complejas estimulan muchas percepciones sensoriales durante el procesamiento oral, con una sucesión de texturas percibidas entre la primera mordida y la deglución. Es decir, que el alimento sigue provocandonos sensaciones para nuestra saciedad una vez ya lo hemos tragado.

La textura lo cambia todo

Dentro de los alimentos sólidos la complejidad de la textura varía mucho. Muchas personas comen bolsas de patatas fritas no solo por el sabor sino por el hecho de que tienen una textura muy crujiente que proporciona mucha satisfacción. Otra manera de conseguir  alimentos crujientes no procesados es por ejemplo, comer una ensalada de espinacas que contenga algunas beneficiosas nueces, manzana picada, queso de cabra cremoso y cebolla finamente picada. 

Muchas personas que se dedican a la cocina usan estos conocimientos a su favor para innovar en la comida. La textura añade otra dimensión a la experiencia alimenticia y hace que la comida sea más interesante y agradable. Esto es clave para personas que por razones de salud tienen que seguir una estricta dieta alimenticia. El hecho de añadir nuevas texturas puede hacer que el mismo alimento les sea más agradable.

También puede ayudar a quitar ascos o aversiones a diferentes alimentos clave para nuestra alimentación. Si a alguien no le gusta alguna fruta por su textura siempre puede cambiarla haciendo un zumo, un batido o un helado con ella. 

Las mejores texturas de los alimentos y sus beneficios

Según el libro de Malcolm Bourne de la Universidad de Cornell, Textura y viscosidad de los alimentos, concepto y medición, las texturas más sabrosas son las crujientes, cremosas y masticables. Y los alimentos con más masticables se han vuelto más populares en las últimas décadas porque las mejoras en la salud dental han significado que muchas personas mantengan sus propios dientes durante la mayor parte de sus vidas.

Una textura compleja ayuda a masticar más. Esto tiene múltiples beneficios: entre ellos, digerimos mejor los alimentos que se mezclan más con la saliva, aumenta el flujo sanguíneo al cerebro, lo que ayuda a prevenir la demencia. Este último beneficio viene de los resultados de un estudio sueco del año pasado que descubrió que las personas mayores que podían masticar alimentos duros, como las manzanas, tenían un riesgo considerablemente menor de tener facultades mentales deficientes.

Como siempre, recordamos que un cambio de la textura de los alimentos que comemos no lo es todo para disfrutar de lo beneficios de la reducción de la ingesta de alimentos y una mayor saciedad. Una dieta sana, deporte y una Alimentación Consciente deben acompañar a estos cambios.

Te invitamos a seguir aprendiendo sobre la fascinante relación con la comida consultando los diversos artículos sobre alimentación consciente contenidos en nuestra web Miriam Herbón.

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