4 Creencias represivas que impiden nuestro autorrefuerzo

3 Abr, 2017 | Artículos, Coaching, Educación Emocional, Salud

Autorreforzarse implica recompensarse, premiarse, satisfacerse… algo que puede parecer sencillo, pero que en general nos cuesta bastante por falta de hábito, ya que tendemos a fijarnos más en lo negativo, en lo malo que hacemos, es como si nos resultara más sencillo castigarnos que reforzarnos y premiar nuestro buen hacer o nuestras virtudes, destrezas, habilidades únicas e irrepetibles.

Minimizamos lo bueno que hacemos y agrandamos, incluso exageramos, lo que consideramos que hemos hecho mal. Y es que a menudo es confundido el autorrefuerzo con la vanidad y nada tiene que ver una palabra con la otra.

 

¿Qué implica autorreforzarse?

Mediante el autorrefuerzo nutrimos nuestra autoestima, lo que por otro lado es una responsabilidad de autocuidado propia. Del mismo modo que elogiamos o hacemos regalos a otras personas porque les apreciamos, queremos y sabemos que les va a alegrar y hacer sentir bien, es importante que nuestro diálogo interno sea positivo y constructivo, un dialogo con nuestra parte critica que contribuya a nuestra mejora y a potenciar la mejor versión de nosotras mismas. Es por ello que es importante que de forma cotidiana, y no puntual o excepcional, nos hagamos regalos emocionales y/o simbólicos que atiendan a nuestros deseos, sueños, necesidades, satisfacciones: libros, música, una escapada, un tiempo para meditar, un tiempo de no hacer nada, espacio para la risa, para acompañarse a una misma sin ningún propósito…

Cuando queremos a alguien, queremos lo mejor para esa persona, le dedicamos tiempo de calidad, le mostramos y demostramos interés, aprecio, cariño, respeto, reconocimiento… Querernos a nosotras/os mismas/os no difiere de esa manera de expresar el amor, de hecho, es la base para querer sanamente a las demás personas.

El no querernos conlleva la aparición de trastornos psicológicos como depresión, estrés, ansiedad, inseguridad, dificultad en las relaciones, alteraciones psicosomáticas, empobrecimiento del rendimiento, entre otros.

Hemos aprendido a sentir culpa, vergüenza por alabarnos o concedernos momentos. Por ejemplo, es posible que consideremos que malgastamos el tiempo si pasamos un rato simplemente relajadas/os, sin hacer nada más que estar, ser, sentir… “las obligaciones y los deberes” se alzan sobre el ocio, el disfrute, como si tuviésemos que estar todo el día ocupadas/os, en un estado productivo, como si eso fuese lo importante y exitoso.

¿Quién decide qué da sentido a nuestras vidas? ¿Somos felices corriendo de un lado para otro, ocupando de tareas nuestro tiempo? ¿Realmente somos seres perezosos y egoístas por detenernos y soñar, fantasear, recompensarnos? ¿Merece la pena retrasar nuestros deseos, sueños, ambiciones, proyectos personales? Rotundamente nunca hay mejor lugar para ser feliz que ahora mismo.

Creencias represivas que nos limitan

Walter Riso, Doctor en psicología y especialista en Terapia Cognitiva, en su “Guía práctica para mejorar la autoestima“, destaca cuatro creencias represivas que nos impiden autorreforzarnos. Creencias que nos convierten en las personas que desde nuestra infancia, nuestro contexto, nos dicen que debemos ser, y que nos conducen a infravalorarnos y subestimarnos, y nos alejan de una vida plena y feliz. Muchas veces nos convertimos en aquello que se espera que seamos, no en lo que queremos ser.

Todos éstos son aspectos que llevados al extremo se transforman en creencias represivas.

Habituación

La habituación hace referencia al proceso por el que ante un estímulo repetido la respuesta es cada vez menos intensa.

Habituarse es acostumbrarse, insensibilizarse, endurecerse. Habituarse impide innovar y descubrir otros mundos, entorpece y frena los cambios. Nos convierte y convierte nuestro mundo en previsibles.

La habituación es un aprendizaje que se torna perjudicial en el momento en que nos limita y dirige nuestros pasos, cuando nos distancia de lo nuevo y de nuestra capacidad de sorprendernos.

“¿Cómo podemos recompensarnos, si hemos perdido el don de la sensibilidad y del asombro?”

 

Racionalización

Racionalizar en exceso, destruye la espontaneidad y el impulso, hace que analicemos y evaluemos cada sentimiento para saber si es conveniente, adecuado o justificado. Puede ser útil para eludir las malas emociones, pero si se exagera, si se pretende mediante la razón entender todo, corremos el riesgo de distorsionar las emociones placenteras.

No es necesario saber el porqué de todo. Hay cosas y experiencias que son para disfrutar, gozar, rendirnos a las sensaciones… ¿Por qué nos gusta un tipo de música y no otro? ¿Por qué nos gusta más un sabor que otro?, etc. Ahondar en el origen de ciertas predilecciones puede transformar algo agradable en un enigma, cohibiendo su disfrute.

“¿Cómo recompensarnos, si todo debe pasar por la duda metódica y la falta de espontaneidad?”

 

Autocontrol

El autocontrol nos permite dominar nuestras emociones, pensamientos, conductas, etc., ayudándonos a hacer frente de forma positiva y saludable para nosotras/os a las diversas situaciones y circunstancias que nos encontraremos durante nuestra vida.

Sin embargo, el autocontrol extremado reprime nuestras emociones y sentimientos. Podemos llegar a dejar de sentir y de divertirnos por temor a extralimitarnos.  

“¿Nunca lloras? Entonces necesitas ayuda. ¿Cómo sabe tú pareja que la amas? ¿Lo infiere o se lo demuestras? La vida es una tensión interior entre los “quiero” y los “debo” y “no debo”, y la sabiduría está en mantener el equilibrio necesario para discernir cuándo aflojar el freno de emergencia y cuándo no, cuándo ceder y cuándo mantenerse firme ante los principios.”

 

Modestia

La modestia en las personas es positiva cuando valoramos de modo equilibrado nuestras capacidades, logros, características, etc. Nos aleja del protagonismo desmedido e implica el reconocimiento del valor de las demás personas.

Como en el resto de creencias llevadas al extremo, la modestia puede suponer un problema cuando nos hace desconfiar de nosotras/os mismas/os y nos imposibilita apreciar nuestros éxitos y esfuerzos. No es una cuestión de vanagloriarse o jactarse, sino de reconocer el potencial propio en su justa medida.

La modestia extrema obstaculiza el desarrollo de nuestras capacidades de forma positiva, generando incluso sentimientos de culpabilidad o incomodidad en algunas personas que destacan en determinadas actividades (la “falsa modestia” supone mentir sobre una/o misma/o).

“¿Cómo recompensarte si ocultas tus valores?”

Ganamos autoestima mediante el autorrefuerzo

Sería necesario saber hasta qué punto tenemos estás creencias arraigadas en nuestro interior, el modo en que nos condicionan, y aprender a autorreforzarnos mediante una comunicación positiva con nosotras/os mismas/os.

El autorrefuerzo contribuye a una autoestima positiva y a que nuestra vida sea gestionada desde nuestro poder interno.

Es por ello que invitamos a todas las personas a que trabajen de forma vital y urgente en descubrir: ¿quién es?, ¿qué quiere?, ¿a dónde se dirige su vida? y ¿con quién quiere caminar desde el presente hacia el futuro?

Lo que no podemos dejar de mencionar, porque  aporta un valor y un marco de realidad desde el que podemos trabajarnos más productivamente, es en el análisis de cómo estos condicionantes se manifiestan con mayor densidad en las mujeres ya que la autoestima en las mujeres, aún a pesar de venirse trabajando desde hace tiempo, se muestra en la actualidad como una experiencia débil donde la palabra autoreconocimiento es una conquista no ganada.

Saber qué pensamos de nosotras mismas, qué nos agrada, cuánta confianza nos tenemos, es determinante para poder dar paso a nuestro autorrefuerzo y recompensarnos por los esfuerzos y los logros.

Sin miedo a confundir la autoestima con el egocentrismo, es hora de darnos valor y ponernos en valor, ya que la adquisición de nuestro poder, no sobre nadie sino sobre nosotras mismas, es una tarea que pasa ineludiblemente por nosotras, aunque existan muchas resistencias externas a que nos demos un buen trato y una relación respetuosa a nosotras mismas.

 

Referencias:

  • Riso, Walter. Guía práctica para mejorar la autoestima. Editorial Phronesis, 2013.

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