El 30 de marzo se conmemora el día internacional de la Trabajadora del Hogar, fecha en la que se intenta visibilizar el trabajo de millones de mujeres y niñas, pero sobre todo, se busca concientizar al mundo sobre las vulneraciones de derechos humanos e injusticias por las que atravesamos las empleadas domésticas. Las empleadas del hogar estamos expuestas a muchas desigualdades, a discriminaciones por nuestro  origen, y lo más lamentable es que no gozamos de los recursos básicos como el resto de trabajos.

Feminización de la pobreza y la precariedad del empleo doméstico

Cada día somos más las mujeres que nos incorporamos afortunadamente al sistema laboral en búsqueda de desarrollo personal, profesional, en búsqueda de  una autonomía económica que puede revertir en nuestras autonomía e independencia emocional y aunque no en todos los casos convivan la realización y la autonomía económica preferimos poder tener derecho al trabajo remunerado que seguir trabajando en la invisibilidad y en la absoluta gratuidad.

Hoy día seguimos accediendo al mercado de trabajo en significativas peores condiciones que los hombres. Nos encontramos más afectadas porque sufrimos la desigualdad y la subordinación de lleno, y no nos referimos sólo al salario, sino también al esfuerzo que genera nuestro trabajo día a día y que no es reconocido en tantas actividades que están devaluadas solo porque mayoritariamente las desarrollamos mujeres.

En muchos lugares del mundo las mujeres no tenemos acceso a la educación básica, por lo tanto nuestras funciones están delegadas al cuidado de la familia,lo cual es un trabajo tan digno como ser presidenta de un estado, pero aun a pesar de la absoluta importancia que tienen los cuidados de personas, si algún día ingresamos al mundo laboral, nuestros salarios por supuesto serán precarios por la falta de oportunidades no solo por no tener estudios cualificados sino por ser mujeres.

En 1988, se llevó a cabo el 1er Congreso Latinoamericano de Trabajadoras del Hogar, celebrado en Bogotá (Colombia). Una de las principales reivindicaciones era hacer visible a las personas que trabajan en este ámbito, millones de personas, en su mayoría mujeres pero también niños y niñas, quienes incluso en muchos países trabajan sin ninguna protección social y en condiciones de semi o total  esclavitud.

La OIT (Organización Internacional del Trabajo) publicó un estudio denominado “Protección social del trabajo doméstico Tendencia y estadísticas”, el cual permite tener un panorama más amplio sobre la realidad de las empleadas del hogar. Las cifras son realmente impresionantes, ya que existen alrededor de 67 millones de personas dedicadas al oficio doméstico, 80% de estas son mujeres (55 millones en el mundo) y el porcentaje de estas que cuentan con seguro social es mínimo.

El Convenio 189 de la OIT trata de proteger los derechos básicos de las trabajadoras domésticas para que estas disfruten de condiciones dignas de trabajo, salarios justos, horas adecuadas, seguridad social, protección a la maternidad, entre otras.

Dentro del preámbulo del convenio 189 se consideran que: “el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible y lo realizan principalmente las mujeres y las niñas, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, y son particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, así como a otros abusos de los derechos humanos”. Por esto es vital que los Estados ratifiquen este convenio, para garantizar un trabajo en condiciones dignas.

Según un estudio de Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) sobre trabajo doméstico y de cuidado de personas, generalmente las mujeres migradas son quienes al final sufren más las consecuencias de la precariedad en este ámbito laboral.

Se acumulan las tareas y se acumulan las vulneración de derechos

Los abusos hacia las empleadas de hogar son cometidos en situaciones de extrema indefensión, llegamos a sufrir abusos de todo tipo, por ejemplo: acoso sexual por los hombres mayores a los que cuidamos o por los familiares de los mismos. Quienes trabajamos como internas solo contabilizamos ocho horas laborales, cuando sabemos que somos las primeras en levantarse y las últimas en irnos a la cama, e incluso si existen personas mayores a nuestro cargo, implica levantarnos para acompañarlos al servicio las veces que necesiten, también muchas empleadas internas tenemos pocas horas libres a la semana, e incluso hay quienes trabajan de lunes a lunes.

¡Soy la columna vertebral de mi familia, pero mi columna ya no aguanta!

Sin duda alguna, las largas jornadas de trabajo continuo, el estar de pie la mayor parte del tiempo, el agacharse continuamente para distintas tareas hace que  un sin fin de mujeres sufran las consecuencias en su espalda. La mayoría de mujeres que ejercen este empleo en España son mujeres migradas quienes llegan con una mochila llena de problemas, obligaciones y en algunos casos deudas que se echan a la espalda y a las que recargamos con  más y más peso del que un ser humano pueda soportar.

Aunque es un trabajo precarizado, queremos reivindicar que no todas las mujeres en este sector sufrimos las mismas vulneraciones de derechos, tampoco buscamos generalizar, pero es cierto que nuestras condiciones son distintas y muchas veces estas realidades no se tienen en cuenta. Por ejemplo, no es lo mismo ser mujer autóctona empleada del hogar, ser mujer migrada empleada del hogar pero con contrato y prestaciones laborales en situación regular, a ser mujer migrada empleada del hogar interna, sin documentación en regla y expuesta a la máxima vulnerabilidad de todos sus derechos laborales y emocionales.Hacemos la distinción para entender los distintos grados de opresión de los que somos objetos las mujeres empleadas del hogar.

Las mujeres migradas somos víctimas de discriminaciones constantes, porque los salarios suelen ser muy bajos, de hecho de los más bajos del mercado laboral, los horarios son largos e impredecibles, los que perjudican nuestra salud física y emocional, al igual que las trabajadoras que limpian los hoteles.

El trabajo de hogar resulta necesario para el funcionamiento de algunos hogares, indispensable para el cuidado de personas mayores, de niñas y niños, de personas solas o enfermas. El problema es que este trabajo se encuentra poco valorado, y por lo tanto las personas empleadas en su mayoría mujeres, sufren un sin fin de vulneraciones de derechos como: no firmar un contrato en condiciones dignas y por lo tanto no cotizar en la seguridad social, no reconocimiento de las pagas y horas extras, no perciben vacaciones correspondientes según la ley, tampoco cobertura por baja de enfermedad, incumplimiento de las horas establecidas en el contrato, entre otras. Por eso, todos los años en conmemoración de este día, se sigue reivindicando el reconocimiento de este trabajo como cualquier otro, con salarios adecuados y sin tolerar condiciones abusivas.

Las mujeres tenemos la responsabilidad y el derecho a ganarnos el pan en condiciones humanas y dignas” Somos cuerpos capaces de trabajar y mentes capaces de pensar , por tanto ¿por qué hemos de ganar menos dinero ante un misma tarea? ¿Por qué se nos tiene que maltratar en el desempeño de ese trabajo? No busques explicación lógica, solo lo explica el machismo como siempre, todo lo que no es justo para nosotras las mujeres tiene una explicación inhumana desde el machismo.

Nota: Si eres empleada del hogar,  necesitas información sobre tus derechos, o quieres denunciar algún tipo de abuso, explotación, precariedad o discriminación, puedes comunicarte con nosotras:

Asociación Mujeres con Voz asociacionmujeresconvoz@gmail.com Teléfono: 655 60 38 09

Recursos:

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